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Miquel Giménez

Opinión

Dos señoras y cuatro discos rallados

Cayetana Álvarez de Toledo
Cayetana Álvarez de Toledo Gtres

Analizamos el primer debate entre candidatos en Cataluña para las generales. Fue un dúo de dos divas acompañadas de un coro griego bastante flojo.

Ahí estaban Cayetana Álvarez de Toledo, Laura Borrás, Gabriel Rufián, Jaume Asens, Meritxell Borrás e Inés Arrimadas. Lo que debería haber sido un intercambio de ideas y propuestas se convirtió en un todos contra Inés y Cayetana, porque, si a ambas les une su defensa del constitucionalismo y el deseo de llegar a un acuerdo de gobierno, los otros comparten una aversión contra España, el rey, la Constitución y todo lo que ha servido para que nuestro país haya gozado de una prosperidad y una paz civil como nunca se había visto a lo largo de la historia.

Mientras Inés se batió el cobre valientemente frente a una Borrás francamente desagradable, a la que la irritabilidad lazi le puede, Cayetana exhibió su versión más mordaz, más elegantemente intelectual, más desacomplejadamente conservadora. Aunque habría que discutir, y mucho, respecto a que es más conservador, si la ortodoxia comunista y el supremacismo nacional-separatista o el liberalismo social, pero bueno.

Hablaron las dos candidatas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, de terminar con la locura del proceso, de acuerdos de gobierno, de medidas, de política, en suma, frente a unos candidatos que solo supieron exhibir la bandera del más rancio e ignaro frente populismo. Batet recitaba sus consignas con el mismo tono que un escolanet misaire, recordándonos en no pocas ocasiones a su poderoso mentor, Narcís Serra; Rufián y Asens se hacía arrumacos, con una dulzura que para sí quisieran los amantes de Teruel; Borrás, en fin, intentó todo lo que es habitual entre su gente, a saber, impedir que hablase Arrimadas, llegándole a decir que no iba a permitirle continuar, exhibir el rosario de supuestos agravios contra Cataluña y esforzándose en demostrar que ella es buena, amable,  comprensiva, generosa. La señora cayó en el más notorio de los ridículos cuando exhibió una decena de libros escritos por ella ¡en castellano! Vean vuesas mercedes cuán grande y munificente es el espíritu del separatismo.

Inés puso ojos como platos y Cayetana no pudo reprimir la frase “Pero, ¿de verdad que has traído estos libros?”. Increíble, sí, pero ese es el nivel de infantilismo al que se ha llegado en la política catalana. Aquí ya se vio, por si alguien no lo sabía, que el debate les iba muy ancho a los socialistas, a los podemitas y ya no digamos a los separatistas. Lo suyo no es la dialéctica, acostumbrados como están a que siempre les den la razón. No es lo mismo sentarse con quien piensa diferente que hacerlo en esa especie de herriko taberna en la que han convertido el Parlament, donde lo que se llevan son los eructos estelados o las ventosidades pijo progres.

Hasta ahí un debate que, no por previsible, era menor interesante. No tanto por lo que dicen los del tópico y las fake news, sino por el morbo de asistir al primer tanteo entre populares y Ciudadanos

Borrás se alzó muy por encima de las expectativas que de ella teníamos cuando, parafraseando a la ministra Calvo, dijo que el artículo que Torra escribió diciendo la animalada de que los españoles tenemos una tara en el ADN no podía ser considerado como obra del President, porque cuando lo hizo aún no lo era. Insistimos, un nivel intelectual que ni en las antiguas ágoras.

Todo ello estaba, teóricamente, moderado por el director de La Vanguardia, que era quien organizaba el asunto. Decimos teóricamente porque, si en lugar del Marius Carol hubieran puesto a un paragüero, la cosa habría discurrido de la misma manera. Cosas del tarannà català, ya saben.

Quedó patente, pues, que allí había dos políticas a las que quisiéramos imaginar en Moncloa, mandando en un gobierno de coalición, y si pudiera ser con Juan Carlos Girauta y Alejandro Fernández de ministros, mejor. El gobierno que pudiese salir de los otros, mejor no imaginarlo, porque si Batet ha de llevar economía, Borrás la cosa autonómica y Rufián la merienda, apaga y vámonos. De Asens poco más que decir, solo apuntar que cuando Dios repartía el don de la oratoria él debía estar en la cola del tartamudeo.

Hasta ahí un debate que, no por previsible, era menor interesante. No tanto por lo que dicen los del tópico y las fake news, sino por el morbo de asistir al primer tanteo entre populares y Ciudadanos. Lo dicho, dos señoras y cuatro discos rallados, pesados, cansinos y perfectamente prescindibles para el mejor y más sano futuro de la nación. Nos esperan tardes de gloria. Saquen las palomitas.

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