Mémesis

Locuras de amor

Secuestrar un avión, robar un banco, recorrer medio mundo en bicicleta, construir un palacio… ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amor?

Lo que necesitas es amor...
Lo que necesitas es amor... Twitter/ Proscojoncio

Cabina de un Airbus320 con algo más de 50 pasajeros cubriendo la ruta Alejandría a El Cairo y de repente un pasajero deja su asiento y amenaza con hacer detonar el cinturón que lleva adosado a su cuerpo si no habla con el comandante de la aeronave. Su requerimiento desviar el avión al aeropuerto internacional de Larnaca en Chipre, a escasos kilómetros de donde vive su mujer, su amada.

Finalmente, y felizmente, el susto quedó en el intento de Seif al Din Mustafa, de origen egipcio, y quizás preso de una locura transitoria, de entregar a su mujer de origen chipriota, una carta la cual ha arrojado desde el avión con el objeto de conseguir lo que su enajenación amorosa o no, le dictaba.

La noticia no hubiera ocupado portadas ni TT en Redes Sociales, si no estuviésemos todos atenazados ante las amenazas constantes que en la actualidad vivimos por una virulenta escalada de terrorismo, si bien el final por extraño e incluso inesperado, ha deparado el que pensásemos en aquello de qué seríamos capaces de hacer por amor.

¿Y cuáles son los límites del ser humano ante el amor?

La Historia está llena de pequeños relatos en distintos tiempos, lugares y culturas que nos han trasladado hasta nuestros días la imprudencia, insensatez, disparate, barbaridad, excentricidad, y absurdo que ante el amor cometen algunos personajes históricos, casi siempre varones ellos.

Como aquel rey de Portugal, Pedro I, que se enamoró de Inés, la dama de compañía de su esposa y su padre, rey por entonces, le dio muerte a la amante provocando la ira de su primogénito para que éste, después, declarase la guerra a su propio progenitor. O de aquel emperador del Gran Imperio Mongol, Shah Jehah, que por el s. XVII mandó construir el Taj Mahal en cumplimiento de la promesa que hizo a su esposa Mumtaz Mahal en el lecho de muerta. O Dante, en el s.XIV, que recreó su Divina Comedia en sus imaginarios pasajes por el infierno y purgatorio en busca de su amor platónico, Beatrice Portinari. O Mark Twain que escribió durante 2 años, ante su rechazo, cartas a diario a la que finalmente fue su esposa…

Pero, ¿qué cosas somos capaces de hacer por amor en la era Moderna?

Amor asfixiado

Nada hacía esperar a Hu Seng, un joven chino de la ciudad de Chongging, que su novia aquel día tardaría en llegar algo más de 3 horas y no los 30 minutos en los que habitualmente se personaba en su lugar de trabajo.

Y así fue como Li Wang, la novia, una vez llegó a su oficina, se propuso abrir aquel paquete, compuesto con esmero, dirigido a ella y llevarse aquella inesperada e incluso macabra sorpresa en forma de novio inconsciente dentro de la caja.

Gracias a la rápida intervención de los servicios sanitarios pudieron reanimar al joven exhausto, no por el amor, si no por la falta de aire.

Una vez recuperados sus ritmos corporales declaró: “Traté de hacer un agujero en el cartón, pero era demasiado duro y no quería arruinar la sorpresa gritando”.

La caja, el precinto y el amor triunfaron sobre la razón.

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Amor sin fronteras

PK Mahanandia, un artista indio, siempre estuvo temeroso de la profecía que su madre le había dicho tiempo atrás: "Algún día te casarás con una mujer de signo zodiacal Tauro, que llegará de una tierra muy lejana, que le gustará la música y será dueña de una selva".

En el invierno de 1975 una mujer se sentó en aquel viejo taburete en el que los turistas descansaban mientras él realizaba sus retratos. Se llamaba Charlotte Von Shedvin y se encontraba realizando con sus amigos el 'sendero Hippie', también conocido como The Overland.

PK Mahanandia era un joven artista con cierta reputación en círculos sociales de la ciudad de Delhi —así como en la prensa local— a pesar de ser un 'dalit', la más baja categoría dentro de la jerarquía de castas existentes en la India.

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Pero aquel día, en cuanto Charlotte tomó asiento, supo que estaba ante la mujer que su madre profetizaba; un amor a primera vista que hizo que su arte dejara de serlo en ese día y el siguiente, cuando ella volvió, no satisfecha con el primer retrato a su improvisado estudio. Así terminó de fraguarse el inicio de su historia de amor, más aún cuando ella le confirmó que poseía un bosque, tocaba el piano y que su signo de zodiaco era…Tauro.

Aquella parada en su viaje llevó a Charlotte visitar Orissa, en el este de la India y poder conocer a la familia de PK Mahanandia. Tal fue la pasional efervescencia que el padre bendijo aquella unión, casándose finalmente mediante la tradición tribal, vestida ella con un sari (prenda tradicional india).

Ella debía continuar su camino a través de aquella ruta deseada pero se hicieron prometer que se encontrarían lo antes posible en la ciudad de ella, Boras, en Suecia. Durante el primer año no tuvieron más remedio que mantener su amor a base de correspondencia hasta que él, sin recurso alguno, decidió poner fin a aquella distancia.

Cargado con sus lápices y demás útiles de pintura y una vieja bicicleta decidió emprender su viaje a Europa. Era un 22 de enero de 1977. Así fue como un 28 de mayo de ese mismo año, con una media de 70 km al día y subsistiendo gracias a los retratos que iba pintando en cada lugar por los que pasaba, llegó a Europa para finalmente coger un tren que lo llevaría a Gotemburgo para encontrarse con su profético amor.

Finalmente y a pesar de las diferencias culturales, los padres de Charlotte aceptaron el amor de su hija con aquel “artista llegado en bicicleta”.

Actualmente viven juntos con sus dos hijos en Suecia y él continúa trabajando como artista mientras su vieja bicicleta descansa oxidada en un rincón de su estudio entre caballetes y viejas láminas.

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