Lo que son las cosas. Publicaba ayer El País en su página 10 una noticia que advertía del cierre del último diario de la oposición de Hong Kong. En el texto, explicaba: “El pasado jueves fueron detenidos el director del periódico, Ryan Law, y el consejero delegado, Cheung Kim-hung, así como otros tres altos cargos del tabloide. Law y Cheung fueron acusados formalmente el viernes de colaboración con las fuerzas extranjeras”.

En la misma edición del periódico, aparecía un cuadernillo de ocho páginas (un folleto) que había sido elaborado por China Daily, es decir, por una de las herramientas propagandísticas del régimen del país asiático que está controlada por el Partido Comunista.

Los contenidos rozaban lo obsceno: loas a la industria y el comercio exterior chino, un reportaje turístico, un par de artículos sobre la economía sostenible del país que más contamina y una entrañable crónica sobre la migración de una familia de elegantes. El libelo estaba encabezado con una frase: “Todo lo que necesitas saber”. Sin duda, una acertada afirmación para definir la política de comunicación de cualquier dictadura.

Es curiosa la ceguera interesada que existe con China por parte de algunos de quienes fueron más críticos con el imperialismo estadounidense. Ahí está José Luis Rodríguez Zapatero, quien declinó levantarse al paso de la bandera del país norteamericano en el conocido desfile de las Fuerzas Armadas, pero que no dudó el pasado marzo en escribir un artículo en el citado panfleto para loar las virtudes de la república popular. Sobre su dudoso respeto a las libertades y sus maniobras de estrangulamiento a sus enemigos políticos y comerciales, ni una palabra.

Sería estúpido pensar que hay muchos ciudadanos dispuestos a rechazar un cheque en blanco a cambio de renunciar a sus principios, pues el dinero tiene más capacidad de mover montañas que la fe. Por eso la prensa nunca ha sido independiente, ni lo será, pues a veces sale más a cuenta censurar a un periodista para mantener vivo un periódico que irse a la ruina a cambio de contar todas las verdades. Sería deseable que el mundo fuera diferente. También la condición humana. Pero las reglas del juego indican claramente que cualquier escándalo puede ser metido en un cajón a cambio de una buena suma monetaria. Quizás no queda muy estético reconocerlo, pero decir lo contrario sería hipócrita y falaz. El fenómeno ha sido común en los medios históricamente.

La dictadura china y otros ejemplos

Lo que ha hecho El País este jueves no es nuevo, pues ya lo hizo cuando el 'tiburón' de Wall Street Nicolas Berggruen invirtió 650 millones de euros en Prisa a través de Liberty. El 17 de septiembre de 2015, el diario publicó una entrevista al filántropo -que era más multimillonario que filántropo- con el título: “Buscamos buenas ideas para ayudar al mundo”.

Un tiempo antes, el Comité de Redacción del periódico denunció la censura de informaciones que denunciaban las condiciones de semi-esclavitud a las que se somete a los trabajadores extranjeros que han sido contratados para construir los estadios para el Mundial de Fútbol de Catar. El 23 de diciembre de 2015 se confirmaba la entrada de un fondo de inversión de ese Estado (International Media Group) en Prisa, tras suscribir una ampliación de capital por 64 millones de euros.

Si hay algo que abunda en las redacciones son los 'románticos de la profesión', quienes siempre se muestran dispuestos a cantar las alabanzas al periodismo y a aquellos que contribuyen a hacer un país más limpio y mejor a través de sus informaciones. Su discurso es tramposo pues, a la hora de la verdad, el dinero manda. Sin ir más lejos, quedará para el recuerdo el 25 de mayo de 2020, cuando todos los periódicos nacionales aparecieron en el quiosco con el encartado, en portada, de la campaña de publicidad institucional que afirmaba: “Juntos salimos más fuertes”. Era una gran mentira que convenía recitar al Ejecutivo tras el primer estado de alarma y que pocos medios -como el diario Avisos- se negaron a difundir, pues se pagó por encima de la media.

Estos son los engranajes sobre los que se mueven las empresas informativas y los que llevan al periódico más vendido en España a publicar un libelo de ocho páginas favorable a los intereses de una dictadura. No deja de resultar curioso que lo hagan quienes han defendido los indultos por la concordia y la libertad. ¿Libertad, dónde? ¿En todo el mundo o sólo aquí o allá?

Tampoco conviene centrar el tiro sólo en El País. En el fondo, cosas así las harían todos los medios. Negarlo sería mentir.