Uruguay, Paraguay y Panamá, además de Suiza, fueron algunos de los destinos del dinero pagado por las constructoras

El PP admite su incapacidad para hacer una explosión controlada de la ‘bomba Bárcenas’, mientras crece el cerco judicial

No hay en Génova 13 artificieros capaces de guiar una explosión controlada de la bomba que Luis Bárcenas, el extesorero del partido que trabajó para ocho ejecutivas, dejó como herencia a la actual dirección. El cerco judicial sobre él se estrecha y muchos en el PP se duelen a estas alturas de no haber desactivado a tiempo, cuando todavía se podía en la etapa de oposición, un artefacto que puede terminar estallando en la mesa del Consejo de Ministros, precisamente cuando en la antesala del verano se atisban los primeros síntomas de recuperación económica.

“La foto es muy preocupante”, se admite en la ejecutiva del PP, porque  cuatro años después de iniciada la instrucción judicial del ‘caso Gürtel’ se ha comprobado que su densidad es una broma comparada con la que encierra la pieza separada sobre Luis Bárcenas que Pablo Ruz, un juez que en la localidad madrileña de Villalba atendía hasta hace pocos años delitos comunes, se esfuerza en destripar con esmero. Para hacerse una idea de la dimensión del escándalo que puede terminar cuestionando la financiación legal del PP, conviene dirigir la mirada a la Audiencia Nacional, donde solo se ha descifrado una pequeña parte de las 33 comisiones rogatorias enviadas a Suiza, además de las remitidas a otros 17 países donde se sospecha fueron recalando los fondos que manejó el extesorero, la mayoría de ellos procedentes de las supuestas comisiones que le pagaron constructoras, presuntamente a cambio de la concesión de obra pública. Uruguay, Paraguay y Panamá son los destinos que se están investigando con atención preferente, junto al país helvético, donde ya se ha detectado el rastro dejado por 47 millones de euros.

El medio centenar de comisiones rogatorias enviadas a Suiza y a otros países pueden dejar todavía pequeños los 47 millones encontrados hasta ahora en las cuentas del extesorero

Este es un dinero que Bárcenas hizo bailar por un amplio abanico de cuentas y de países durante el mandato de ocho ejecutivas del PP, las mismas a las que sirvió como tesorero y en las que se repiten en diferentes cargos de responsabilidad dirigentes de primera fila como el ex presidente José María Aznar, el ex ministro Javier Arenas o la actual titular de Sanidad, Ana Mato, junto a miembros incombustibles del ‘aparato’ como Juan Carlos Vera, José Matarí o Bermúdez de Castro, pasando por quien fue el ‘general secretario’ de Génova, Francisco Álvarez Cascos, ahora exiliado en Foro Asturias. El foco judicial ilumina los años comprendidos entre 1990 y 2004, todos los que abarcan el mando en plaza de Aznar, durante los que Bárcenas, según quienes le conocieron de cerca, hacía y deshacía a su antojo en la tesorería del partido, repartiendo sobresueldos, despachando con las grandes y medianas constructoras y utilizando para estos menesteres como chico de los recados, para recoger las migajas, aFrancisco Correa y su alegre pandilla.

Pocos se explican en el PP cómo conociendo las minas que iba dejando bajo los cimientos del partido la instrucción del ‘caso Gürtel’, iniciada por el exjuez Baltasar Garzón en 2009, Mariano Rajoy no tuvo reflejos para intentar desactivarlas cuando todavía estaba en la oposición, ni tampoco cómo muchos de sus asesores de entonces no le previnieron de lo que podría venírsele encima cuando llegara a La Moncloa. “Mariano siempre ha sido muy inocente para estas cosas y su cabeza estaba en otros asuntos, en cómo llegar al Gobierno con un programa sólido que sacara al país del desastre”, le justifica uno de sus amigos. El propio presidente, en su anterior etapa como titular de Administraciones Públicas, rompió con alguna amistad personal, precisamente porque sospechaba que andaba involucrada en operaciones dudosas. El caso es que nadie en el PP le previno cuando podía hacerlo de que la trama de Correa terminaría  reventando muchas costuras internas del partido, hasta poner en serios apuros al propio Gobierno, a pesar de la deficiente instrucción inicial que hizo Garzón del caso y de la posible nulidad de gran parte de las actuaciones.

Dentro del PP, pocos comprenden cómo no se intentaron desactivar el 'caso Gürtel' y el 'caso Bárcenas' antes de la llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa

Después de los fallidos intentos para domar a Bárcenas realizados por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, por Javier Arenas y, probablemente, por otros antiguos dirigentes de Génova, en estos momentos se reconoce que el extesorero sigue estando más fuera de control que nunca. “A un tigre, o se le mata o se le mima, pero nunca se le deja malherido porque te devora”, comenta un veterano ex dirigente del PP, incapaz de comprender la forma en que desde la dirección de Génova se está conduciendo esta crisis. Y lo peor de todo es que nadie sabe dar con la persona que puede convencer al extesorero de que, a estas alturas, ni el Gobierno ni el partido, pueden controlar la agenda judicial para limitar los daños. “Tenemos que reconocer que nos hemos quedado sin artificieros capaces de dirigir una explosión controlada de la bomba, justo cuando el cerco judicial contra Bárcenas se estrecha y puede pasar de todo, incluso que el Gobierno salte por los aires, precisamente cuando empezamos a ver la luz al final del túnel en la crisis económica”, advierte uno de los pesos pesados de Génova.

En el PP hay quien sospecha que uno de los principales mandos a distancia del extesorero está en Asturias. “Paco Cascos fue el auténtico jefe de Bárcenas y casi todo el mundo que les frecuentó en aquella época conoce muchas comidas entre ambos con importantes constructores y lo que en ellas se trataba”, asegura una fuente fiable.  Resultaría toda una paradoja que quien ayudó en Perbes, verano de 1989, a alfombrar el camino de Aznar a la dirección del partido, ahora estuviera contribuyendo, veinticuatro años después, a dinamitarlo a distancia. De aquel sanedrín que peregrinó a visitar a Manuel FragaRodrigo Rato, Juan José Lucas, el propio Cascos y Federico Trillo–, solo perdura en el perímetro de influencia del PP este último desde su cómodo sillón de la embajada en Londres, después de haber prestado una asesoría jurídica eficaz al ex presidente valenciano Francisco Camps en el ‘caso de los trajes’.

Hay quien sospecha en el PP que uno de los principales mandos a distancia del extesoro está en Asturias, en el despacho de Álvarez Cascos

Aznar, que adelantó en la última curva a Isabel Tocino gracias al consejo de sabios de Perbes, se siente ahora dolido porque piensa que está sufriendo un juicio popular a su mandato sin que su partido le defienda como se merece. Al ex presidente le quedan cada vez menos discípulos, porque tanto en el Gobierno como en el actual staff de Génova, se opina que muchas de las cosas que acontecieron en la época que él mismo enterró en El Escorial, con Correa sentado al lado de Berlusconi en la capilla donde se ofició la famosa boda, son “indefendibles”.

Lo que está por ver, se concluye en el partido, es quienes sobreviven a la explosión de la bomba cuando esta se produzca y si los que lo consiguen quedan en condiciones de pilotar un relevo generacional sensato en medio de un rosario electoral- europeas en 2014, autonómicas, locales y legislativas, en 2015- que todas las encuestas anticipan como muy embarazoso para el PP, con el juicio del ‘caso Gürtel’ y el ‘caso Bárcenas’ abierto en canal.


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