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Rubén Arranz

Opinión

Soraya, ya no te puedes esconder en La Sexta y en El País

La exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.
La exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. EFE

Explicaba recientemente un diputado que la política es el arte de saber evitar a la parca. Cada cierto tiempo, las aguas se revuelven en los partidos, se inician las hostilidades y comienzan los disparos. Quien no encuentra un buen refugio, puede darse por muerto. “Yo ya he sobrevivido a varias purgas, pero nada me dice que no pueda caer en la siguiente”, afirmaba.

Los clarines y timbales de cambio de tercio sonaron en Génova 13 el pasado 5 de junio después de que Mariano Rajoy anunciara su intención de abandonar el sillón que heredó de José María Aznar y se cortarse la coleta. Como los procesos de transición no tienen por qué implicar catarsis en las formaciones políticas, pronto se ofrecieron para sucederle algunas de las personas que más han contribuido a agravar los males de los populares, que han llevado al partido a perder 3 millones de votos entre 2011 y 2016. Entre las candidatas que optarán a relevar a Rajoy se encuentra Soraya Sáenz de Santamaría, a quien las armas mediáticas que utilizó como vicepresidenta le serán de escasa utilidad en esta batalla.

A la vallisoletana le persigue una leyenda incómoda: durante los últimos años, ha sido un mirlo blanco para algunos de los medios de izquierdas más influyentes, pero una viuda negra para gran parte de su partido, algo que no jugará precisamente a su favor en el próximo cónclave de los populares. La política tiene adosada la sombra de la sospecha y será difícil que se deshaga de ella en el momento en el que se desate el tiroteo en el O.K. Corral, algo que ocurrirá tarde o temprano. Siempre pasa cuando varios enemigos políticos compiten por el mismo trono.

Sáenz de Santamaría fue durante más de seis años la número 2 de un Gobierno al que se atribuyó erróneamente un escaso interés en influir en los medios de comunicación. Mientras los lectores de prensa desayunaban con esta afirmación y se decía que Rajoy sólo leía el Marca, varias de las grandes cabeceras cambiaban de director, se repartían argumentarios entre periodistas y tertulianos afines; y se creaban 'brigadas' de informadores para disparar a los enemigos políticos. Este negocio funciona así: en la política y en la prensa, todos hablan de la necesidad de ser ejemplar, pero quien más, quien menos, se deja rascar la barriga o lanza un piropo a quien tiene por encima. O por debajo.

Algo huele a podrido...

Nada haría sospechar que alguien ha puesto veneno en la comida si no enfermaran todos los comensales menos uno. Mientras los medios más críticos apuntaban hacia insignes miembros del Ejecutivo y del PP, la vicepresidenta salía indemne de la mayoría de los ataques, cosa curiosa si se tiene en cuenta que ha estado a la cabeza de operaciones desastrosas, como la que intentó buscar solución al conflicto catalán al inicio de la legislatura. Desde luego, el nivel de crítica a adversarios como García Margallo o De Cospedal ha sido bastante mayor en estos medios.

No resultará fácil que en la militancia obvien el efecto que han tenido sobre el partido las amistades mediáticas peligrosas de la exvicepresidenta.

Dentro del partido, es un secreto a voces que una buena parte de la militancia está en su contra y se pregunta el porqué de su buena sintonía con la izquierda mediática, la que tantos tiros de gracia ha pegado entre sus dirigentes. A Sáenz de Santamaría le acusan de ser una outsider que siempre se ha aislado entre funcionarios de alto nivel y que “no se ha trabajado nada las bases”. Por esta razón, generan suspicacias encuestas como la que difundió La Sexta el pasado 11 de junio, que la situaba como la preferida de los votantes del PP para suceder a Mariano Rajoy (43,2%), muy por delante de Alberto Núñez Feijóo (30,3%), de Ana Pastor (7,9%) y de María Dolores de Cospedal (7,1%).

No en pocas ocasiones, estos barómetros han evitado que su imagen política se viera salpicada por la sangre de las guerras internas. Eso sí, las fuentes del PP consultadas coinciden en señalar que, de cara al próximo Congreso de los populares, no le ayudará especialmente tener de su lado a la "prensa" que se ha posicionado del lado de Pedro Sánchez. O en contra de sus adversarios en el PP.

Conviene recordar que el anterior Gobierno y el duopolio televisivo mantuvieron una guerra allá por 2015 que se inició después de que el Tribunal Supremo cerrara nueve canales de la TDT. José Manuel Soria fue el principal señalado en ese caso, pero no así la vicepresidenta, cuya imagen no sufrió excesivos daños en ese momento pese a ser la portavoz del Ejecutivo. Los ataques en estas cadenas generalmente iban dirigidos al PP y a otros ministros, pese a la enorme cuota de poder que aglutinaba la 'vice', interlocutora con los principales ejecutivos de estas empresas. Siempre ha ocurrido igual.

Los tiempos cambian

La exvicepresidenta ha perdido en los últimos tiempos una importante conexión mediática, como es Juan Luis Cebrián, con quien mantuvo una amistad que sorprendió a propios y a extraños. Cuentan fuentes del Consejo de Administración de Prisa que, a finales de 2016, Cebrián mantuvo una reunión con el dueño del fondo buitre –Amber Capital- que conspiraba para apartarle de la presidencia del grupo. En un momento de aquel encuentro, el periodista y académico, visiblemente molesto por la hostilidad de sus interlocutores, avisó de que Sáenz de Santamaría defendía su continuidad como líder de Prisa. Es decir, la vicepresidenta que más poder ha llegado a acumular le respaldaba. Evidentemente, por el provecho que podía sacar de aquella amistad.

La anécdota permite entrever una realidad que nunca antes se había producido: el acercamiento del Grupo Prisa a un Gobierno del Partido Popular y su sumo respeto hacia Sáenz de Santamaría. Ahora bien, visto lo visto, resultará casi imposible que esta alianza se mantenga intacta, puesto que, por un lado, la vallisoletana ya no tiene mando en plaza y, por otro, en el Grupo Prisa han caído en la cuenta de que dejar de ser socialistas es un error, especialmente si en Moncloa reside un presidente del PSOE. Desde luego, las cosas pueden cambiar de un día para otro; y lo que ayer era blanco puede convertirse en negro.

Para la militancia popular, no resultará fácil obviar el efecto que han tenido sobre el partido las amistades peligrosas de Sáenz de Santamaría, lo que perjudica las opciones de esta abogada del Estado de mantenerse en primera línea política y, por ende, de 'los sorayos', ese grupo de diputados populares que asumió el peso de la oposición contra Rodríguez Zapatero y fue clave en el posterior Ejecutivo de Rajoy. Así lo remarcan estos días desde sus filas enemigas, donde se empeñan en recordar que Sáenz de Santamaría tuvo bajo su control el CNI y acceso privilegiado a información que -no tienen duda- es capaz de derribar a sus enemigos políticos. "No sería de extrañar que en los próximos días se desaten las hostilidades entre candidatos y aparezca alguna noticia perjudicial para Pablo Casado; o de Cospedal y su entorno", inciden desde el partido.

E insisten: "hoy por hoy, no se puede descartar el triunfo de cualquiera de los tres, aunque todos tienen puntos débiles que pueden dar al traste con sus aspiraciones. El de Soraya es la desconfianza que despierta en el militante de base, de perfil más conservador".

"Hoy por hoy, no se puede descartar el triunfo de cualquiera de los tres, aunque todos tienen puntos débiles que pueden dar al traste con sus aspiraciones. El de Soraya es la desconfianza que despierta en el militante de base"

Lo que parece claro es que las armas que sirven para ganar algunas guerras, resultan inútiles en determinadas batallas. Quien ejerciera de 'vicetodo' supo moverse como pez en el agua entre la prensa tradicionalmente hostil con el PP y forjó amistades que le sirvieron para salir airosa de varias batallas internas.

Pero desprende un tufillo insoportable el hecho de que Sáenz de Santamaría reciba muchas menos críticas que el resto del partido en las televisiones y los digitales que martillean a diario con la corrupción de los populares, que analizan cada arista de sus conflictos internos, que mantienen una línea editorial afín al progresismo y a sus lobbies; y que ahora se ha alineado con el Ejecutivo de Sánchez. Algo huele a podrido en Dinamarca.



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