El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tratado de controlar del único debate de estas elecciones con una batería de propuestas a izquierda y derecha. Pero ha fallado a la hora de aclarar sus aliados después del 10-N.

Sánchez se ha negado a recoger el guante del Gobierno de coalición que le ha tendido una y otra vez el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y no ha aclarado si está dispuesto a apoyarse en fuerzas separatistas y nacionalistas para la investidura o, si por el contrario, buscará el acuerdo con PP o Ciudadanos.

El debate a cinco para la repetición electoral ha sido en general menos bronco que los debates a cuatro de abril. Y la presencia del candidato de Vox, Santiago Abascal, no ha alterado demasiado el esquema de los principales aspirantes a la presidencia del Gobierno.

Sánchez ha venido preparado al bloque catalán, el más delicado para sus intereses y el que ha abierto el fuego. El presidente del Gobierno se ha sacado de la manga tres propuestas de las que el PSOE ha abjurado este mismo año.

El candidato socialista ha propuesto volver a tipificar como delito en el Código Penal la convocatoria de referendos ilegales. Se trata de una medida que impulsó el Gobierno de José María Aznar en 2003 y que derogó José Luis Rodríguez Zapatero nada más llegar a La Moncloa.

El PSOE votó en febrero de este año en contra de una proposición de ley del PP que pedía precisamente recuperar este delito. Además, Sánchez ha propuesto modificar la legislación para que el consejo de administración de TV3 y el del resto de cadenas autonómicas tenga que ser elegido por dos tercios del Parlamento y no por mayoría absoluta, como ocurre ahora. Es un intento de arrebatar al independentismo el control de la televisión pública.

Finalmente, se ha comprometido a impulsar una asignatura de valores cívicos y constitucionales en toda España. Una propuesta que hizo Ciudadanos la pasada campaña.

Sánchez ha tratado de contener con estas medidas los embates de PP y Ciudadanos sobre la gestión de la crisis catalana. El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha mostrado un adoquín en un momento del debate para denunciar la violencia que se vive en Cataluña. 

Sin respuestas a Casado

El problema es que Sánchez ha sido incapaz de responder al candidato del PP, Pablo Casado, si intentará pactar su investidura con las fuerzas nacionalistas y separatistas. Casado le ha preguntado varias veces y Sánchez ha sido incapaz de responder. El jefe del Ejecutivo ha culpado a PP y Ciudadanos del bloqueo cada vez que Casado le preguntaba al respecto.

Sánchez también ha ignorado los repetidos llamamientos de Iglesias a un gobierno de coalición. De hecho, ha sido mucho más duro con Iglesias que en la anterior cita electoral. Ha constatado que hay grandes diferencias con Podemos en la cuestión catalana y ha atacado al líder morado por sus críticas recurrentes a Amancio Ortega.

Sánchez, además, ha hecho varias propuestas de Gobierno, cuando ni siquiera sabe si repetirá en La Moncloa después del 10-N. El presidente ha anunciado la creación de un Ministerio de Despoblación y ha revelado que Nadia Calviño pasará a ser vicepresidenta económica.