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Igor Marín Ochoa

Opinión

Euskadi desde Madrid

Los partidos siguen imponiendo sus estrategias desde Génova, Princesa o Ferraz, a lo que tienen todo el derecho pero que jamás les dan resultado

Euskadi desde Madrid
Euskadi desde Madrid Europa Press

En estas fechas hace cinco años que me trasladé a vivir a Madrid desde Vitoria y, a día de hoy, en que divido mi tiempo entre ambas excelentes ciudades, aún me sorprende cómo se ve, analiza, comenta y opina de la política vasca desde el interior de la M-30. Son 350 kilómetros los que separan a las capitales de ambas comunidades, pero la distancia de percepción es en muchas ocasiones abismal. El último ejemplo lo tenemos con las elecciones vascas recién arrancadas. Madrid, entendida como metonimia de la opinión publicada en la ‘corte’, sigue empeñada en aplicar la vara de medir de la política nacional a lo que sucede en cada una de las autonomías.

Esa fórmula, que ni siquiera sirve para las elecciones generales (véase el batacazo de Cs que el ‘emetreintismo’ no supo calibrar), es absolutamente inútil y hasta ridícula para los comicios autonómicos. Pero parece dar igual. Los partidos siguen imponiendo sus estrategias desde Génova, Princesa o Ferraz, a lo que tienen todo el derecho, pero que jamás les dan resultado, y los analistas siguen midiendo en varas castellanas lo que en esos lares se cuenta en millas.

Hace un par de semanas, cierta prensa ‘madrileña’ se lanzó en tromba a analizar y describir un tripartito de izquierdas diseñado en la sede de Podemos y al que, a nada que se conozca mínimamente la política vasca, es difícil de dar pábulo. Un Gobierno conjunto de EH Bildu, PSE y Podemos es hoy por hoy inviable. Por muchas razones. La primera es que el PSE no puede compartir con Bildu un Gobierno autonómico por mucho que el inconsciente de Pedro Sánchez les haya puesto alfombra en el Congreso o que en Navarra María Chivite contase con el apoyo externo de los ‘abertzales’. Eso, en Euskadi, hoy es todavía imposible. El pasado de parte de la coalición ultranacionalista hace imposible cualquier acuerdo. Quiera lo que quiera Pablo Iglesias, que pretende copiar estrategia en Cataluña y el País Vasco. Digan lo que digan los columnistas de la caverna para desgastar al PSOE. Un tripartito de izquierdas en Euskadi es una opción imposible.

¿Alguien con dos dedos de frente podía pensar que el PSE iba a salir de todos los gobiernos de coalición con el PNV y, de paso, dinamitar el acuerdo de Sánchez con los nacionalistas?

Nadie en su sano juicio puede pensar que el PSE va a romper su alianza con el PNV para echarse al monte con EH Bildu y Podemos. Los lazos que unen a los ‘jeltzales’ con los socialistas son mucho más fuertes de lo que se pueda leer. Estos dos partidos proporcionan una cierta estabilidad y equilibrio a una sociedad fragmentada políticamente. Ha sido así desde 1986, excepto los años locos de Ibarretxe en ‘Lehendakaritza’ y la tosca oposición a Patxi López, en todas las instituciones vascas. Ese acuerdo firme sigue en vigor en los principales ayuntamientos y en las poderosas diputaciones forales… ¿Alguien con dos dedos de frente podía pensar que el PSE iba a salir de todos los gobiernos de coalición con el PNV y, de paso, dinamitar el acuerdo de Sánchez con los nacionalistas? Pues en Madrid hay quien se lo ha creído.

Otra muestra de que las cosas se ven distintas, lo que no quiere decir que sea mejor ni peor, es la candidatura de Carlos Iturgaiz en la coalición de centro-derecha conformada por el PP y Cs. Nadie puede negarle a Iturgaiz su valor y valentía para hacer frente a la barbarie del terrorismo de ETA. Pero nada más. Sus posturas, más cercanas a Vox que a una derecha europea clásica, chocan de pleno con la política vasca. Los votantes tradicionales del PP en Euskadi siempre han optado por la moderación. Han sido más abiertos en cuestiones sociales, partidarios del acuerdo, menos cafeteros y más partidarios del acuerdo que sus hermanos mayores de Génova. El propio Javier Maroto, antes de dar el salto a Sotosalbos para ser portavoz en el Senado, fue capaz de pactar con EH Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria cuando ETA aún ni estaba disuelta. Esa línea moderada ha dado excelentes resultados. Gobiernos en la Diputación de Álava, Alcaldía de Vitoria, etc… En cambio, la línea dura, la derecha casposa y rancia que representa Iturgaiz, será buena para captar adeptos y atención en algunas partes del resto de España, pero lo que es en el País Vasco la cosa pinta mal para la coalición de populares y liberales.

La sorpresa que no fue

Sirva como colofón una anécdota de hace unos cuantos años. En los tiempos del plomo, cuando el PSE apoyó sin fisuras a Mayor Oreja como candidato a ‘lehendakari’ y la opinión publicada estaba convencida del sorpasso de las fuerzas constitucionalistas al nacionalismo radical de Ibarretxe, vinieron a Vitoria unos cuantos directivos de medios de comunicación para vivir en directo lo que iba a ser un cambio histórico que -lo que son las cosas- no se produjo. La noche electoral, mientras los resultados iban cayendo y el sueño del cambio se iba difuminando, uno de los jefes nacionales desplazados a Euskadi se dirigió a los redactores locales, que tecleaban con absoluta normalidad el resultado y la continuidad del PNV en Ajuria-Enea: ¿pero no os sorprende que Ibarretxe revalide el cargo? No, estaba claro que esta operación era muy difícil de conseguir… ¿Y por qué no dijisteis nada? Porque cuando lo comentamos nos rebatisteis con encuestas y argumentarios… Tantos años después, los argumentarios a 350 kilómetros siguen ganando a los argumentos a pie de las calles vascas.

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