Ciudadanos

El 'nuevo' Ciudadanos busca desplazar al PSOE del espacio reformista alternativo a PP y Podemos

La eliminación de etiquetas izquierdistas del ideario forma parte de una estrategia para articular un proyecto socioliberal y reformista que ejerza de tercera vía ante el antagonismo Rajoy-Iglesias. El partido naranja da por amortizada a la socialdemocracia en España y en Europa.

Albert Rivera.
Albert Rivera. Ciudadanos

Ciudadanos entra en una nueva fase. Diez años después de su nacimiento y a los tres de iniciar su expansión nacional, el partido de Albert Riverapersigue la meta de consolidarse, de anclar una base electoral lo suficientemente amplia como para garantizarse la supervivencia a largo plazo. El suyo es el proyecto centrista español más exitoso desde la UCD y el gran beneficiado -junto a Podemos- del terremoto vivido en el sistema de partidos en los últimos años. Pasado el efecto novedad y superada la concepción autonómica con que nació, Ciudadanos busca adaptar ideario, estrategia y táctica a la realidad actual. 

De la Asamblea General de febrero saldrán esas líneas con que Rivera quiere fidelizar una bolsa de tres millones de votantes y luchar por seducir nuevos nichos en un ciclo marcado por los desafíos de Estado que enfrenta España, la atomización parlamentaria y la crisis abierta de la socialdemocracia. Este último factor, presente en toda Europa desde hace tiempo, ha pesado en el viraje que emprende la nave naranja. 

Las referencias al “socialismo democrático” y al “centro izquierda no nacionalista” desaparecerán del ideario de Ciudadanos, que en adelante se definirá como un partido “constitucionalista, liberal, demócrata y progresista” acorde a los postulados liberaldemócratas de la corriente europea donde se integra (ALDE) y en cuyos partidos emblema se referencia. Rivera quiere un partido completamente homologable al Venstre danés, al Movimiento Reformador belga o al VVD neerlandés. El mundo ha cambiado mucho desde el nacimiento de C’s (2006) y las demandas sociales no son hoy las de entonces, como tampoco lo es el escenario socioelectoral español ni europeo.

C's cree que España va a un sistema de tres espacios socioelectorales: populismo de izquierdas, conservadurismo y reformismo

“La socialdemocracia está acabada, no tiene proyecto para el siglo XXI”, explican desde la Ejecutiva del partido. La lectura que hace del momento político es que “vamos a un sistema de tres espacios: uno rupturista-populista, representado por Podemos; otro inmovilista-conservador, liderado por el PP; y un tercero reformista, donde Ciudadanos tiene que luchar por la hegemonía”. El partido de Rivera considera que con otro caldo de cultivo el PSOE podría triunfar en ese terreno, pero su proyecto está “agotado” al haberse quedado sin respuesta atractiva y creíble a las demandas contemporáneas.

El horizonte 2020

Puede parecer que el de Ciudadanos es un giro a la derecha, que entierra etiquetas izquierdistas para lanzarse a por el electorado clásico del PP. La realidad es que los movimientos son más de fondo y buscan ofrecer una tercera vía al antagonismo que enfrenta “al populismo de izquierdas” y al “inmovilismo”, en palabras de fuentes de la dirección. El partido está convencido de que en España, como en la mayoría de partidos de Europa, hay hueco suficiente como para lograr que un proyecto socioliberal reformista acabe convirtiéndose en hegemónico. La meta es disputar el poder en 2019-2020, lanzándose por encima del 20% de apoyo electoral en la mayoría de regiones del país y no bajando del 10% en casi ninguna.

¿Realizable? “Ciudadanos es un partido con alma de centro izquierda e intereses de centro derecha”, opina Fran Carrillo, consultor de comunicación y estrategia. “Si bien en Cataluña nació y creció con base electoral de izquierda o centro izquierda no nacionalista, en el resto de España su núcleo duro de votantes proviene de un centro derecha liberal y urbanita” y por eso cree que el futuro naranja pasa por “el mantenimiento de un centro que pueda seducir, por un lado, a ese votante del PP que nunca votaría al PSOE pero sí a Ciudadanos, aunque sea socialdemócrata en muchos aspectos, y por otro a ese votante del PSOE que nunca votaría PP pero sí a Ciudadanos, aunque sea liberal en lo económico”.

Rivera quiere un partido homologable al Venstre danés, al Movimiento Reformador belga o al VVD neerlandés.

El dibujo de Carrillo presenta importantes coincidencias con la radiografía del partido de Rivera, pero advierte de que “el centro no existe si no se define primero y se explica después, no puede haber discurso de centro sin relato de centro”. Además, no comparte “el fondo del análisis de los tres espacios, aunque superficialmente sea correcto”, porque considera que son solo dos “los ejes en que ahora se mueve la política, en Europa y en todo Occidente: extremismo (populismo) frente a moderación”.

En este sentido, “los partidos centristas de corte socioliberal tienen la oportunidad de reivindicar un espacio nuevo en el que confluyan diversas sensibilidades y almas de votantes, conjugando las libertades con los derechos, las necesidades con las oportunidades; esa síntesis entre liberalismo y socialdemocracia, bien explicada, aleja el peligro de que las etiquetas acaben por hacer insignificante el proyecto”.

Contexto imprevisible

Pablo Vázquez Sande, consultor y profesor de comunicación política, juzga “más táctico que estratégico” el análisis de Ciudadanos: “Lo veo más encaminado a justificar a corto plazo las decisiones que ha adoptado el partido que a garantizar su supervivencia; entraña el riesgo de la imprevisibilidad de la evolución del contexto político español”. “Toda extrapolación es siempre osada y en este caso creo que todavía más”.

Además, Vázquez Sande ve problemática la “pretendida indefinición ideológica” de Ciudadanos, algo que también percibe en Podemos. “Una de las máximas del posicionamiento es el peligro que implica un posicionamiento indiferenciado o que los ciudadanos no perciban netamente”, explica, circunstancia que “lleva a que sean otros actores de la competencia los que construyan ese posicionamiento y, de este modo, debiliten el relato de este partido que presumía no ser ni de izquierdas ni de derechas”.

Viendo la lealtad de los votantes del PP y la situación interna de PSOE y Podemos, “quizá lo más inteligente parezca buscar un espacio hacia la izquierda, pero el problema es que progresivamente se les ha ido construyendo una imagen de derechas que no coincide con su pretendida identidad: esa colisión de identidad (atributos que la organización proyecta a la sociedad) e imagen (construcción mental que hacen los públicos sobre la entidad) es un conflicto que les resta credibilidad y cuanto más tarden en pulirla más difícil les resultará trabajar el reposicionamiento”.

Ciudadanos emprende esa transformación interna al tiempo que lucha por buscar su espacio en el Parlamento y en el día a día de la política española. Su pacto con Rajoy ha ofrecido los primeros frutos -aumento del permiso de paternidad, embrión del complemento salarial, inicio de la reforma del régimen de autónomos-, pero también algunos sinsabores -verse relegado en la negociación del techo de gasto y los objetivos de déficit, subida de impuestos especiales-. Estos últimos derivan, más que del incumplimiento del PP, de la cruda realidad: Rivera no es decisivo por sí solo en las Cortes. Circunstancia que puede truncar parte de los objetivos marcados por el partido para esta nueva era y que son cruciales para desarrollar con éxito la hoja de ruta hacia la consolidación del proyecto centrista.

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