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Gabriel Sanz

Opinión

La tormenta perfecta

Arranca 2021 con la sensación de que 2020 fue solo el aperitivo de lo que está por venir, de que la borrasca Filomena este primer fin de semana no ha hecho sino agrandar nuestro fatalismo

Autobús de Madrid atascado durante la nevada ‘Filomena’
Autobús de Madrid atascado durante la nevada ‘Filomena’ EFE

No sé ustedes, pero empiezo 2021 con la desagradable sensación de que 2020 ha sido solo el aperitivo de lo que está por venir; vamos, que la borrasca Filomena este primer fin de semana no ha hecho sino agrandar ese fatalismo sanitario, económico y social con el que habíamos llegado a la Navidad más extraña y aciaga en décadas, por más que desde todas las instancias oficiales se nos haya intentado inocular cierto optimismo tras la llegada de las primeras vacunas contra la covid-19.

Veinte años atrás George Clooney protagonizó una película, La tormenta perfecta, donde se narra el naufragio, en 1991, de unos pescadores de la Isla de Sable (Canadá) víctimas de la fusión de los restos del huracán Grace y una borrasca tropical, los cuales, en un inesperado giro de los acontecimientos, acabaron convirtiéndose en una ciclogénesis explosiva con olas de veinte metros que se llevaron el barco por delante.

Medio metro de nieve no debería ser ningún giro de los acontecimientos en España; de hecho, en 1961 nuestros abuelos vivieron otra igual pala en mano porque los quitanieves ni estaban ni se les esperaba. Sus organismos curtidos en una posguerra civil de hambre y frío, y en la esperanza de un futuro mejor para ellos y sus hijos, eran la mejor vacuna contra el fatalismo; el suyo era solo una estación de paso al porvenir, nuestro fatalismo lo es rumbo al desencanto.

Somos más ricos y estudiados que nuestros antepasados de hace 60 años, vivimos en mejores pisos, cuando no adosados o chalés, y tenemos más y mejores vehículos... a los que poner cadenas nos cuesta un mundo

Va a hacernos falta algo más que los 72.700 millones del fondo europeo de recuperación. Somos más ricos y estudiados que nuestros abuelos, sí, vivimos en mejores pisos cuando no adosados o chalés, también, y tenemos más y mejores vehículos... pero ponerles cadenas nos cuesta un mundo. Es decir, somos más frágiles en todos los sentidos, empezando por lo físico: cientos, miles de caídas por el hielo amenazan con colapsar las urgencias traumatológicas de unos hospitales cuyas UCI ya andan colapsadas, a su vez, por la tercera ola de la pandemia, y siguiendo por lo mental: creemos que nuestros hijos van a vivir peor que nosotros.

Si a todo eso se añade que millones de españoles perderán la primera semana laboral del año “de la recuperación” porque, como ha dicho el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, va a llevar “varias semanas más” disolver las miles de toneladas de nieve acumuladas en aceras y calzadas, dando así la sensación de prórroga del confinamiento con el que hemos vivido buena parte de 2020, qué quieren que les diga... bien no pinta.

El demoledor informe del exministro Sebastian sobre la pandemia este lunes: “61.422 casos desde el viernes, más del doble que hace una semana, y 401 muertos, el doble. Crecimiento semanal +60%. Brutal”.

Lo explica  muy claro el exministro socialista Miguel Sebastián, nada sospechoso de ser un crítico furibundo contra este Gobierno, cuando apunta en uno de sus últimos comentarios a propósito de la tercera ola de covid-19 lo siguiente: “61.422 casos desde el viernes, más del doble que hace una semana, y 401 muertos, el doble. La IA-14 se dispara a 435,6 (85 puntos más que el viernes, 166,4 más que hace una semana). Crecimiento semanal +60%. Brutal”, decía uno de los políticos más influyentes de la era Zapatero este lunes.

Y añadía sobre la situación en nuestro país: “Jornada de récords negativos. Récord en la incidencia a siete días (245) que supera el máximo de la segunda ola alcanzado el 10N (238). La incidencia acumulada (IA) a 14 días subió al mismo ritmo del viernes (28,4 puntos al día) alcanzando el 436 por 1a vez desde el 19N. Los escenarios apuntan a que se superará el récord de la segunda ola (529) alcanzado el 9 de noviembre, durante el mes de enero. Récord histórico en casos con inicio síntomas en siete días, que se mueve con un adelanto de nueve días sobre la IA-14. Madrid ya no adelanta al resto de España en la incidencia a siete días. Se mueve con algo de retraso. Y, con 352, se queda cerca del pico de la segunda ola (370) alcanzado el 22 de septiembre. España, en estos 11 días de enero, ya no es el mejor país de los cinco grandes europeos. Hemos adelantado a Francia e Italia. Algo que no ocurrió en diciembre”.

Con semejante panorama sanitario, lo único positivo de Filomena es que dentro de dos semanas, cuando se conozca el dato de contagiados este fin de semana, seguro que caerá bastante por el encierro obligado de la nieve. El resto, incluidas las perspectivas económicas, es todo peor que malo: retraso en la vacunación, la Monarquía en cuestión gracias a las andanzas de Juan Carlos Ialerta de Moody’s este lunes contra el riesgo/país que empieza a padecer España, polarización extrema en la política y las redes sociales...

Elecciones en Cataluña

Y me temo que el resultado de las elecciones catalanas del 14 de febrero, si es que finalmente se celebran, no contribuirá en nada a tapar ese agujero negro en que se ha convertido la política en esa comunidad desde hace una década. Pedro Sánchez se la juega poniendo de candidato a Salvador Illa, porque no está nada claro que el panorama resultante vaya a ser esclarecedor aunque las gane el hoy todavía ministro de Sanidad a tiempo parcial.

Es más, si el famoso triple empate que arrojan las últimas encuestas entre PSC, ERC y Junts pel Cat por el famoso efecto Illa se resuelve con una nueva victoria de los de un Carles Puigdemont huido en Bruselas y refugiado ahora al amparo de su acta de eurodiputado, España, no el PSOE ni Sánchez, va a tener un problema crónico prolongado en el tiempo.

Sé que el panorama descrito es susceptible de darse la vuelta, es más, lo deseo fervientemente, y sé que hay que remar para salir de esta situación por momentos agónica para el país, pero, qué quieren que les diga, me estoy abonando a la tesis de que un pesimista es un optimista bien informado... ¡Ah! y Feliz 2021 pese a todo.

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