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Juan María Nin

Opinión

CBDC, la moneda virtual que lo cambiará todo

El dinero digital es un vector de fuerza que ya plantea un desafío formidable macroeconómico y de estabilidad financiera

Representación de un bitcoin
Representación de un bitcoin Pixabay

El mes de octubre ha sido pródigo en noticias sobre las monedas digitales. El New York State Department of Financial Services ha aprobado una licencia provisional Bitlicense a Paypal Venmo que cuenta con unos 350 millones de cuentas activas en todo el mundo, habilitándole para comerciar y almacenar ciertas criptomonedas. Es un paso más en el avance de las compañías tradicionales de servicios financieros en el uso de criptomonedas. Esta vez, en un entorno de aceleración de cambios en el que la covid-19 empuja los pagos digitales desde Wall Street a E-High Street en paralelo al poderoso avance del comercio on-line.

El avance imparable de las criptodivisas desde el sector privado ha vencido las fuertes resistencias institucionales de reguladores y políticos, porque se trata de un tema muy ideológico, de poder que, vinculado a la nueva estabilidad espontánea que ha supuesto la aparición de Blockchain, ha empujado a los bancos centrales e instituciones públicas internacionales a reaccionar con la creación de una nueva moneda/divisa, la moneda digital que se emitirá en paralelo a los billetes y monedas que ya conocemos y que, de momento, responde al acrónimo CBDC (Central Bank Digital Currency). Es una novedad disruptiva que todo lo cambiará y sobre la que los gobiernos se han pronunciado en octubre mediante dos informes, uno del BCE sobre el Euro Digital y el otro del BIS (FED, BCE, BJ, etc.).

Para mejor valorar la trascendencia de este paso es interesante recordar el contexto histórico: la propuesta británica de una moneda universal, el BANCOR, de la mano de Keynes en Bretton Woods (1944) y que no prosperó por la contrapropuesta a favor del dólar USA como medio de pago y divisa internacional de referencia. El DUCAT (1976), de Hayek, también con ambición de moneda única internacional y también fracasado, los Derechos Especiales de Giro (1969), el ECU (1979), hasta llegar a la propuesta LIBRA (2019) de Facebook moneda privada con tres mil millones de clientes potenciales y que, esta vez sí, provocó un terremoto.

Efectivamente, la LIBRA de Facebook ha marcado el contrapunto de la nueva realidad digital, que todo lo cambia. En un contexto en el que las criptodivisas han sido imparables y en el que su base operativa blockchain las ha resguardado de la represión pública porque han resistido los ataques sobre su seguridad y uso delictivo, ha emergido un potencial sistema privado de moneda cada vez más eficiente y crecientemente popular. Con Paypal como operador autorizado, las criptomonedas, cada vez más consolidadas, y la Libra de Facebook en la sala de máquinas, la soberanía pública monetaria ha entrado en clave de reacción.

El que amanezca, por tanto, la posibilidad de una moneda universal privada, Libra o la que sea, supone un desafío a las fronteras establecidas de poder público y soberanía estatal

Se trata de encauzar políticamente las criptomonedas que desafían las fronteras establecidas de poder público y soberanía estatal con el consiguiente reto al monopolio público del dinero como instrumento de poder y que no cuenta con más respaldo que la confianza ciudadana en el Estado emisor de dinero 'FIAT', un trozo de papel o un apunte informático. El que amanezca, por tanto, la posibilidad de una moneda universal privada, LIBRA o la que sea, supone un desafío a las fronteras establecidas de poder público y soberanía estatal. Es un reto al uso de la moneda oficial como instrumento de política económica, financiera, pero también clientelar, de guerra comercial y de divisas, en suma… de poder, pero, fundamentalmente, un reto porque brinda una oportunidad nueva de ejercicio de libertad individual, sin fronteras, frente a un sistema progresivamente omnipresente que todo lo vigila y que avanza rápido hacia un control total, nunca experimentado, de la vida económica de los ciudadanos.

La era del cajero

Recuerdo bien mi experiencia práctica en banca cuando hace unos años y en pleno proceso de “tarjetización” nuestros clientes aceptaban el nuevo medio de pago, pero sacaban dinero del cajero en efectivo antes de hacer la compra para pagar con billetes. La razón siempre era la misma: no quiero que nadie sepa si compro pollo o pavo… Por supuesto, en el otro lado del fiel de la balanza están los problemas que una moneda o monedas digitales plantean a un sistema democrático bien establecido de sujeción a leyes y recta supervisión administrativa, por cuanto su impacto en temas de cumplimiento y conducta, derivados del uso inadecuado de los mismos, podría fácilmente escapar a las reglas del juego democrático y el imperio final de la justicia.

Las nuevas tecnologías están cambiando la práctica ciudadana que empieza a comprar la mejor usabilidad de las criptomonedas

Las criptomonedas son un vector de fuerza que ya plantea un desafío formidable macroeconómico y de estabilidad financiera aunque, en mi opinión, de menor envergadura por su dispersión (son muchas…) que el de una auténtica moneda universal privada tipo LIBRA en combinación con las actuales y que podría escapar a las medidas de política económica, monetaria y de control de la delincuencia debido a su fuerza superior. En efecto, como señalan Christine Lagarde y Fabio Panetta en el prólogo del informe del BCE sobre el Euro Digital, el Eurosistema tiene una misión clave que es facilitar a los ciudadanos el dinero más seguro para sus pagos. Los billetes de euros lo son, con la tradicional excepción de robo, incendio o pérdida, pero las nuevas tecnologías están cambiando la práctica ciudadana que empieza a comprar la mejor usabilidad de las cripto.

El sistema de pagos debe adaptarse a ello y complementar el dinero en efectivo y los depósitos bancarios con la nueva moneda digital. Los impactos de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) serán importantes por su incidencia, como venimos diciendo, en la política monetaria, la estabilidad financiera, los modelos de negocio de los bancos, los flujos de capital internacionales, la supervisión monetaria y los riesgos cibernéticos. Cambiará nuestro comportamiento como ciudadanos y consumidores, pero también la trastienda porque, como decíamos al principio, la decisión podría suponer aterrizar abruptamente desde Wall Street a E-High Street y esto, son palabras mayores. Por lo tanto, no es casual que, también en octubre, un nuevo informe BIS, firmado por la FED, el BCE, los Bancos Centrales de Canadá, Suecia, Japón, Suiza, Reino Unido… haya fijado los principios fundamentales y cuestiones clave de las CBDC, que algunos Bancos Centrales emitirán muy pronto, para uso del público general.

¿Por qué estas consecuencias tan importantes? Porque la divisa digital de los bancos centrales se convierte en medio de pago para los ciudadanos que sustituirá el efectivo y quizás también las cuentas corrientes y los depósitos a plazo bancarios y por tanto, con un impacto directo en cuestiones de inclusión financiera, privacidad, lucha contra la delincuencia, la estabilidad financiera y, muy importante, la financiación de la economía y la transformación del sistema bancario si, como es de prever, los ciudadanos deciden cambiar sus depósitos actuales, por la moneda digital del Banco Central a la vez que, salvo orden en contrario, depositarlo en el mismo lo que sería una opción más “confiable” en tiempos de crisis y muy práctica si los bancos centrales, además, permiten operar con su moneda digital para efectuar pagos, domiciliaciones, etc.

Límites teóricos

Sería una desintermediación brutal del sistema financiero privado y un trasvase de la privacidad actual al sistema público nunca visto, un adiós definitivo al secreto bancario, que se depositaría en los ya hoy bastante poderosos bancos centrales, que registrarían de manera individualizada los ahorros y usos de los mismos de cada persona, al límite teórico de poder adjudicar cada moneda numerada individualizadamente a cada “cliente” y así trazar su recorrido para siempre hasta la náusea.

Identificada cada moneda gracias a la tecnología blockchain, sería parte de una gigantesca base de datos corporativa donde todo estaría anotado con la consiguiente pérdida definitiva de toda capacidad de privacidad para el ahorro y el consumo, salvo uso del refugio que supondrían las criptomonedas privadas, el oro o el trueque… De estas y otras consideraciones deriva el planteamiento que propone unos “acuerdos fundacionales” necesarios para que la nueva moneda no afecte la estabilidad del sistema: (I) no dañe la estabilidad monetaria y financiera (II) coexista con el dinero tradicional, billetes y otros  tipos, en un sistema de pagos flexible e innovativo (III) promueva la innovación y eficiencia de manera que los ciudadanos no opten por otras monedas digitales, como viene ocurriendo hasta la fecha, porque por definición deberían ser menos seguras y, por ende, el sistema de pagos basado en ellos menos seguro (IV).

Por supuesto, no cabe respetar estos principios sin un excelente nivel de cooperación internacional. Llegados a este punto veamos otros subyacentes que se imbuyen en este nuevo fenómeno de criptomoneda pública versus privadas. El primero sería el vaso comunicante entre ambos sistemas a partir de un arbitraje de riesgo. Si la deuda soberana no mejora sino que empeora su perfil de riesgo, el trasvase que podría producirse mediante un simple arbitraje de riesgo público a privado es muy claro: trasvase a las cripto que podrían percibirse como más fiables y rentables que las públicas con las que se denomina la deuda soberana.

Recordemos que, si bien estas entidades son, por definición, independientes del poder político ejecutivo, en la práctica y en según qué países, las distancias son cortas

Sirva como ejemplo la reciente inversión que hace unos días una empresa cotizada, Microstrategy, ha hecho de su tesorería excedente por importe de 425 millones de dólares en Bitcoins. El segundo es que si los bancos centrales, como se ha apuntado, emitieran criptomonedas, que lo harán, el reto a la Banca privada puede ser fenomenal y, en un sentido inverso al apuntado, se podría producir un trasvase masivo de ahorro desde el sector privado a los Bancos Centrales, que pasaría a ser incluso más determinantes en la vida económica y social de los ciudadanos de lo que han sido hasta ahora. Recordemos que si bien estas entidades son, por definición, independientes del poder político ejecutivo, en la práctica y según qué países, las distancias son cortas.

El tercero es la posible reversión del sistema de creación de dinero bancario que ha sido posible por la utilización del depósito irregular más allá de su naturaleza jurídica original, forzada desde el Renacimiento con especial relevancia en Génova, Florencia, Venecia y también en España, tanto por los banqueros privados como por los públicos (Taula de Canvi en Barcelona), origen de los primeros fracasos bancarios al no poder devolverse los depósitos, invertidos en activos malos o ilíquidos, en vez de custodiados por intocables. Desde entonces y de manera especial por algunos autores de la Escuela de Salamanca y con continuidad en el pensamiento de la Escuela Liberal Austriaca, se ha venido discutiendo la validez de esta desnaturalización del depósito irregular bancario y el sistema de reserva fraccionaria que tanta “gasolina” ha aportado a la economía mediante la creación de dinero bancario y tanta inestabilidad al sistema gracias a crisis repetidas y, probablemente, inevitables.

Pues bien, la emergencia del dinero digital de los bancos centrales puede mover las agujas del reloj otra vez una situación parecida a la que empezamos a cambiar desde el S. XII. Tocaría pagar por depositar como ya hemos empezado a hacer. Los ciudadanos sucumbirán a la tentación de mover sus depósitos bancarios, siempre en riesgo como hemos comentado, a la teóricamente imbatible solidez de la moneda de su banco central, garantizado al 100% como depósito de valor, y utilizable como medio de pago imbatible gracias a las nuevas tecnologías a no ser que se les niegue depositar en el mismo y se habilite  expresamente el uso tradicional en la banca privada, y así mantener su utilización como fuente de financiación para la concesión crediticia. Pero… será como luchar contra la marea.

Los europeos nos jugamos mucho en esta próxima lucha de poder. Todo indica que China y Japón van por delante en el programa de emisión de CBDC's. En paralelo, bases de datos corporativas chinas y rusas se construyen con enorme eficacia a gran velocidad, con el reconocimiento facial como penúltimo producto de control, siendo el último el del uso del dinero por los ciudadanos. Los bancos centrales avanzan rápidamente hacia la emisión de sus nuevas monedas digitales y gobiernos y organismos internacionales preparan el freno a las iniciativas privadas más potentes de moneda universal en favor de sus propias monedas. Es un reto formidable.

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