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Juan Montabes

Opinión

Susana Díaz ante el nuevo proyecto socialdemócrata

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, este jueves en un acto en Málaga.
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, este jueves en un acto en Málaga. EFE

Después de casi tres años de interinidad política en la dirección del PSOE, los resultados de las primarias del pasado 21 de mayo, trazaron un nuevo liderazgo y un expectante modelo de organización para este partido acorde con la voluntad mayoritaria de sus afiliados.

El recurso a las elecciones primarias para la selección del secretario general del Partido Socialista con la participación de casi el 80% de sus miembros/afiliados (187.360 a 21 de mayo pasado) ha generado, por tercera vez en este partido, una profunda crisis poniendo en contraposición, como ya pasó en 1998 con la contienda entre Josep Borrell y Joaquín Almunia, la voluntad de su dirección frente a la voluntad de sus miembros.

Ahora, como entonces, el resultado sorprendente de estas elecciones, como diría Samuel Huntington, colocó al outsider de política de estas elecciones, Pedro Sánchez, en la máxima responsabilidad de la dirección del partido con el 50% de los votos. A la candidata que partía en las primeras posiciones de la pole apoyada por la práctica totalidad de la dirección de los últimos cuarenta años del partido, Susana Díaz, fue relegada por los militante socialistas a una segunda posición con el apoyo del 40% de ellos. En tercera y última posición quedó ubicado por los militantes el candidato Patxi López, como recurso de refuerzo o intermezzo entre los dos polos políticos concurrentes con el 10% de los apoyos. 

Se podría entender esta intensificación de la vertiente andaluza de Susana Díaz como un retorno obligado, aunque quizás no tanto ­deseado, a sus orígenes políticos e institucionales

Solo una semana después de ese domingo socialista sorprendente, la candidata sobrepasada por la voluntad de la opción que venía desde los aledaños del partido, retorna a sus cuarteles de invierno, convoca su ejecutiva regional, reúne al grupo parlamentario socialista, dialoga con su socio parlamentario de Ciudadanos, reúne el Comité Director del partido (día 29 de mayo) y  se presenta ante el Pleno del Parlamento con un segundo debate sobre la comunidad en siete meses a pesar de la periodicidad anual de los mismos establecida institucionalmente. Con este debate de la Comunidad, que según el art. 147 del reglamento del Parlamento de Andalucía deberá centrarse en la política general del Consejo de Gobierno y que tendrá una periodicidad anual, la Presidenta dará nuevamente la cara institucional de impulso de su actuación política para los próximos meses de ella misma y del Gobierno que presidía. Gobierno que a partir de ese momento tendrá solo una vida limitada ya que solo 24 horas después de concluir ese debate, y sin haberlo anunciado en él, generará una crisis interna remodelando el mismo con la sustitución de casi la mitad de sus componentes.

Con el impulso de esta política renovada, la Presidenta de la Junta de Andalucía y hasta hace unos días candidata a la Secretaría General de Partido Socialista Obrero Español, cambia radicalmente sus prioridades políticas desde la calle Ferraz de Madrid al Palacio de San Telmo y el Hospital de las Cinco Llagas en Sevilla (sedes de la Presidencia de la Junta y del Parlamento de Andalucía) truncadas con el edificio de la calle  San Vicente que acoge la sede regional del PSOE de Andalucía. Se podría entender esta intensificación de la vertiente andaluza de Susana Díaz como un retorno obligado, aunque quizás no tanto ­deseado, a sus orígenes políticos e institucionales, como una vuelta intensificada y concentrada a la política andaluza, pero no necesariamente como una retirada definitiva de la política estatal, tanto en su partido como en el ámbito institucional de gobierno de España.

Lo que acontezca en el Congreso Federal del PSOE y en el Congreso Regional del 29 y 30 julio, determinará en buena medida su lugar y proyección de ella y “los suyos” en el nuevo PSOE

El tándem de Secretaria General del PSOE de Andalucía y Presidenta de la Junta tendrá una dualidad reforzada recíprocamente en la medida en que los resultados electorales la avalen. Lo que acontezca en el Congreso Federal del PSOE del próximo sábado y domingo así como como en el Congreso Regional convocado para el 29 y 30 julio, determinará en buena medida su lugar y proyección de ella y “los suyos” en el nuevo PSOE en España y en Andalucía.

En la otra cara del mismo Leviathan concurrirán los resultados electorales que el PSOE-A obtenga en las próximas citas de comicios previsibles en esta Comunidad. De no producirse una disolución anticipada del Parlamento Andaluz ni de las Cortes Generales antes de los cuatro años para los que fueron elegidas estas asambleas, la próxima convocatoria electoral tendría lugar con motivo de las elecciones autonómicas previstas para la primavera de 2019 a las que  inmediatamente sucederían las municipales de mayo de ese mismo año y finalmente para la primavera/verano de 2020 las elecciones generales. Dispondría así la Presidenta de la Junta de Andalucía, en este previsible pero no invariable calendario electoral, de dos años para desarrollar las políticas institucionales que la refuercen en su vertiente andaluza antes de concurrir a la convocatoria electoral en la que se jugaría el resto de su capital político. Y en función de ese resultado se podrían afrontar con diferente perfil unos complicados y complejos comicios municipales con un sistema de partidos andaluz en plena recomposición.

El PSOE puede llegar a convertirse en el “oscuro objeto del deseo” tanto de sus propios militantes y electores como de sus contendientes políticos, especialmente de PODEMOS

La inmediatez de la política, tanto por las percepciones de sus resultados de gobierno, como por las permanencias, sustituciones y variaciones en la valoración de los diferentes liderazgos, así como por la progresiva desideologización de las posiciones de los gobernados especialmente en la socialdemocracia, determinarán la política de los próximos meses. En este contexto el PSOE puede llegar a convertirse en el “oscuro objeto del deseo” tanto de sus propios militantes y electores como de sus contendientes políticos, especialmente de PODEMOS, como se ha visto en estos últimos días en la presentación y desarrollo de la moción de censura, y, en menor medida, de CIUDADANOS en el ámbito estatal y de otras organizaciones ideológicamente dispares en las diferentes Comunidades Autónomas.

Especial envergadura reviste en la actualidad, como viene anunciándose desde hace al menos diez años, el contexto catalán en el que la previsible convocatoria del Referéndum de independencia va a colocar a todos los actores estatales y autonómicos a tomar posiciones. En ese contexto, y muy vinculado con lo que en el Congreso Federal del PSOE acontezca en estos próximos días, este partido bicentenario deberá tomar posiciones singulares en las que pueden volver a presentarse visiones fragmentadas entre el nuevo Secretario General y la  Secretaria General del PSOE en Andalucía, con las consecuentes repercusiones para el propio proceso y para el partido.

Los treinta y cinco años que el PSOE-A lleva obteniendo en Andalucía mayorías absolutas y relativas, con solo una pérdida de esas  diez elecciones autonómicas -2012-, la sucesión de los liderazgos socialistas en esta Comunidad –combinados con proyecciones estatales pre o post ejercicios andaluces de los los mismos-, podrían verse en estos momentos atenazados por los cambios en el sistema de partidos así como en la construcción y mantenimiento de los mismos, y por la revitalización del proyecto socialdemócrata en este nuevo mundo del siglo XXI también vigente en Andalucía.  



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