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Juan Laborda

Opinión

La ortodoxia, responsable de la próxima recesión (I)

En España, el equilibrio presupuestario, junto a la combinación de superávit fiscal y déficit por cuenta corriente, nos llevaría a una recesión similar a la de 2008

Bolsa de Madrid
Bolsa de Madrid Europa Press

No aprenden. Se está activando lentamente un proceso de insostenibilidad de la economía española cuyos principales responsables serán, de nuevo, por enésima vez, una ortodoxia económica y académica completamente miope. En un contexto donde el resto del mundo y el volumen del comercio mundial se desaceleran, exigir un ajuste fiscal desde Bruselas podría activar uno de los 7 procesos de insostenibilidad definidos en su momento por Wynne Godley. Si el resto del mundo ahorra, el hecho de forzar a un ajuste presupuestario, pasar de déficits públicos del 2%-3% actual al 0%, es el caldo de cultivo para una nueva recesión de balances privados. Y todo ello en un contexto donde las empresas no financieras no han hecho los deberes, al no aprovechar la devaluación interna, que tanto demandaron, para incrementar la productividad de sus empresas, vía procesos de inversión en capital tangible e intangible -revolución 3.0 y 4.0-.

Para entender cómo se puede estar formando el nuevo proceso de inestabilidad utilizaremos dos instrumentos. En primer lugar, los balances sectoriales de Godley para la economía española. En segundo lugar, el balance agregado de las empresas no financieras, obtenido a partir de las cuentas financieras de la economía española publicado por Banco de España, y recogidos en su capítulo 2. A la hora de entender el relato debemos incorporar además los efectos del proceso de financiarización tras la Gran Recesión.

Una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras

El intenso proceso de financiarización de las dos últimas décadas no es independiente de la política monetaria. La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras. Primero la tecnológica, después la inmobiliaria, y finalmente la corporativa estadounidense. Pero ya sabemos que cualquier intento de fuga hacia delante, vía burbujas, acaba siendo abortado. Es en este contexto donde se produce, tras la Gran Recesión, el proceso de asalto del capital financiero al ecosistema productivo global, incluido el español. A fecha de hoy, salvo algunos activos financieros de mercados emergentes, el resto, ofrecen rentabilidades ex ante negativas. En este contexto se activa la búsqueda de retorno por parte del capital global. En una economía “finanziarizada” existe un elevado riesgo de ser absorbido por una gran compañía, un fondo de inversión, un capital-riesgo. Las elevadas externalidades negativas asociadas a este proceso, debería forzar a implementar medidas de política económica que limitarán los efectos perversos de la financiarización sobre nuestros sistema productivo, y favorecieran a los sectores reales de nuestra economía. Pero no se ha hecho nada.

Los balances sectoriales de Wynne Godley

Un principio fundamental de la contabilidad establece que por cada activo financiero existe un pasivo financiero que lo compensa. Así, por ejemplo, el patrimonio financiero neto de un hogar es igual a la suma de todos sus activos financieros menos la suma de sus pasivos financieros. Si es mayor que cero, tendrá un patrimonio financiero neto positivo. Para que, por ejemplo, el sector privado acumule patrimonio financiero neto, éste tiene que tener forma de derechos financieros sobre otro sector, bien sea el sector público o el sector resto del mundo. Ello aunque suene a algo elemental, parece que no lo ha sido para muchos economistas que aún a fecha de hoy no entienden que el proceso de desapalancamiento del sector privado patrio tras el estallido de la burbuja inmobiliaria requería por definición déficits públicos elevados. Aunque nuestro sector exterior ha tenido y tiene un comportamiento formidable desde 1994 no era suficiente para absorber la reducción de deuda privada.

Vamos a dividir la economía en tres sectores: sector privado nacional, formado por hogares y empresas (financieras y no financieras); sector público nacional que incluye todos los niveles gubernamentales (estado central, comunidades autónomas, ayuntamientos, y seguridad social); y resto del mundo (empresas, hogares y sectores públicos extranjeros). Hay un principio contable que se cumple siempre: si se suman los déficits en los que incurren uno o más sectores el resultado debe de ser igual a los superávits en los que incurren otro sector o sectores. Siguiendo a Wynne Godley obtenemos la siguiente ecuación:

Balance Privado Doméstico + Balance Público Doméstico + Balance Exterior = 0

La contabilidad macro, usando los Balances Sectoriales de Wynne Godley, siempre nos dice la verdad. La deuda de un sector es para otro un activo. Por lo tanto, la deuda del gobierno es el activo del sector privado. Entender cómo un sector se relaciona con otro utilizando un marco de equilibrio sectorial es muy útil, como lo es entender la ecuación de las ganancias de Kalecki, o la forma en que las reservas trabajan en un del sistema financiero. La contabilidad no es glamurosa y las identidades no deben ser tomadas como instrumentos de previsión pero pueden ayudarnos a detectar situaciones insostenibles.

La Gran Recesión pudo acabar en una Depresión si no se llega a relajar la política presupuestaria y no se permite a Mario Draghi usar el balance del Banco Central Europeo

Así por ejemplo, tras la Gran Recesión, el desapalancamiento brutal del sector privado español, como resultado de un rescate de negocios privados quebrados a costa de los contribuyentes, generó una recesión de balances privados, ahorro privado, cuya contrapartida fue un brutal desahorro público y, en menor medida, del sector exterior. La Gran Recesión pudo acabar en una Depresión si no se llega a relajar la política presupuestaria y no se permite a Mario Draghi usar el balance del Banco Central Europeo. Desde finales de 2013, con el consentimiento de Bruselas, la austeridad se relajó. El déficit estructural ha crecido desde entonces. La nueva política monetaria y la expansión fiscal permitieron la recuperación de la economía española que se vio además favorecida por la depreciación del euro y la evolución del precio de las materias primas. Todo ello explica el crecimiento económico con superávit en la balanza por cuenta corriente desde 2014. No hay ningún milagro desde la oferta sino un uso adecuado de los instrumentos de política macroeconómica.

Sin embargo, el compromiso del Ejecutivo de Sánchez de pasar de un déficit presupuestario del 2%-3% al 0% puede activar un proceso de insostenibilidad a la “Wynne Godley”. No parecen entender que el déficit del Estado es necesariamente igual al ahorro del sector no público. Si ignoramos el sector exterior, entonces el desahorro del Estado es idéntico —hasta el céntimo—al ahorro de hogares y empresas. Si añadimos que nuestra balanza comercial empieza a ser deficitaria, y que el resto del mundo puede empezar a ahorrar, entonces el efecto de un equilibrio presupuestario del Gobierno sería endeudar aún más a unos hogares y empresas cuyas tasa de ahorro están en mínimos históricos. Esto solo puede llevar a una nueva crisis financiera como la que experimentamos en 2008. Digámoslo claramente, la combinación de superávit fiscal y déficit por cuenta corriente nos llevaría a una recesión similar a la de 2008. En el siguiente blog analizaremos la evolución de los balances de las empresas no financieras y ciertas dinámicas que en el contexto descrito pueden activar y acelerar el proceso de insostenibilidad a “la Wynne Godley”.

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