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José María Albert de Paco

Opinión

Se abre el telón

Un año después, Cataluña sigue siendo el país contrahecho que la mitad del Parlament fundó el 6 de septiembre

El presidente de Cataluña, Quim Torra, durante su intervención en el Teatro Nacional de Cataluña
El presidente de Cataluña, Quim Torra, durante su intervención en el Teatro Nacional de Cataluña EFE

El discurso de Torra en el TNC no ha hecho sino recordar a los catalanes que el Parlamento autonómico lleva meses clausurado. Con la conversión del mausoleo escénico de Bofill en remedo de la sede legislativa, el soberanismo añade otro hito a su verdadera acción de gobierno, esto es: la liquidación, por caricatura o ninguneo, de las instituciones democráticas. El cuadro resultante, cada vez más similar a lo que bien podríamos llamar ‘patrimonialismo posmoderno’, incluye una presidencia bicéfala, en la que el presidente primero, por así decirlo, fiscaliza la labor del presidente segundo (con la particularidad de que el presidente primero es un prófugo) y dos consejos ejecutivos: el nuevo y el viejo, ambos con idéntica autoridad para ejercer funciones de representación o difundir comunicados gubernamentales, como hoy ha sido el caso.

La antinomia se extiende desde la cúspide al resto de instancias político-administrativas, al punto que el Consejo de Garantías Estatutarias se halla neutralizado (no podía ser de otro modo, siendo el rupturismo el único punto del programa) y el Síndic de Greuges es una mera correa de transmisión de los designios de Presidencia (nunca he entendido, a todo esto, que la indecencia de Ribó no sea señalada con tanto esmero como la de Mascarell).

El soberanismo ha añadido otro hito a su verdadera acción de gobierno: la liquidación, por caricatura o ninguneo, de las instituciones democráticas

Asimismo, y como ha observado el periodista Iñaki Ellakuría, la agenda de Torra únicamente tiene en cuenta a Tractoria y sus extensiones morales (una exposición soberanista en Perpiñán, las cárceles de Lledoners y El Catllar, la mansión de Waterloo). O lo que es lo mismo: evita, con la misma obscenidad con que Pujol evitaba en los noventa las Terres de l’Ebre, todas aquellas plazas donde las fuerzas nacionalistas carecen de mayoría, particularmente Barcelona y su cinturón industrial. Por lo demás, en el calendario de la legislatura apenas si cuentan los días de la ira: 11-S, 1-O, 3-O, 27-O, 9-N…

La intentona golpista de hace un año tuvo su contrapunto en la manifestación constitucionalista del 8 de octubre, que pareció abrigar una promesa de normalidad. Lo cierto, no obstante, es que Cataluña sigue siendo el país contrahecho que la mitad del Parlament fundó el 6 de septiembre.



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