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Rubén Arranz

Opinión

Pedro Sánchez y Rosa María Mateo se ríen de todos con el debate electoral

La administradora única provisional de RTVE, Rosa Maria Mateo.
La administradora única provisional de RTVE, Rosa Maria Mateo. EFE

Si entre crédulos y cándidos había alguna duda de que RTVE es un ministerio más del Gobierno, este jueves se ha despejado después de que Rosa María Mateo haya concedido bula papal a Pedro Sánchez para que utilice la televisión pública como arma de guerra, dentro de la campaña electoral. El presidente trata de zafarse desde hace un par de días del debate a cuatro bandas que le ha propuesto Atresmedia, que está previsto para el próximo martes. Es decir, para un día después de la celebración del que organizará TVE, al que sí acudirá. A sabiendas de estos hechos, el equipo de Mateo ha difundido hace unas horas un comunicado en el que expresa su disposición a contra-programar la cita convocada por la dueña de Antena 3 y La Sexta, a la que Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera ya habían confirmado su asistencia. En otras palabras, la presidenta de la corporación ha recibido una petición del PSOE y ha pronunciado un 'sí bwana'.

No es casualidad que una de las primeras decisiones que tomó el PSOE, tras el triunfo de la moción de censura, fuera impulsar un Real Decreto por la vía urgente para poder situar al frente de Radiotelevisión Española a una persona de su confianza. Ésa es Rosa María Mateo, una señora que hasta el pasado verano estaba en su casa, cultivando su jardín y disfrutando de su retiro dorado -ella misma lo dijo en el Parlamento en septiembre- y que, por expreso deseo de Moncloa, fue repescada y ubicada al frente de un servicio público que maneja un presupuesto anual de 1.000 millones de euros.

Los resultados de su gestión saltan a la vista: la audiencia de sus canales de televisión está hundida y su credibilidad ha vuelto a quedar en entredicho después de que se haya confirmado que el presidente del Gobierno se mueve por los despachos de Torrespaña como Pedro por su casa. Nunca mejor dicho.

Debate sin Vox

Conviene recordar que a esta situación se ha llegado porque la Junta Electoral Central prohibió la celebración de un debate a cinco bandas en Atresmedia, en el que estaba prevista la participación de Santiago Abascal. Lo hizo porque Vox no cumple la condición de ser un “grupo político significativo”, que se adquiere al obtener un mínimo del 5% de los votos en unos comicios de ámbito general. Es decir, podría participar en un debate entre cabezas de lista de Andalucía, pero no en uno que incluya a los candidatos a la presidencia del Gobierno, tal y como se describe en la resolución.

Pedro Sánchez confirmó su asistencia a ese coloquio porque incluía la presencia de Abascal, al contrario del que le había propuesto RTVE, donde sólo iban a acudir de invitados los candidatos del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos. Es decir, el presidente tiró a la papelera la propuesta que le remitió Televisión Española y dejó a Rosa María Mateo en la estacada, demostrando, una vez más, que este servicio público se la trae al pairo. Por cierto, al igual que otros, como el CIS, Paradores o Correos, donde colocó a delfines de su partido (Tezanos, Óscar López y Juan Manuel Serrano), sin atender a las necesidades de estas entidades. Impresentable.

El caso es que, una vez el PSOE conoció que Vox no iba a participar en el coloquio de Atresmedia, decidió aceptar la invitación de RTVE, quizá temeroso de que los dardos que en el debate iban a ir dirigidos a Abascal -en las antípodas ideológicas de Podemos y con el que PP y Ciudadanos se disputan el voto- podrían encaminarse hacia su atril. Y no es lo mismo que eso se vea en Antena 3, con un público de perfil de centro-derecha, donde Casado y Rivera pueden pescar votos, que sólo en RTVE, de donde los televidentes conservadores huyeron hace unos cuantos meses.

Por cierto, que en Atresmedia tienen un cabreo de narices con Sánchez. Tal es así, que esta mañana, en Espejo Público, eran seis personas las que despotricaban contra el presidente alrededor de una mesa de debate. Y en sus altos despachos hay un evidente malestar.

La incomprensible decisión de Mateo, de ofrecerse a mover el debate electoral al martes, ha irritado dentro de RTVE.

La incomprensible decisión de Mateo de ofrecerse a mover el debate electoral al martes ha irritado dentro de RTVE. Los Consejos de Informativos han expresado su rechazo a esta medida, al igual que el sindicato UGT, con el que ha contactado este periódico. El propio moderador del debate, Xabier Fortes, ha mostrado su desacuerdo al respecto, al considerar que el ofrecimiento de la administradora única provisional al PSOE -al que apoyó públicamente en las elecciones generales de 2011- pone en entredicho la independencia de RTVE.

Todos estos acontecimientos dejan muy tocada a Rosa María Mateo dentro de la corporación. De hecho, su burdo alineamiento con el PSOE en este asunto, unido a los malos datos de audiencia de la corporación y a las grietas que han surgido en su equipo de confianza, en gran parte, como consecuencia de su forma despótica de dirigir RTVE, deberían conllevar su dimisión. Si después de esta larga lista de desatinos no se produce, es porque desde Moncloa existe un especial interés por disponer de una mano amiga al mando de Televisión Española. O, lo que es lo mismo, por tener a su servicio un medio de comunicación que pagan todos los españoles.

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