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Rubén Arranz

Análisis de medios

El ridículo del Faro de Vigo y los valientes que se amilanaron con don Juan Carlos

Fueron muchos los medios de comunicación que presentaron a los Borbón como el clan perfecto. Como seres que vivían por y para servir a España y practicaban el oficio de monarca con una incuestionable honradez

El rey emérito Juan Carlos I, junto a Corinna.
El rey emérito Juan Carlos I, junto a Corinna. Gtres

Quizá el lector no se haya enterado, pero la edición de este jueves del periódico Faro de Vigo incluía una sección con unas supuestas frases que Corinna Larsen había pronunciado en referencia a Juan Carlos I. Una de ellas, afirmaba lo siguiente: “Siempre lleva monedas de cien pesetas en el bolsillo. A la mínima ocasión las sacaba y me decía: 'mira, éste soy yo, ¿tú sales en alguna moneda'". Sobra decir que ninguna de esas palabras fue pronunciada por el emérito, pues todo ese contenido procedía de El Mundo Today, una genial publicación que se dedica a hacer humor con falsas interpretaciones de la actualidad.

Nadie está libre en este oficio de los errores fatales. Recuerdo un suceso similar que ocurrió en mi primer año de becario en un periódico local. Todo sucedió alrededor de una doble página en la que figuraban diez monumentos vallisoletanos que habían sido elegidos dentro de un catálogo de patrimonio contemporáneo de especial valor. Cada instantánea iba acompañada de un número que, a su vez, refería a un pie de foto donde se detallaba el nombre del edificio en cuestión. Pues bien, un jefe iluminado ordenó modificar la numeración de cada inmueble, pero nadie cambió el texto de los pies de foto, de modo que, por ejemplo, un instituto de educación secundaria era definido como un templo neoclásico. O el estadio de fútbol como una estatua ecuestre de bronce. Un completo desastre.

Hay veces que la verdad aparece distorsionada en los periódicos por los fallos y las decisiones editoriales. Así ha ocurrido con la Familia Real durante décadas y no ha sido precisamente porque los periodistas confundieran la realidad con las chanzas de una publicación satírica, sino porque la prensa asumió, con cierta bisoñez, que obviar los escándalos de la Corona equivalía a proteger la democracia, cuando, en realidad, provoca el efecto contrario. Nadie en su sano juicio entregaría su alma al diablo, del mismo modo que nadie conseguiría atraer la confianza de los ciudadanos desencantados hacia un sistema en el que 'la dote' es vista como un mal necesario.

Irresponsabilidad mediática

Fueron muchos los medios de comunicación que presentaron a los Borbón como el clan perfecto. Como seres que vivían por y para servir a España y practicaban el oficio de monarca con una incuestionable honradez. Incluso ahora, cuando el emérito se ha marchado de España por el eco que han alcanzado sus escándalos, hay quien se empeña en presentar a don Juan Carlos como una víctima del fuego de los republicanos o de los gobernantes que han intentado camuflar los fallos que han cometido durante la pandemia.

Incluso intentan aminorar sus presuntas irregularidades comparándolas con las fechorías de 'los Pujol'. Desde luego, gritó este pueblo el '¡vivan las cadenas!' tras el regreso de Fernando VII y hoy vuelve a hacerlo. Con otro tono, pero afectado por la misma lacra, que es la de supeditar su forma de concebir la vida a las necesidades del cacique.

Sobra decir que ha habido estos días algunos medios de comunicación -Vozpópuli incluido- que han sido valerosos a la hora de difundir los escándalos del emérito. El problema es que esa actitud no fue habitual durante muchos años. Algún periodista retirado, que llegó a cobrar un salario anual de siete cifras mientras mandaba a la calle a cientos de trabajadores, presume de haber contribuido a apuntalar la democracia en España desde la dirección de un periódico como El País, el gran medio institucional español. Sin embargo, durante años camufló, por sistema, determinadas actitudes de quien ostentaba la Corona que resultan imperdonables. Quien haya leído El negocio de la libertad, del director de este periódico, sabrá algunas otras razones.

Mención especial merecen quienes no sólo se limitaron a ocultar o a omitir, sino quienes durante años prestaron la parte superior de su sistema digestivo para celebrar las virtudes de los monarcas.

Estos días han sido varios quienes han recordado el papel que jugó don Juan Carlos en la expansión internacional de las empresas españolas durante la décadas pasadas. Ahí todos ganaban. El problema es que una de las partes buscaba maximizar su beneficio, pero la otra lo tenía vetado, por ley. Directores que hoy celebran los tropecientos años que llevan en el oficio con empalagosos homenajes, vetaron temas, por sistema, que eran bien conocidos por los consejeros del Ibex-35 y que daban pistas sobre el sistema de favores que primaba en esa España. Todo ello contribuyó a apuntalar el capitalismo de amiguetes hispánico y a alejar al país de la modernidad. A fin de cuentas, quienes ganaron, seguían ganando.

Humedad mediática

Mención especial merecen quienes no sólo se limitaron a ocultar o a omitir, sino quienes durante años prestaron la parte superior de su sistema digestivo para celebrar las virtudes de los monarcas, lo que contribuyó a que una parte de la población apreciara dotes cuasi sobrenaturales y heroicas en ellos. Es curioso porque algo similar ocurrió con el 'felipismo' hasta que cayó por el propio peso de sus corruptelas. Desde luego, algún día habría que pedir cuentas a quienes se reivindican como popes de los medios de comunicación por el daño que hicieron a este país, que tuvo la oportunidad de ser una democracia seria y moderna; y que ha terminado cocinándose en sus propios errores históricos.

Hay quien, con suma ceguera, señala actualmente a Pablo Iglesias para explicar la salida de España del rey emérito, como si el líder de Podemos fuera el responsable de que Corinna hubiera habitado en El Pardo. Digamos que quizá los extremistas y los rupturistas no hubieran tenido cabida en el sistema si quienes fueron llamados a gobernar este barco durante la Transición hubieran actuado con ejemplaridad. No ocurrió con la Corona, ni con la clase política, ni mucho menos con la prensa, en gran parte, lamerona, servil e interesada.

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