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Jose Alejandro Vara

Rajoy y el caso Gürtel

La tibieza de Soraya enciende la ira de Cospedal

"Respeta pero no comparte". Génova pasó del inicial mutismo a la beligerante nota. El PP rompió su tradicional asepsia a la hora de encajar los golpes judiciales. Citar a Rajoy ante el tribunal era demasiado. Cospedal dijo basta. 

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, a la salida de la reunión del comité de dirección.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, a la salida de la reunión del comité de dirección. PP

No le agradó a Dolores Cospedal la respuesta de Moncloa a la empitonada judicial contra Rajoy. Un texto aséptico, frío, funcionarial. Casi un formulario. "El gobierno respeta las decisiones judiciales y ofrece toda su colaboración con la Justicia". Lo habitual en estos casos. El Ejecutivo no cuestiona las decisiones de los jueces. Siempre ha sido así, desde que empezó a rodar la gran bola de nieve de la 'Gürtel'.

En Génova enmudecieron. Nadie se esperaba el enorme bandazo de los jueces. Por dos veces se le dio largas a la declaración de Rajoy. El propio juez Ruz, poco amigo de la causa 'popular', rechazó citarle por el caso de Bárcenas. Un testimonio 'irrelevante' para la causa del autor del 'Luis sé fuerte', apuntó en su día el instructor..

La cúpula del PP ni se enteró. Ni la olió. El Comité de Dirección del lunes no trató el asunto. Rajoy sólo tiene ahora ojos para su agenda internacional de las próximas semanas. En su equipo apenas se advirtió de la tormenta. El abogado del PP, un antiguo fiscal de apellido Santos, no veía peligro. Tanto que incluso abandonó confiadamente la sala antes de que el tribunal mostrara el pulgar hacia abajo. 

El bombazo sobrevino sin avisar, sin preparar, sin anestesia. El coordinador general del PP, Fernando Maíllo, tenía este martes la mirada puesta en su tierra, en Zamora, adonde iba a trasladarse para dar las últimas puntadas al congreso provincial. 

Y sucedió el terremoto. Los jueces, dos contra uno, decidieron convertirse en noticia. Nunca un presidente del Gobierno había sido llamado a declarar. Felipe González testificó cuando ya habíasalido del poder. Rajoy sería el primero. La peor noticia imaginable para el líder del PP, que difícilmente logra contener la ira cuando algún periodista le pregunta por la corrupción. 

Todas las miradas se dirigieron, inicialmente, hacia Moncloa. Desde la secretaría de Comunicación se proinó el mencionado mensaje, casi un manual de uso para salir del paso ante preguntas incómodas. "Respeto a las decisiones judiciales" y se acabó. 

La cancerbera de Mariano

Poco le gustó ese tono a Cospedal según comentan ahora en su entorno. La cancerbera fiel de Rajoy en todo el escándalo Bárcenas, la leal protectora de las espaldas del líder, la única que le plantó cara al extesorero, a riesgo de jugarse su futuro político y su presente personal esperaba más metrala.. La secretaria general del PP y ministra de Defensa, consideró tibio el papel emitido desde Moncloa.

El silencio que mantenía hasta entonces, del PP, se tornó en trueno. Con el insustituíble Maíllo presente en Zamora, en el teatro Ramos Carrión donde anunciaba que cedía los trastos del PP provincial, Cospedal recuperó las riendas y ordenó la elaboración de la contundente nota que en la tarde del martes produjo estimulantes efectos en la militancia.

"El PP respeta pero no comparte", para empezar. Cambio radical en la prosa del partido cuando se comentan resoluciones judiciales. En el segundo párrafo, el bofetón a los magistrados: "La decisión adoptada hoy contradice claramente su propia doctrina". Referencias luego a la acusación popular como ejemplo de 'proceso mediático', "abuso de derecho" y vinculaciones de esa asociación llamada Adade, con dirigentes socialistas. Rajoy está muy enfadado. Hasta el unto del cabreo. Enojado con el PSOE, que mueve en la distancia los hilos de Adade.  En el PP no aciertan a comprender cómo, a estas alturas, diez años después, todavía la Gürtel pende sobre la cabeza de su líder.

La nota emitida a media tarde desde Génova era la evidencia de ese arrebato de irritación, casi muestra de impotencia. Un repaso sin sutilezas y ambigüedades. Un papel contundente. Génova le enmendó la plana en este sensible trance  a Moncloa. Soraya y Cospedal, de nuevo, en sintonías muy alejadas.



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