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Juan Laborda

Opinión

La propuesta de Trabajo Garantizado: marco conceptual y objetivos (II)

Vamos a presentar la propuesta de Trabajo Garantizado: cuáles son sus fundamentos; qué objetivos persigue; cuáles son los beneficios esperados; cómo incluirla en una agenda política más amplia; y, finalmente, cómo diseñarla e implementarla

Personas en la cola de la oficina de empleo
Personas en la cola de la oficina de empleo

La economía global, y muy especialmente la nuestra, se encuentra exactamente en una situación parecida a 2007-2008. La radiografía de Occidente muestra un sistema de gobernanza completamente agotado. Sobrevive generando inflaciones de activos, alimentadas por una deuda total que no para de crecer. Pero hay que proponer alternativas. Y ese va a ser nuestro objetivo en los próximos blogs.

Vamos a presentar la propuesta de Trabajo Garantizado: cuáles son sus fundamentos; qué objetivos persigue; cuáles son los beneficios esperados; cómo incluirla en una agenda política más amplia; y, finalmente, cómo diseñarla e implementarla. Me remito al documento de trabajo número 902 del Levy Economics InstituteThe Job Guarantee: Design, Jobs, and Implementation”, publicado en abril de este año, cuya autora es Pavlina Tcherneva, y que nos servirá de guía.

Pavlina Tcherneva define el pleno empleo como una situación en la que cualquier persona en edad de trabajar, y que desea hacerlo, puede obtener un empleo con un salario y condiciones de trabajo dignas. Esto incluye, entre otros, a los nuevos participantes que se incorporan en el mercado laboral; a personas con "desempleo oculto", que normalmente no se cuentan en las estadísticas oficiales; y aquellas que trabajan involuntariamente a tiempo parcial u otras formas de trabajo precario.

Marco conceptual del problema de desempleo

A nivel macroeconómico, el desempleo tiene múltiples aristas. Por un lado, se entiende como un problema monetario, es decir, es una consecuencia de la dinámica de los ciclos económicos y del comportamiento de las empresas que buscan beneficios, así como de la administración inadecuada por parte del gobierno tanto de la moneda como del sistema monetario. En segundo lugar, es una situación que no puede ser remediada por las empresas privadas: el sector privado no puede producir y mantener un pleno empleo permanente en el largo plazo. En tercer lugar, es un problema que se entiende mejor como una epidemia silenciosa: hay un patrón geográfico discernible y un mecanismo de propagación del desempleo que imita el comportamiento de un virus o contagio masivo (véase número 895 del Levy Economics Institute “Unemployment: The Silent Epidemic” también de Pavlina Tcherneva). El desempleo se comporta como una enfermedad y genera grandes costes sociales, de salud y económicos.

El desempleo es una falla moral. Se ha utilizado como el principal baluarte contra la inflación y la inestabilidad económica y se considera un "mal necesario"

Pero el desempleo es mucho más. Refleja un problema de diseño y un fallo del sector público: el desempleo es un problema creado por medidas políticas concretas. Los gobiernos abandonaron el pleno empleo como opción de política económica. Prefirieron establecer objetivos de inflación e inventaron ciertas ficciones como la NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación), todo ello aderezado con políticas de austeridad. Los gobiernos eligieron una política explícita para mantener un porcentaje de la población en desempleo involuntario. Todo obedeció a una evaluación incorrecta por parte de la profesión económica del repunte de la inflación a finales de los 70, cuyas teorías les dijeron que eran las políticas de pleno empleo las que estaban generando la inflación, por lo que alentaron a los encargados de formular políticas a abandonarlas y, en cambio, intentaron controlar la inflación a través del uso de la política monetaria. El problema es que la inflación fue en realidad generada por las crisis petroleras impuestas por el cártel de la OPEP en respuesta a la política exterior de Estados Unidos en el Medio Oriente, combinada con las malas relaciones laborales en los países de habla inglesa que llevaron al conflicto de clases y a huelgas alrededor de quién debería soportar el peso de estos precios más altos del petróleo.

Pero por encima de todo, el desempleo es una falla moral. El desempleo se ha utilizado como el principal baluarte contra la inflación y la inestabilidad económica y se considera un "mal necesario". La idea de que algunas personas necesariamente perderán sus empleos y sus medios de subsistencia en la lucha contra otros males económicos es un profundo fracaso moral de la profesión económica.

Frente a ello, como señala la propia Pavlina “la propuesta de Trabajo Garantizado ofrece una opción de política superior al enfoque actual. Vale la pena emplear a los desempleados, prevenir y reducir los costes desmesurados del desempleo, apoyar la producción de bienes públicos valiosos e invertir y empoderar a las personas, a el planeta y a la comunidad”.

Objetivos del Trabajo Garantizado

El objetivo principal de la política de Trabajo Garantizado es proporcionar empleos decentes con un salario digno a todas las personas en edad laboral legal que quieran trabajar, independientemente de su estatus en el mercado laboral, raza, sexo, color o credo.

Tal como explicita Tcherneva "se trata de poner a las personas y sus necesidades a la vanguardia de las políticas públicas, para empoderarlos y apoyarlos"

La propuesta de Trabajo Garantizado presenta además una serie de objetivos adicionales. Garantizará un derecho humano básico, tal como se describe en la Declaración de las Naciones Unidas de Derechos Humanos y la llamada de Franklin D. Roosevelt para una Declaración de Derechos Económicos. Instituirá una opción pública para el trabajo, es decir, una red de seguridad laboral. Creará oportunidades de trabajo cerca de los desempleados, y adecuadas para personas con diversos niveles de habilidad. Establecerá un salario mínimo efectivo para la economía en general. Operará como un ejército de reserva de empleo para estabilizar el ciclo económico. Mejorará la estabilidad de los precios, utilizando para ello el ejército de reserva de empleo, y el salario mínimo. Servirá como una política preventiva que se inoculará contra el brutal coste económico, social y político asociado al desempleo. Podrá ser utilizado como un vehículo institucional para abordar otras necesidades sociales, tales como problemas medio-ambientales, necesidades del cuidado de las personas, despoblación rural y un largo etcétera. En definitiva, tal como explicita Tcherneva “se trata de poner a las personas y sus necesidades a la vanguardia de las políticas públicas, para empoderarlos y apoyarlos”.

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