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Miquel Giménez

Opinión

Traicionar no es dialogar

El mantra con el que los hipócritas redentoristas de la progresía nos machacan a diario a propósito de Cataluña es el diálogo. No se puede ser más embustero.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. EFE

Según la RAE, se denomina diálogo a la plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos; incluso precisa que puede ser una discusión o trato en busca de avenencia. Pues si eso es cierto, y lo es, a fe de Dios, lo que proponen Sánchez y sus socios con Torra no es ni puede ser diálogo alguno, porque ahí no se producirá alternancia de ideas ni se busca avenencia alguna. Lo que los paniaguados rojos pálidos buscan es hacerse perdonar, entregar el estado con armas y bagajes, ceder en todo lo que les exijan los separatistas y dorar la píldora ante la opinión pública, tan embrutecida como estulta, para que tamaña bajada de pantalones pase por una gesta de corte similar a la de Guzmán el Bueno, arrojando su puñal al moro levantisco para que asesinara a su primogénito al no querer rendir la plaza en la que gobernaba el noble castellano.

Ni Sánchez ni Iceta tienen la altura moral de Don Alfonso Pérez de Guzmán, por cierto, fundador de la nobilísima casa de Medina Sidonia. De esta gente solo puede esperarse la felonía de quien no tiene el menor escrúpulo en entregar lo que las urnas les han encargado custodiar. Y ese bien preciado que está siendo objeto de cambalache de ropavejero se llama España. No lo digo con la vacua grandilocuencia del patriotero inflamado, que no siento el menor afecto por ellos, ni desde la nostalgia por tiempos pasados imposibles de conjugar como pretéritos perfectos.

Lo digo a fuer de persona que cree en la libertad y, por tanto, en la igualdad, puesto que no hay una sin la otra. Sánchez está regalando a nacionalistas vascos y catalanes todo lo regalable, fracturando de manera gravísima la imprescindible situación de iguales entre todas las personas que vivimos en este país. Sánchez crea varios escalones insalvables, consagrando ciudadanos de primera, de segunda y aun de tercera o cuarta. Sánchez está condenando a los que no compartimos esas religiones fascistas y temibles que reclaman el derecho de ser mejor por haber nacido aquí o allá y a tener por eso privilegios únicos a vivir encadenados, menospreciados, insultados y amenazados por los sátrapas que lo sustentan en su silla inestable de líder de la nada.

Cosas frágiles

Sánchez se permite jugar con cosas frágiles por lo que de costosas son y por lo que costó conseguirlas, y hace malabares con ellas sin preocuparle un ardite que puedan hacerse pedazos al estrellarse contra la realidad de una época en la cual el divide y vencerás es la mejor arma de la que disponen los enemigos de la democracia, el pensamiento libre y el humanismo más noble y digno. Sánchez insiste en que eso es el diálogo y que no hay otro camino para no decir que lo que está perpetrando es una traición de lesa patria de primerísimo orden. No, presidente, dialogar no es traicionar, de la misma forma que negociar no es presentarse con los brazos en alto rindiéndote antes de luchar a cambio de permitir que haga lo que se le antoje al contrario con tu familia y hacienda. Usted ni sabe dialogar ni puede hacerlo, prisionero como es de los lazos del separatismo. Usted hablará con Torra o con quien sea, pero jamás podrá dialogar porque, sencillamente, esta gente no tiene el menor interés en otra cosa que no sea que les den la razón y poder seguir haciendo lo mismo que hizo Pujol durante cuatro décadas, pero ahora con una mejor y renovada patente de corso.

Usted cederá, entregará, traicionará, pero no diga que dialoga porque es la mentira más enorme y vil de todas las que usted suelta a diario, que no son pocas. Y repito lo de traición a fuer de doble. Por un lado, la que perpetra contra su patria porque, mal que le pese, usted nació, vive y morirá español. La segunda es la traición hacia sus votantes, que le apoyaron pensando que cumpliría sus promesas de no pactar con separatistas, de aplicar el 155 si era preciso y de mantener firmeza democrática contra los golpistas estelados sin saber ellos, cándidos de toda candidez, que sus promesas no tienen más valor que un euro de corcho.

Se lo repito, traicionar no es dialogar. Acuérdese cuando la historia le pase factura a usted, al socialismo y a todos nosotros. Los unos por acción, los otros por omisión y los más, por desesperanza.

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