"Lo que no me mata, me hace más fuerte", decía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Extraer conclusiones positivas de una situación desfavorable y aprender de ello nos hace estar más preparados para afrontar similares circunstancias y para reconocer nuestras debilidades.

En los últimos días, Colombia está siendo escenario de manifestaciones y disturbios en las calles de varias ciudades del país que han derivado en durísimos enfrentamientos entre manifestantes y agentes de seguridad que han ocasionado decenas de víctimas mortales. El origen de esta imprevista explosión de violencia está en la polémica reforma tributaria del Gobierno de Iván Duque, que incrementaba la presión fiscal en un momento en el que aumentan los problemas de desigualdad, empleo y pobreza en el país en medio de la crisis económica provocada por la pandemia.

En todos los países hemos tenido que afrontar crisis y, aunque de mejor o peor manera, hemos salido de ellas. Sin ir más lejos, en España las hemos superado en el pasado a través de la construcción de infraestructuras para acelerar los intercambios comerciales, o mediante la promoción de la internacionalización de nuestras empresas. Esta nueva crisis, derivada de la situación sanitaria ocasionada por la covid-19, es diferente: ni los sistemas sanitarios han conseguido batir todavía al virus, ni han funcionado todo lo bien que se presumía las medidas para controlar los confinamientos. ¿La parte positiva? Que la buena conectividad de la que disfrutamos en muchos países de Europa, entre ellos España, gracias a las inversiones en telecomunicaciones (nuestro país es el segundo europeo y cuarto del mundo en despliegue de fibra óptica), nos han permitido trabajar, estudiar, comprar y acceder a servicios a través de internet.

La reducción de la brecha digital aportará estabilidad política y socioeconómica, seguridad jurídica para las empresas, así como confianza de la ciudadanía y del sector privado en las instituciones

¿Cuál debe ser ahora la prioridad? ¿Cuál debe ser la prioridad de España? Asegurar que nuestras inversiones en los principales mercados receptores de inversión extranjera directa (IED) y cerrar la brecha digital para que la conectividad llegue a todo el mundo, especialmente a nuestros históricos socios comerciales, en especial en América Latina, para que puedan seguir siendo destinos atractivos para el capital foráneo.

La coyuntura generada por el virus no solo ha mostrado que tener acceso a la web es sinónimo de acceder a un sinfín de oportunidades. Igualmente ha puesto en evidencia las diferencias que tienen unos y otros para acceder a la red. Esto ocurre especialmente en la región latinoamericana, donde en torno a la mitad de la población no tiene acceso a servicios de conectividad 4G (GSMA preveía adopción del 4G en el 55% de América Latina), lo que les aleja de poder teletrabajar, hacer verdaderas conferencias en línea y contar con otros servicios digitales de alta velocidad y capacidad.

En un mundo interconectado, las debilidades de cualquier región del mundo tienen incidencia en el otro extremo del globo terráqueo. La pandemia está golpeando con fuerza, lo que se traduce en una caída de la inversión extranjera directa (IED) en todo el mundo (42% menos en 2020 a nivel global, según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo), y no se vislumbra una recuperación de este indicador hasta 2022.

España, primer inversor después de Estados Unidos

En Iberoamérica, el PIB cayó un 6,7% en 2020, según el Banco Mundial, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que había previsto para ese mismo año una caída de la inversión cercana al 50%. Una menor inversión extranjera directa supone no avanzar como se esperaba en términos económicos. Y es que, sin inversión, no se puede progresar; y menos aún en el actual modelo, ya bastante consolidado, de la economía digital e interconectada.

En este sentido, es especialmente relevante el caso de Colombia por los siguientes motivos: según datos de la CEPAL, Colombia fue, en 2019, el tercer mayor receptor de IED de la región, con ingresos que alcanzaron los 14.314 millones de dólares. Según el Departamento Nacional de Estadística (Dane), la actividad económica de Colombia durante 2020 registró una contracción de 6,8% como consecuencia de la pandemia. España, por sus lazos históricos con Latinoamérica, cuenta con una presencia notable en la región y es uno de los países que más invierten. De hecho, las cifras de la CEPAL indican que, después de los Estados Unidos, España es el principal inversor en Colombia, cuyas inversiones se incrementaron un 44% en 2019 respecto de 2018 y constituyeron un 16,7% del total.

Extender las redes 5G sin completar la expansión del 4G no parece ser muy acertado, toda vez que los consumidores no tienen, por el momento, la posibilidad de adquirir equipos que soporten la primera

¿Qué lección debemos extraer de cara al futuro? Esta situación atípica, rara y convulsionada nos está haciendo redefinir lo que es urgente y lo que es importante. Para países latinoamericanos como Colombia, por ejemplo, lo urgente e inmediato es cerrar la brecha digital y lo importante es tener la posibilidad de seguir renovando las tecnologías para estar a la altura de mercados similares al nuestro. Estamos viendo cómo se está empezando a extender la tecnología 5G, pero la prioridad, lo que debe concentrar todos los esfuerzos de todos aquellos que estamos en este ecosistema digital, tiene que ser aumentar la adopción de la tecnología 4G.

Las razones son diversas: Colombia ya completa 10 años desplegando tecnología 4G. Y aunque los resultados han sido positivos, pueden ser mejores. De acuerdo con cifras oficiales, la penetración de 4G es del 44%. El Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones señala que 65,4 millones de usuarios móviles no acceden a internet 4G desde sus equipos móviles, ya sea porque sólo utilizan su equipo para llamar o porque sólo se pueden conectar a redes 2G y 3G.

Sin embargo, extender las redes 5G, sin completar la expansión del 4G no parece ser muy acertado, toda vez que los consumidores no tienen, por el momento, la posibilidad de adquirir equipos que soporten la primera. Además, el despligue del 5G requiere grandes inversiones que se traducirán necesariamente en una disminución de recursos para 4G, aumentando la brecha digital. Pues lo más eficiente para el país y para el mercado, es alcanzar mayores penetraciones de 4G antes de dar el salto a 5G, como se ha mencionado en distintos estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En resumen: necesidad, acceso y despliegue. Ahora el reto es lograr pequeñas y rápidas victorias. Las autoridades nacionales y municipales deben favorecer el despliegue de tecnología y los operadores deben seguir concentrando sus inversiones y esfuerzos en el despliegue de 4G. La llegada del 5G es importante, sin duda, pero cerrar la brecha digital con 4G es lo urgente.

Colombia es uno de los países más atractivos de la región para las inversiones españolas. Está claro que España (y, por ende, Europa) no puede ignorar la situación económica en América Latina. La reducción de la brecha digital también aportará estabilidad política y socioeconómica, seguridad jurídica para las empresas, así como confianza de la ciudadanía y del sector privado en el funcionamiento de las instituciones.