Opinión

Cuando te llaman por teléfono desde Moncloa

El poder de Sánchez se hace cada vez más fuerte y más difícil de desactivar.

  • Sánchez habla y Pallete escucha -

Del mismo modo en que Begoña Gómez convocó a todo un Rector de la Universidad Complutense de Madrid al Palacio de la Moncloa, sede de Presidencia del Gobierno, para comunicarle sus aspiraciones a catedrática ful, saltándose en el proceso todo protocolo académico, así fue citado José María Álvarez-Pallete el pasado viernes por teléfono a una visita de urgencia terreno de Pedro Sánchez para darle conocimiento de su cese como presidente de Telefónica. Era la consecuencia lógica de la toma de posiciones del Gobierno en la compañía, conseguida a base de comprar acciones con dinero público.

La excusa para meterse en el consejo de la tecnológica fue la necesidad de compensar la posible influencia del accionariado saudí en una empresa tan estratégica. En vista de los hechos de estos dos últimos días, no parece que hubiera que compensar mucho ni temer nada. Los saudíes han estado encantados en apoyar la decisión de Sánchez de destituir a Pallete para nombrar en el cargo a otro profesional más afín, más de los nuestros, lo mismo que Caixabank. Si hubiera alguna duda sobre la tendencia política de Marc Murtra, de quien solo oigo, por otro lado, buenas referencias, bastaría con fijarse en su paso por el Ayuntamiento de Barcelona y la gerencia de la televisión local, la Betevé. Ese puesto no se entrega a personas políticamente independientes, como sabe muy bien cualquiera que haya seguido su programación. También fue jefe de Gabinete del ministro socialista Joan Clos durante su etapa como ministro de Industria de Zapatero. Una figura mucho más cómoda para Sánchez que Pallete en su política de hacerse con todos los espacios de poder a su alcance, en el ámbito público y también en el privado.

En 48 horas estaba el asunto resuelto. Pallete, hombre inteligente, no presentó resistencia porque la sabía inútil. Contra el panzer que se le venía encima era mejor la aceptación de los hechos consumados

No le basta con el poder omnímodo sobre su partido y su Gobierno, ni con tomar decisiones de política exterior incomprensibles que destruyen décadas de cuidado de los intereses españoles al margen de necesidades partidistas. Tampoco le es suficiente llevar a la Fiscalía General del Estado a un imputado y a la presidencia del Tribunal Constitucional a un afín. En su obsesión por colonizar todos los ámbitos de decisión, tenía que hacerse también con Telefónica. Y con cuantos consejos de administración se le pongan a tiro y no le planteen resistencia. En su visión de la política como si fuera un juego de monopoly, todo le está permitido porque en una mano tiene el Boe y en la otra la agencia tributaria. Es muy fácil hacerse con una participación del 10 por ciento en una empresa del calibre de Telefónica cuando te pagamos el capricho entre todos los contribuyentes, de la misma forma en que si el poder judicial trata de poner freno a las actividades presuntamente delictivas de tu familia es muy fácil responder pegándole una patada al tablero legal y redactando una nueva ley cuyo único objetivo sea impedir que tu mujer y tu hermano tengan que responder por sus acciones.

En cada paso, la democracia española se resiente y se deshilacha, mientras los españoles, como las ranas sumergidas en agua caliente que no se dan cuenta de que están hirviendo hasta que es demasiado tarde, no nos acabamos de percatar de que estamos viviendo ya en un sistema autoritario. En 48 horas estaba el asunto resuelto. Pallete, hombre inteligente, no presentó resistencia porque la sabía inútil. Contra el panzer que se le venía encima era mejor la aceptación de los hechos consumados. Sánchez poniendo casitas y hoteles  en todas las calles del monopoly español comprándolas con dinero de verdad que parece de mentira porque no es el tuyo y además parece no tener fin. Para eso están los impuestos, para pagar los caprichos de este Gobierno mientras en Valencia siguen desesperados en el barro.

Telefónica es, además, uno de los grandes anunciantes de este país, con lo que se consigue otro gran objetivo de Sánchez, que es tener en vilo a los medios de información críticos con su Gobierno omnímodo

 


Con todos estos juegos de quitar y poner personas, hacer favores políticos, asegurarse la fidelidad de los Consejos, manejar con mano de hierro los tiempos y las decisiones que crean y destruyen carreras, el poder de Sánchez se hace cada vez más fuerte y más difícil de desactivar. Una maraña sanchista que empieza a cubrirlo todo y de la que no se habla lo suficiente pero que está ahí. Le llaman trabajar a la incensante actividad de poner a fulanito y deshacerse de menganito, de conspirar por aquí y plantear entradas forzadas por allá.
Telefónica es, además, uno de los grandes anunciantes de este país, con lo que se consigue otro gran objetivo de Sánchez, que es tener en vilo a los medios de información críticos con su Gobierno omnímodo y que no viven de la subvención. Y mientras la situación política se deteriora por momentos la oposición toca la lira. Si está haciendo algo, pensando algo, plantando cara en algo, eso que hacen, piensan o aquello en lo que plantan cara no llega al ciudadano de a pie, que se siente solo ante el empuje liberticida de un gobierno atroz que solo quiere ordeñarlo. Lo peor de Sánchez es que no se ve salida ni alternativa, aunque tengamos que tener la esperanza de que la hay para seguir resistiendo sus embates.

De momento, los accionistas de a pie, los nietos de los que compraron las primeras matildes, ven como su inversión pierde hoy casi un tres por ciento. Todo sea por darle el gusto a Pedro Sánchez. Resignados y dando gracias a Dios de no ser nadie para que no  nos llame de repente por telefóno convocándonos a su despacho, porque no tendríamos más remedio que ir.

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