Opinión

La crisis que viene

El ministro de Economía, Luis de Guindos
El ministro de Economía, Luis de Guindos EFE

No sólo no es cierto que hayamos recuperado los niveles de renta previos a la crisis sistémica, sino que además estamos en los albores de la segunda fase de La Gran Recesión. Se acabó lo que se daba. Ninguno de los problemas de fondo se ha solucionado. Simplemente se trató de ganar tiempo pensando que por ciencia infusa todo se solucionaría, a la vez que se protegía a los acreedores extranjeros tenedores de la deuda de nuestro sistema bancario y a su gerencia. Pero la evidencia se amontona y será prácticamente imposible frenar la siguiente fase de la Gran Recesión, aquí y allá. 

La política monetaria no da más de sí. La expansión fiscal prometida por la nueva administración estadounidense, ni está ni se le espera. Los distintos activos financieros de riesgo globales están claramente sobrevalorados. En un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, y sin soberanía monetaria, las crisis de deuda soberana y bancaria se activarán de nuevo arrastrándonos a una nueva recesión. Este es nuestro escenario base, ni siquiera es un escenario de riesgo. ¡Cuidado con los modelos VaR de control de riesgo!

España no ha recuperado niveles de renta previos a la crisis

Guindos hace unos días afirmó que España había recuperado el nivel de renta que tenía antes del inicio de la crisis, es decir, de 2008. Esas declaraciones se producían un poco antes de la publicación de algunos datos económicos clave para entender dónde estamos. Por un lado, la deuda pública patria se situó ya por encima del 100% del PIB según el criterio de déficit excesivo, demasiado laxo. Por otro, el Banco Central Europeo, en su programa de compras de bonos soberanos, está comprando más deuda de Italia y España de lo establecido.

Es rotundamente falso que hayamos recuperado niveles de renta de 2008. Desde el pasado año, un grupo de profesores y economistas independientes, hemos venido dialogando con ustedes y las autoridades europeas sobre la sobreestimación inexplicable del Producto Interior Bruto de nuestro país. Para ello presentamos en su momento tres estudios correspondientes a las aproximaciones tradicionales del cálculo del PIB. Aún no hemos recibido respuesta alguna.

Por un lado, un cálculo desde el lado de la oferta; en segundo lugar otro desde el lado de las rentas; y, finalmente, desde el lado de la demanda. En los tres se obtenían conclusiones muy similares, una sobreestimación del PIB de entre el 17% y 18%. Ahora pretenden corregir esta desviación haciendo lo contrario: el PIB de 2016 y 2017 ha sido más alto que el publicado. Sin embargo era tal la sobreestimación del período 2008-2013 que va a ser imposible “ajustar las cifras” antes de entrar en la segunda fase de la Gran Recesión.

Deuda pública bate récords históricos

A la vez que Guindos hacía estas declaraciones, Banco de España publicaba las cifras que mostraban que la deuda pública superaba un nuevo récord absoluto en julio, al alcanzar los 1,138 billones de euros, por encima del 100% del PIB. Pero esta cifra supone en realidad un infraestimación la deuda real de las administraciones públicas patrias ya que consolida la deuda pública en poder de otras administraciones públicas, al suponer que hay doble contabilidad, y cuya cifra se aproximó en julio a los 210.000 millones.

Básicamente son las ayudas del Estado Central a otras administraciones públicas, comunidades autónomas y algún que otro ayuntamiento, que no pueden financiarse por sí solos en los mercados financieros, pero que si éstas fallan respondemos todos los ciudadanos españoles, es decir, inmediatamente sería deuda soberana del Estado Central. Si además se incluyen otros ajustes derivados de la aplicación del criterio de déficit excesivo, la cifra total de deuda pública se aproximaría a los 1,5 billones, más del 130% del PIB.

Por esas mismas fechas el BCE publicó los datos de programa de compra de activos. En el Balance Consolidado del Eurosistema el programa de compra de activos se aproximó en julio a los 2,1 billones de euros. A cierre de ese mes el volumen de compras de deuda, la inmensa mayoría soberana, en Balance de Banco de España era de 270.695 millones de euros. Nuestro regulador ya es el principal acreedor del Tesoro español.

Los banqueros de nuestro país, y de la mayoría de países occidentales, no quisieron someterse a un proceso intenso de reconversión como cualquier sector que ha cometido excesos. Para ello contaron con la colaboración, además de la élite política, del Banco Central Europeo, controlado en realidad por estas élites financieras europeas.

El BCE, además de proteger a los acreedores foráneos -bancos extranjeros-, se dedicó a inyectar liquidez masiva a los bancos con problemas de solvencia para que siguieran manteniendo el statu quo. Para cerrar este esquema de poder o intereses de clase, los bancos comerciales españoles financiaban al Tesoro. Éste era el acuerdo tácito. Sin embargo, en el momento en el que los bancos de los países del sur ya no podían acumular más deuda soberana en sus balances, se inició el programa de compra de activos, expansión cuantitativa, por parte del BCE, pero sin mutualizar, ya que al final están en el Balance de Banco de España. Es en este contexto donde hemos de entender las últimas cifras. Desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 782.000 millones de euros, normal en un proceso de desapalancamiento de familias, empresas y entidades financieras. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 1 billón de euros. Ello se debe a dos razones.

Por un lado, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Por otro, a un incremento del stock de deuda pública correspondiente a fondos que se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros.

Nuestra hipótesis de partida es que una gran parte del stock de deuda soberana estaría financiando a terceros, básicamente al sistema bancario y a determinados oligopolios patrios vinculados al poder político, así como a distintos colectivos que permiten que el actual Régimen se mantenga.

Conclusión

La situación ha alcanzado unos volúmenes que en el caso de que aumentara la aversión al riesgo, se desataría la tormenta perfecta, crisis de deuda soberana y crisis bancaria. Obviamente ello limita cualquier política económica y de rentas que se salga de la ortodoxia. Pero además, la superclase va a intenta conservar de nuevo en esta segunda fase de la Gran Recesión su poder.

Para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda. Por eso para la ciudadanía es vital, por un lado, una profunda reconversión de un sistema financiero sobredimensionado, a costa de gerencia y acreedores. Pero por otro, debemos exigir además, como única reforma estructural real, en aras de nuestra libertad, una reestructuración de la deuda, mediante las correspondientes quitas.

Si eso ocurriese, automáticamente la superclase se arruinaría y perdería el control del poder. Y es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que la clase política asuma estas medidas. Pero de todo esto mejor no hablar, ¿verdad? ¡Y sigamos engañando a la ciudadanía!


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