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Antonio Sanchidrián

Opinión

El paro asusta y la política se va de vacaciones

Nadia Calviño, junto a Isabel Celaá tras el Consejo de Ministros.
Nadia Calviño, junto a Isabel Celaá tras el Consejo de Ministros. EFE

España es un extraño país, que no tiene Gobierno pero sí dos oposiciones. Que se pasa la vida votando a pesar de que nadie hace caso. Después de semanas sin Gobierno, de estrategias y lucha libre dialéctica, aún parece extraño que este tren siga avanzando sin descarrilar y caer al precipicio. Es verdad que los viajeros no sabemos el destino final, sólo vemos las ruedas girar y viajamos alterados e incómodos. Avanzamos a duras penas, hipnotizados por el espectáculo mediático del llamado bloqueo político en una España en la que los bandos y los desacuerdos nunca fueron más rentables. 

Haciendo un cálculo estimado con los últimos datos del paro, unas 128.000 personas plasmaban su firma en contratos temporales -pan para hoy y mañana quién sabe- al tiempo que se desarrollaba la pasada sesión de investidura: 48 horas de enconada palabrería que desembocaron en un desesperante viaje a ninguna parte. Y en total, casi dos millones de contratos temporales se firmaron el pasado julio.

No es aventurado decir que una buena parte de esos puestos de trabajo se habrán extinguido en el plazo que tienen Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y compañía para ponerse de acuerdo para formar un Gobierno medianamente potable. O, aunque aquí pisemos el terreno de la política ficción, Pablo Casado y Albert Rivera para hacer un gesto vía abstención que posibilite a Sánchez quitarle la coletilla en funciones

Un país no vive bien en funciones, a pesar de lo que que sostengan los nostálgicos de los ritmos rajoynianos de aquella España paralizada durante 315 días

Un país no vive bien en funciones, a pesar de lo que que sostengan los nostálgicos de los ritmos rajoynianos de aquella España paralizada durante 315 días, ni de lo que lean en reportajes que relatan lo bien que les fue sin políticos a los belgas -591 días sin Gobierno- o a los moldavos -528-. Ahí salió para confirmarlo la ministra de economía, Nadia Calviño. "Cada persona en búsqueda activa de empleo, es una preocupación para este Gobierno", empatiza. Todo bonito. Pero sólo falta saber de qué Gobierno se habla en un país sin Gobierno y sin visos de tenerlo. 

Además de presionar a todo diputado viviente, intentó Calviño tras el Consejo de Ministros en funciones dar color al panorama y vender el producto: sí, que las afiliaciones a la seguridad social marchan, que crecemos al doble del ritmo de la zona euro, que la tasa de creación de empleo goza de buena salud, que mejora la confianza en la economía... Pero. 

Pero no es un secreto que los análisis coinciden: vienen nubes y el ciclo económico se está poniendo bastante feo. La perspectiva obliga a centrarse, hablar, negociar y acordar. Y no sólo con los compañeros de bando. Mirar más allá, porque los otros también saben dialogar. Que no es tan difícil. Que es importante. Que el tiempo pasa y las palabras siguen siendo igual de vacías: sobra ajedrez aleatorio y faltan maneras para ganarse la vida. Los políticos no, pero los españoles hacen cada día su trabajo. Aunque sea obligatoriamente temporal.

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