El desmantelamiento en Santa Cruz de Tenerife del primer taller clandestino de España dedicado a la fabricación de armas con impresoras de tres dimensiones (3D), dado a conocer la semana pasada por la Policía Nacional, ha puesto de relieve una de las amenazas emergentes que más preocupa a las fuerzas de seguridad de toda Europa: 'lobos solitarios', grupos terroristas u organizaciones criminales pueden tener acceso a la fabricación de armamento con dispositivos de impresión 3D que cuestan en el mercado menos de 300 euros y con manuales que están al alcance casi de cualquiera que sepa manejarse en la 'deep web' e incluso en la Red abierta.

Y es que antes de la detención en Tenerife del responsable del primer taller clandestino desmantelado en España, ya se han dado casos similares en otros países de Europa. En Reino Unido, un joven de 26 años fue condenado por intentar fabricar un arma con impresoras 3D en 2019. Y en octubre de ese mismo año un hombre de ideología neonazi mataba a dos personas en un atentado perpetrado en la sinagoga de la ciudad alemana de Halle con armas fabricadas con una impresora 3D.

"Más que de futuro es una amenaza de presente y es uno de los asuntos que más preocupa", indica el Jefe de Grupo de Tráfico Ilícito de Armas de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional en declaraciones a Vozpópuli. "Conseguir con una impresora 3D las piezas necesarias para fabricar armas que no están sometidas a ningún control, ni aparecen en ningún registro nacional de armas, es ya una realidad que puede hacer saltar por los aires el control de armas", añade este oficial bajo condición de anonimato por cuestiones operativas.

El equipo que este agente comanda lideró durante un año las investigaciones que culminaron en septiembre con la detención de un hombre, francés y de padres españoles, que en su taller clandestino de Tenerife había fabricado ya 19 armazones de armas cortas y casi todas las piezas necesarias para hacerlas funcionar; como varillas, alzas, puntos de mira, disparadores, muelles y percutores.

También ocultaba, además de dos impresoras 3D y once bobinas de filamento para imprimir, nueve cargadores, dos silenciadores, dos correderas de arma corta sin numeración, dos piezas para estriar cañones, dos agujas percutoras, una réplica de fusil de asalto AR-15 de Airsoft, una carabina con mira telescópica, varios tubos metálicos para hacer cañones, un visor holográfico y un molde de plástico para hacer armazones. Un arsenal al que sumaba dos pistolas táser, cinco cuchillos, un machete y una katana. También sustancias químicas susceptibles de ser utilizadas en la elaboración de artefactos explosivos como pólvora negra, aluminio, nitrato o acetona.

Planos y software en la 'deep web'

Además, tenía los planos para replicar con una impresora 3D un fusil de asalto AR-15 americano, arma que estaba intentado fabricar cuando fue arrestado por la Policía Nacional., y 30 manuales sobre terrorismo y guerrilla urbana (entre ellos 'The Terrorist Handbook') y varios documentos sobre la fabricación casera de explosivos, sobre el uso y manejo de armas de fuego. Manuales obtenidos a través de la 'deep web' que empiezan a difundirse también por la red abierta.

"Las impresoras 3D son una tecnología que, como el resto, en principio es neutra, pero en el caso que nos ocupa tenemos puestos los ojos todas las policías europeas porque es una amenaza que desmantela todo el sistema que existe actualmente para el control de armas y que hasta ahora ha resultado bastante efectivo", indica Jefe de Grupo de Tráfico Ilícito de Armas de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional.

Precisamente una inspectora una inspectora de la Comisaría General de Información, como representante de España, lidera un grupo de trabajo de las policías europeas, dentro de la plataforma EMPACT FIREARMS, dedicada a combatir amenazas emergentes en este ámbito y, concretamente, la respuesta a la amenaza que supone la impresión tridimensional de armas de fuego.

Dentro de las actividades planificadas en este ámbito está prevista la celebración, en el Complejo Policial de Canillas (Madrid) de la Policía Nacional, de un Congreso Internacional dedicado a las Armas de Fuego y Amenazas Emergentes en el Siglo XXI.

Respuesta legislativa y policial

"El objetivo es ver con el resto de policías de cada país cómo enfrentar esta amenaza a nivel de legislación, prevención y de actuación policial. No se trata de poner puertas al campo, pero sí de plantear cuestiones como establecer mecanismos de control a las impresoras 3D", indica el Jefe de Grupo de Tráfico Ilícito de Armas de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional.

Pone como ejemplo los drones, que al principio no tenían ningún control y ahora sí se les exige una licencia, un número o un código para poder volar. Además, este agente incluye un factor que puede ser tan determinante como imparable: el avance de la tecnología hará que además de imprimir en 3D piezas de plástico, como ocurre hasta ahora, llegue un momento en que los dispositivos que imprimen piezas tridimensionales metálicas estará generalizado.

Las armas fabricadas con plástico en impresoras 3D necesitan de una pieza de metal que es la aguja percutora. "No se puede disparar un arma como Liberator fabricada solo con piezas de plástico. Pero de aquí a dos, tres o cuatro años, cuando la tecnología madure y las impresoras metálicas estén a un precio asequible para el gran público es cuando la amenaza va a ser mucho más potente", concluye este responsable policial.