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Aguirre pierde uno de sus grandes apoyos por culpa de un debilitado Arturo Fernández

Aunque el empresario no se plantea dimitir de sus cargos en CEIM, Cámara de comercio de Madrid y CEOE, su posición interna se debilita. Por su parte, la expresidenta de la Comunidad de Madrid intenta bajar el tono de la crítica a su partido. Génova cree que su "cruzada" por la regeneración queda en cuestión por la situación de su íntimo amigo.

Arturo Fernández se aferra a sus muchos cargos en órganos empresariales. Ni dimitirá ni convocará elecciones en los dos que preside, CEIM y la Cámara de Comercio de Madrid, y seguirá de vicepresidente en la CEOE. Esa es, al menos, su pretensión después de que estallara el caso de los supuestos pagos en B a trabajadores de su empresa de restauración, Grupo Arturo. Pero pocos dudan de que ha salido de ésta "tocado", "debilitado" por las sombras de sospecha y, con él, también la todavía presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. El empresario ha sido uno de los principales puntales, su voz y sus ojos en los órganos antes citados, el hombre que, en un momento dado, tiró abajo un acuerdo de la CEOE con el gobierno de Rodríguez Zapatero sobre la reforma laboral que a su amiga no le gustaba.

A todo ello se unen las dificultades empresariales del que ha sido omnipresente en el sector de la restaruración con su Grupo Cantoblanco, que emplea a más de 2.000 personas. No son, sin duda, buenos tiempos para Fernández, que lleva más de un año intentando vender este negocio a "un grupo muy importante" de origen francés.

En Génova ven con otros ojos la crisis de Fernández. No es una cuestión tanto económica como política. La larga sombra del poder de Aguirre va perdiendo apoyos. Creen que la situación del empresario no es sostenible a largo plazo. De hecho, la CEIM celebra elecciones a principios del año próximo y Fernández no tiene previsto aspirar a la reelección, eso, si aguanta todavía un año al frente de los empresarios madrileños. Después de lo que interpretan como alejamiento de Ignacio González, temeroso de verse arrastrado por la estrategia de su aún jefa de filas, la segunda deserción puede venir de la mano de Arturo, no tanto porque marque distancias con Aguirre como porque pierda cuotas de poder. Bastante inédito fue lo ocurrido en aquella reunión del comité ejecutivo regional de los populares madrileños en el que González salió en defensa de Mariano Rajoy y de María Dolores de Cospedal por su estrategia en torno a Luis Bárcenas mientras la expresidenta de la Comunidad disparaba a todos y contra todos.

Adalid de la regeneración democrática

Además, no cabe duda de que lo pasado con Fernández es una contrariedad para quien ha pretendido erigirse en adalid de la regeneración democrática y abroncado a su partido. Aguirre pidió "celeridad y rapidez" a su formación "a la hora de exigir responsabilidades", denunció que estamos ante "una crisis institucional gravísima y hay que depurar responsabilidades", animó a su partido a seguir sus pasos cuando hizo dimitir a todos los salpicados por la Gürtel en Madrid so riesgo de quedar "manchado" y concluyó que "no puede ser que la gente crea que nos tapamos unos a otros" para acabar calificando de "sorprendente" que nadie de la dirección del PP conociera la existencia de las cuentas suizas de Bárcenas. Días después vino el convulso comité ejecutivo regional donde terminó de hacer un traje a la planta séptima del partido así como a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella.

El malestar de la planta séptima de Génova llegó a tal nivel que personas de su entorno le rogaron muy gráficamente que "bajara el periscopio", de ahí su silencio de los últimos días que rompió el martes en un desayuno informativo donde la invitada fue, precisamente, Ana Botella. De ella dijo que "ha dado la cara y ha tomado decisiones muy dolorosas para cumplir con su compromiso de llegar hasta el final", en alusión a la tragedia del Madrid Arena en un intento por compensar la falta de apoyo inicial por parte del PP madrileño. Un día antes, el lunes, acudió a otro desayuno, éste de María Dolores de Cospedal, que sirvió para escenificar cierre de filas en torno a la secretaria general del PP.


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