Mi general, al que llamaré así para no confundir al lector con el protagonista del libro, su abuelo el también general Fidel Dávila, ha cometido con esta obra que recomiendo sinceramente a tirios y a troyanos un pecado de lesa progresía: describe minuciosa y limpiamente un tiempo fundamental en la historia de España y lo hace suministrando una cantidad abundantísima de datos, de nombres propios, de lugares, de fechas, de eso que los anglosajones denominan facts y que conforma la mejor y más limpia manera de abordar el pasado.

Ahora que vivimos instalados en la mirada partidista, cuando no abiertamente odiadora, leer a mi general es una pura delicia. Yo les recomiendo que se den un paseíto por su blog y verán como este militar retirado no del todo ni de todo, como él mismo dice, sabe aquilatar pasión y servicio a España desde una humildad absoluta. La modestia de un hombre que ha servido en los destinos más honrosos, tales como ayudante de campo de SM Don Juan Carlos I o, ya me perdonarán que barra para casa, como general jefe de la Brigada de La Legión Alfonso XII entre otros, es meritoria en una sociedad en la que jactancia y prepotencia van de la mano de quienes ostentan los más altos peldaños del Estado.

Mi general arroja un potente foco de luz hacia una parte de nuestro pasado que muchos quisieran oscurecer para siempre bajo la capa de la demagogia o, simplemente, de la burda mentira

Fíjense si será recto el proceder de mi general que ni siquiera ha escrito una hagiografía de su abuelo. Nadie hubiera esperado eso de él. Memoria, sí, respeto, también, vindicación, por supuesto. Pero ni un adjetivo de más ni de menos. En las páginas del libro desfila ante nuestros ojos la ejecutoria de un general español, hijo de su tiempo y de las circunstancias que le tocaron vivir, apoyada en la documentación que por vínculo de parentesco mi general ha conseguido, además de una inmersión investigadora en libros y hemerotecas formidable. Todo lo que en él se dice está confirmado por unos y otros e igual leemos los partes de un bando que del otro que conocemos los efectivos de los que disponían estos o aquellos y quiénes se los suministraban. Mi general arroja un potente foco de luz hacia una parte de nuestro pasado que muchos quisieran oscurecer para siempre bajo la capa de la demagogia o, simplemente, de la burda mentira.

Quisiera insistir en que es un libro de historia militar igual que muchos de los que encontramos en otros países, escritos por militares con vocación literaria y científica, por un hombre que sabe discernir el grano de la paja y que acostumbrado a dar órdenes se ha ordenado a sí mismo no rebasar el límite de la prudencia. Ustedes lo notarán cuando habla de su visita a la reproducción de aquel barracón en el que se nombró a Franco Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado, aunque esto último no fuese exactamente así. Me arriesgo a pecar de osado si digo que aquí mi general vale más por lo que no dice que por lo que narra. ¿Saben por qué? Porque acostumbrados a que los libros pseudo históricos que se escriben acerca de nuestra guerra civil se parezcan más a cotilleos de prensa rosa que a otra cosa, encontrar uno que nos informa, nos da una idea clara de un frente tan decisivo como fue el del Norte y nada menos que del general Fidel Dávila, que fue su responsable, es reencontrarse con la sensatez, con el buen juicio, con eso que llamamos espíritu de servicio a la nación.

Mi general se ha visto en condiciones de darnos una historia ajustada a la verdad y no lo ha dudado. Eso, incluso los acérrimos adversarios, tendrán que reconocérselo aunque ya les adelanto que no es hombre al que el halago o la palmadita en la espalda le acomoden.

Yo simplemente he querido darles noticia de este libro, que modestamente juzgo de lo mejorcito que he leído en materia de la guerra civil, y recomendar su lectura. En especial a los más jóvenes. Verán que ni los unos iban tan descalzos como se nos pretende hacer creer ni los otros tenían de todo a espuertas. Que ni Alemania e Italia ayudaron a la España nacional, ni Rusia ni Francia se quedaron cortas. A las cifras de La guerra civil en el norte me remito.

Ténganme ustedes, queridos lectores, como me tiene mi general. Siempre a sus órdenes.