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Miquel Giménez

Opinión

¿Nos hacemos un Oriol Pujol?

Sentencia Habemus. Lo que sigue será, más o menos, esto que les cuento

Oriol Junqueras declara en el Supremo
Oriol Junqueras declara en el Supremo

No hubo intento de golpe de Estado, ni violencia, ni otra intención que no fuese la de “presionar” al Gobierno para negociar, según ha dictado el Tribunal Supremo. Por tanto, ni rebelión ni intento de golpe de Estado, entendiendo tal cosa como la subversión del orden constitucional. Así queda resumido en la sentencia lo vivido en Cataluña. Sedición, sí, malversación, también, pero intenciones serias de proclamar la república, ninguna. A tenor de esto, dos reflexiones, la primera, dirigida a los separatistas que todavía creen que la mascarada iba en serio y no era una jugada de farol, como algunos de sus mismos protagonistas han dicho. Vamos a ver, si todo se limitaba a presionar al Estado ¿no pensáis que os han traicionado? ¿No os dais cuenta de que todo fue una tomadura de pelo? Porque, una de dos, o salen los presos diciendo que discrepan, porque lo que querían era la independencia, o dan por buena la tesis, cayéndose en los palos del sombrajo al separatismo.

Segunda reflexión, ésta para los constitucionalistas: el Estado ha condenado a quien se sienta catalán y español a la soledad más terrible, la del que espera ser rescatado y ve como su salvador se aleja hacia un horizonte nebuloso. Que nadie espere del futuro Gobierno, mucho menos si es de Sánchez, una actitud enérgica ante la inmersión, la manipulación de los medios públicos, las arbitrariedades en los Mossos o el apropiamiento de instituciones o festividades.

El separatismo sigue empecinado en sus posturas de ho tornarem a fer, nadie ha hecho autocrítica, nada cambiará desde ese córner de la política

Nada nuevo, por tanto. Sánchez y Torra vienen a decir lo mismo, aunque no lo parezca, y es que todo sigue igual, los unos con sus politiqueos de cucharada y paso atrás y los otros con sus ansias de obtener más poder para seguir manteniendo el statu quo económico, mediático y político catalán que aguantamos desde Pujol. Tengo para mí que, siendo privativas de la Generalitat las competencias en justicia, los dos Jordis estarán en tres meses, repito, tres meses, en la calle. De la misma forma, tengo claro que el resto de encarcelados gozarán pronto de un régimen similar al que se le concedió a Oriol Pujol, a pesar de las protestas de Fiscalía, que le permite pasar el día fuera de la cárcel, volviendo solo a dormir. Añado que, en el plazo de un año, si el Gobierno de España cae del lado del PSOE como todo parece indicar, habrá indulto. Y ahí se acaba la historia. El separatismo sigue empecinado en sus posturas de ho tornarem a fer, nadie ha hecho autocrítica, nada cambiará desde ese córner de la política y, como grandes novedades, tendremos un cambio en la cabecera del desfile, con Torra desplazado, Puigdemont olvidado y un Artur Mas redivivo al frente de la neo convergencia. Junqueras será el gran Moisés que se paseará por Cataluña en olor de santidad de acto en acto, se harán grandes homenajes, grandes peregrinaciones a Montserrat y ese sepulcro que denominamos Cataluña continuará con la postración política y espiritual en la que se encuentra. Por muchos años, me temo. Que la inhabilitación no permita a los sentenciados ocupar un cargo público tampoco solucionará nada, porque Arzalluz bien que era el oráculo del separatismo vasco sin necesidad de ser senador, alcalde o diputado.

Y los socialistas de Iceta seguirán pactando con los separatistas, como ya lo han hecho, según les convenga, con Esquerra aquí o con JxCat allá. Que el alcalde del PSC en Badalona permita que se arríe la enseña nacional en tal día como hoy creo que indica muy bien por dónde van los tiros. Por eso mantengo que al constitucionalista le esperan días aciagos, de persecución, de acoso, de agresiones como las de los dos militantes de Cs, golpeados en el metro en Barcelona por unos nazis del lazo amarillo.

Se harán un Oriol Pujol, está claro. El resto de los catalanes, o emprendemos el camino de la diáspora o nos quedamos en la trinchera. No hay más. Hasta aquí, lo que veremos. Conste que no soy profeta, pero tengo memoria y recuerdo muy bien quienes y por qué nos han llevado hasta aquí. He ahí la auténtica sentencia.

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