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Miguel Ángel Belloso

Opinión

Errejón, ese lobo con piel falsa de cordero

Íñigo Errejón.
Íñigo Errejón. EFE

Iñigo Errejón, que es un genuino radical antisistema con aspecto de no haber hecho la primera comunión, encabezará un nuevo partido, que se llamará Más País, porque para esta gente nacida del infame 15-M y reivindicada como Podemos -dejemos el infantilismo correcto de Unidas que ahora precede el nombre del partido más obsceno de la política nacional-, España no existe.

España como nación, España como Estado, ha sido siempre un insulto, una ofensa para la comunidad de izquierdas a la que dicen representar. ¿Y para qué se postula Errejón? Pues básicamente para vengarse de Pablo Iglesias, su antiguo padre putativo, y para ofrecer sus votos al presidente en funciones Pedro Sánchez a fin de conformar, pasadas las elecciones, un gobierno progresista, con clara vocación verde, transversal y socialdemócrata, que es lo que, a su juicio, ha impedido el actual líder de Podemos.

Todo este planteamiento, sin embargo, nada entre lo cómico y lo grotesco. Errejón detesta la socialdemocracia, en el fondo y en la forma, porque es un leninista de formación y, lo que es peor, de convencimiento. De manera que esta última maniobra es una operación táctica para presentarse como moderado quien jamás lo ha sido, y para pasar como civilizado a alguien como él que ha declarado reiteradamente la guerra al capitalismo, a la economía de libre mercado y a las sociedades abiertas.

Errejón es el mismo bicho que Iglesias, solo que sin el ceño fruncido; ofrece su aire precomunión en lugar de la coleta deshilachada del de Galapagar, y se viste a veces con unas americanas que no son de Alcampo y cuyas mangas no le tapan los dedos, como al marido gañán de Irene Montero.

Iglesias es un tipo siempre enfadado, soberbio y desagradable. Errejón es como el hijo repipi que todavía no ha recibido la primera hostia"

Errejón, como Iglesias, está convencido de que hay que transformar el mundo estupendo que ha fraguado el capitalismo, que ha sido capaz de reducir la pobreza y la desigualdad a niveles históricos, y de crear un progreso material y humano difícilmente imaginable y concebible para los enemigos de la libertad.

Esto es lo que más les jode a Iglesias y también a Errejón, y por eso, desde este parto de los montes que es Más País, el nuevo querubín de la izquierda antisistema, debidamente blanqueada, intentará, primero, presentarse como falsamente moderado y transversal, para después, quizá defenestrado Iglesias, ayudar a Sánchez a formar un gobierno progresista, es decir, un gobierno con condiciones y potencia de fuego suficiente como para destruir la economía, ya maltrecha, y empeorar las condiciones de vida de los ciudadanos. 

Si me preguntase usted, querido lector, a quién prefiero, si a Iglesias o a Errejón, le diría que a este último, pero solo por razones estéticas. Iglesias es un tipo siempre enfadado, soberbio y desagradable. Errejón es como el hijo repipi que todavía no ha recibido la primera hostia. Dicho esto, ese aspecto físicamente angelical, no resta un ápice a la peligrosidad de su ideario, la filosofía que le inspira, y la acción que, dado el momento, le pediría el cuerpo. 

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