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José Alejandro Vara

Opinión

Lo que Sánchez piensa hacer con Iglesias

Sánchez ya tiene a Iglesias donde quería. Acorralado por los jueces y acogotado por los escándalos. El socio 'morado' del Gobierno entra en vías de extinción

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias antes de su reunión.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias antes de su reunión. EFE

Ya lo tiene donde quería. Doblegadoy perseguido por una pesadilla en forma de un mar de togas. Sánchez ha arrojado a Iglesias de su lecho pero aún no de palacio. Podemos ya no le quita el sueño. Más bien, actúa ahora como un somnífero. Es la garantía de que Su Persona continuará plácidamente en La Moncloa hasta que la legislatura expire. 

La escandalera judicial que asfixia a Podemos es música celestial para Sánchez. Acoplado en su tumbona de Lanzarote, ahora ya en Doñana, el presidente se frota las manos ante la tempestad inclemente que zarandea a Iglesias como a un monigote. Demasiados líos en tan corta existencia. Revueltas internas, desastres electorales en País Vasco y Galicia y ahora, el calvario de los tribunales. Varias estaciones componen ese frente. Primero fue Dina 'la veintipocos', luego los pucherazos caciquiles de las primarias, después la denuncia falsa de acoso sexual contra su exabogado Calvente y finalmente, por el momento, la 'caja B' y los sobresueldos. Cuatro pifias, cuatro causas. Y no menores. Un guion propio del CNI si nuestros servicios de inteligencia no fueran un oxímoron y si el propio Iglesias no se sentara en la mesa de los espías...

La sociedad española se muestra comprensiva con los escandaletes de entresábanas pero se incendia cuando se rapiña el dinero ajeno

El miedo cambia de bando y el sietemachos parece ahora aterrado. "Tiene una mirada negra que no me gusta", comenta alguien que ha estado con él. Ha lanzado a sus lugartenientes a recitar esa fatigosa letanía (los jueces son fachas, la cloaca no descansa) sin apenas éxito. Él mismo acaba de agitar de nuevo el insípido espantajo de la conspiración y la república. La sociedad española se muestra comprensiva con los escandaletes de entresábanas pero se incendia con quienes rapiñan los caudales públicos. Rajoy, el político más honrado de cuantos se tiene noticia, fue defenestrado por un asunto de calderilla municipal

Todo el muestrario de irregularidades que derribó al Gobierno del PP acorrala ahora a la formación morada: Caja B, sobresueldos, oscuras reformas en la sede, financiación ilegal.... La coleta bravucona se desvanece como el gato de Cheshire. En unas semanas, de Iglesias sólo quedará su malvada sonrisa. Sánchez, por ahora, no la va a borrar. Los 35 escaños de Podemos, aunque escuetos, garantizan un Gobierno. Y en Moncloa no tienen el cuerpo para urnas. 

Presupuestos y Bruselas

España se enfrenta a las tres crisis más terribles de su democracia: la institucional, la sanitaria y la económica. Para ninguna de ellas Sánchez tiene solución. La primera, más bien la instiga. Las otras dos no parecen asunto que le preocupe. Sigue en su hamaca estival -otro gintónic, Begoña- mientras contempla dichoso el celérico hundimiento de su socio. Frankenstein ha muerto y toca cambiar de pareja para el baile de los Presupuestos.

Ciudadanos y PNV son los candidatos adecuados. A ambas formaciones le encaja echarle una mano al Gobierno en este trance. Arrimadas ni siquiera exigirá la renuncia de Iglesias. Todos saben que Iglesias, acogotado por sus líos, moderará su actitud. Mantendrá su lenguaje forajido para amansar a su parroquia y sólo abrirá la boca para callarse o responder 'sí señor'. Se le ha puesto cara de sumiso mayordomo del napoleoncito de la Moncloa. No puede renunciar porque se iría de cabeza al Averno. Tiene una hipoteca que pagar, tres criaturas que alimentar, una pareja a la que contentar y decenas de amiguetes y monederos a los que colocar. Seguirá ocupando plaza en el Consejo de Ministros -orejas gachas, rabo entre las piernas- mientras al presidente le convenga. 

A Sánchez, pase lo que pase, siempre le va bien. Sacará cómodamente sus presupuestos, recibirá el plácet y los fondos de Bruselas, prescindirá de su coalición con Podemos, ese juguete roto, cuando interese, coronará su legislatura y mantendrá al PP en el rincón de los castigados. Y en tres años volverá a ser candidato. Casado asume que poco tiene de quimérico este escenario. Salvo que antes, y es muy posible, todo salte por los aires. Al cabo, estamos tan sólo a dos pasos de un abismo infernal. 

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