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Roger Senserrich

Opinión

Colosos tecnológicos y riesgos sociales

Aunque Apple no es la primera compañía en alcanzar el billón de dólares en capitalización bursátil en Estados Unidos, es una cifra significativa por varios motivos

Un edificio de Apple
Un edificio de Apple

La efeméride económica de esta semana ha sido Apple superando el billón de dólares en capitalización bursátil. Aunque no es la primera compañía en alcanzar esta cifra en Estados Unidos (ajustando por inflación, es muy probable que Standard Oil fuera más valiosa) y Petrochina llegó a alcanzar el $1,7 billones en valoración allá por el 2007 (en una burbuja épica), es una cifra significativa por varios motivos, tanto políticos como económicos.

Para empezar, Apple es obviamente una empresa excepcional. Que una compañía sea capaz de generar $40.000 millones de beneficio anualmente en un sector tan excepcionalmente competitivo como es la telefonía móvil exige un talento y capacidad de gestión descomunales. Apple tiene productos innovadores, pero lo que marca la diferencia respecto a otros fabricantes es la tremenda atención al detalle en toda la cadena de producción de la compañía, desde la mesa de diseño a sus tiendas. Apple raramente es la primera compañía en introducir nuevas funciones a sus teléfonos, pero es casi invariablemente la primera compañía que las implementa bien. La lealtad y devoción de sus usuarios, aunque cómica, está más que justificada.

Muchos de los artículos hablando de este hito histórico se han apresurado a señalar que Apple es un primus inter pares en el quinteto de empresas tecnológicas que dominan la clasificación de capitalización bursátil. Es muy probable que a corto plazo Alphabet (Google), Microsoft, Amazon o incluso Facebook (incluso tras el batacazo de esta semana) alcancen el billón de dólares de valoración. Dice mucho de la vitalidad económica y capacidad de innovación de Estados Unidos que las cinco grandes sean compañías americanas, pero hay un detalle que no debería escaparse al hablar de ellas: Apple es la única opera en un mercado competitivo.

Aunque intenten disfrazarse de otra manera, Google y Facebook son dos agencias de publicidad glorificadas. Google pretende vender subscripciones a su versión de Office de vez en cuando y se dedica a fundirse montones de dinero intentando construir coches sin conductor, pero donde se gana el sueldo es con anuncios. Facebook, cuando no está permitiendo que extremistas por todo el mundo usen su plataforma para destruir procesos electorales, se gana la vida poniéndote anuncios sobre cosas teóricamente relevantes intercalados con fotos de tu primo en la playa. Entre las dos empresas manejan más del 61% de todo el gasto en publicidad en internet en el mundo. Su competidor más cercano en Estados Unidos (Amazon), no llega a un 5% del mercado. Son un duopolio a todos los efectos, con una posición dominante descomunal, casi imposible de romper.

La brutal extinción de la prensa local y regional en todo el mundo, y la larga agonía de los medios nacionales que no pueden recurrir a subscripciones son el resultado directo de este duopolio"

Esto tiene consecuencias tangibles para todos esos negocios que hasta ahora dependían de vender publicidad para sobrevivir, léase periódicos. Dado que Facebook y Google son tan absurdamente grandes y tienen acceso a tal cantidad de datos sobre sus usuarios, los medios de comunicación tradicionales no pueden competir de forma eficaz. Si un anunciante quiere llegar a gente Google y Facebook siempre van a tener mejores precios, ya que ninguna de las dos tiene que gastarse un duro para generar contenidos, y son tan grandes que sus costes marginales son prácticamente cero. La brutal extinción de la prensa local y regional en todo el mundo, y la larga agonía de los medios nacionales que no pueden recurrir a subscripciones son el resultado directo de este duopolio. A estas alturas, es casi imposible de sobrevivir en internet con un modelo únicamente basado en publicidad.

Amazon, por su parte, va camino de convertirse en un monopolio de facto en ventas por internet. En Estados Unidos, donde es más dominante, tiene un 49% de cuota de mercado, una cifra que no ha dejado de aumentar en la última década. Jeff Bezos ha poco menos que aniquilado la competencia online (su competidor más cercano es Ebay, que no llega al 7%), y no parece conformarse con ello, apostando cada vez más por competir fuera de internet. Amazon está lejos de WalMart, pero en el mercado de venta minorista que dos o tres empresas controlen un tercio del mercado bastarían para hacerlo mucho menos competitivo de lo que ya es ahora. Estudios recientes han señalado que WalMart, por su enorme tamaño, ha sido capaz de deprimir por sí sola los salarios allí donde se instala; Amazon está empezando a tener un efecto parecido.

Qué decir de Microsoft y su monopolio de facto en el mercado de sistemas operativos, con más de un 90% del mercado. Aunque tras sus batallas con la administración Clinton ahora se comportan menos como un tirano y más como una burocracia benevolente, la compañía sigue siendo capaz de extraer rentas descomunales gracias a su control de Office y Windows, y el hecho que cualquiera que quiera hacer cualquier cosa en un PC acaba por tener que usar su software. A pesar de que en el mercado hay alternativas completamente gratuitas a sus productos (Linux, LibreOffice…), todos acabamos pasado por el aro igual, una señal inequívoca del peso de los efectos de red en tecnología. Por mucho que el software que producen sea a menudo excelente, quienes definen la informática hoy son ellos.

Una empresa joven en Silicon Valley no aspira ya a ser "el nuevo Google", porque Google es completamente inamovible a estas alturas"

Facebook y Google son los guardias de tráfico de prácticamente toda internet; Amazon define cada vez más qué compramos en ella; Microsoft cómo usamos los ordenadores, de arriba abajo. Gracias a esta posición privilegiada, estas cuatro compañías han hecho a sus accionistas inmensamente ricos, han creado unas barreras a la entrada casi insuperables, y secado de recursos todo el sector. Una empresa joven en Silicon Valley no aspira ya a ser “el nuevo Google”, porque Google es completamente inamovible a estas alturas, sino a que una de las cuatro grandes les compre el chiringuito antes de que se queden sin dinero.

Que cuatro de las cinco empresas más grandes del mundo sean monopolios o casi-monopolios que controlan un sector crucial no sólo de la economía, sino de cómo nos relacionamos con el mundo, es algo que exige una reflexión. En tiempos pasados, cuando los partidos de derechas se tomaban en serio el capitalismo y los de izquierda sabían algo de economía, los gobiernos intentaban mantener mercados competitivos y romper monopolios. Estos días nadie aparte de la comisión europea parece querer tomarse esto en serio, y es muy dudoso que puedan ir más allá de multas ocasionales sin apoyo político decidido.

Apple es inmensamente rica porque compiten mejor que nadie. Sus colegas de Silicon Valley lo son porque han hecho imposible competir. Quizás va siendo hora de que los gobernantes a uno y otro lado del charco se planteen sinceramente intervenir en estos mercados, y ponerse a romper o regular duramente estos nuevos colosos empresariales.



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