Este martes no era un día normal en un bufete de abogados del centro de Vitoria. Porque era la fecha señalada para que allí, en el despacho Imaz y Asociados, sito en la céntrica Plaza de los Fueros y especializado en asuntos mercantiles y laborales, empezase a trabajar el preso Iñaki Urdangarin. Numerosos periodistas y cámaras en los alrededores. Nervios. Y una espera que finalmente quedó en nada porque el ex duque de Palma no se dejó ver en la capital del País Vasco, donde ya ha empezado su nueva vida, a caballo entre la cárcel y la residencia familiar.

De la prisión al bufete. Y de allí a la casa de su madre. Esos tres van a ser los lugares donde Urdangarin, condenado por corrupción, va a pasar la mayor parte del tiempo mientras termina de pagar su deuda con la sociedad en el régimen penitenciario de semilibertad que ahora disfruta. Pernoctará cuatro veces a la semana -de lunes a jueves- en la prisión de Zaballa, en una celda de 12 metros cuadrados del módulo abierto que utilizan los presos en tercer grado, y dormirá otras tres noches -de viernes a domingo- en la casa que su madre, Claire Liebaert, tiene en la zona más exclusiva de la ciudad.

También estos días hay expectación en esa vivienda, ubicada junto al céntrico Parque del Prado, a unos 800 metros del Palacio de Ajuria Enea, donde tiene su residencia el lehendakari, y a apenas kilómetro y medio del citado despacho de abogados. Este martes algunos medios como Europa Press localizaban en las inmediaciones de la casa a la progenitora del yerno de Juan Carlos I y cuñado de Felipe VI.

-¿Cómo está Iñaki?

-Todavía está… le cuesta, le cuesta.

-¿Pero esto es una alegría no?

-Es una alegría de verdad que sí. Estamos todos muy contentos.

-Que su hijo haya vuelto a vivir a casa después de estos años…

-Ya… tantos años sí.

-¿Se esperaba que fuera esto tan rápido?

-No, bueno, tenía que ser tarde o temprano, pero bueno.

-¿Cómo se encuentra Iñaki de ánimo?

-Le cuesta un poco volver a la normalidad y a la realidad. Le cuesta, pero ya poco a poco.

El lunes por la noche se trasladó para ingresar por primera vez en la cárcel de Zaballa, sita en la localidad de Nanclares de Oca, a unos diez kilómetros de la capital del País Vasco

Poco a poco, en efecto, Urdangarin se tiene que adaptar a su vida en la ciudad de su familia. Algunos vecinos ya se encontraron con uno de los presos más famosos de España el pasado fin de semana, cuando estrenó una bicicleta para moverse por los alrededores de la vivienda. El lunes por la noche se trasladó para ingresar por primera vez en la cárcel de Zaballa, sita en la localidad de Nanclares de Oca, a unos diez kilómetros de la capital del País Vasco.

Horarios propios y seguridad

Condenado a cinco años y nueve meses de cárcel por malversación, prevaricación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias por el 'caso Nóos', Urdangarin no es un preso normal. Por ello en la prisión de Zaballa gozará de un trato diferenciado, ya que tendrá horarios cambiantes de entrada y salida al módulo donde acudirá cuatro noches a la semana. Un privilegio que las autoridades penitenciarias justifican por "motivos de seguridad". La verdad es que el yerno del Rey parece bastante obsesionado por estar seguro. En estos primeros días apenas se deja ver y, cuando sale de casa, va acompañado de varios escoltas.

Uno de los motivos por los que Urdangarin reclamó el traslado a la cárcel alavesa es su arraigo familiar. Porque en Vitoria, además de su madre, viven sus hermanos y sobrinos. Junto a ellos intentará hacerse a la idea de esta nueva vida que nada tiene que ver con aquellos días de esplendor en el Palacio de Pedralbes de Barcelona, tampoco con sus años en Estados Unidos y Suiza, adonde se marchó con su familia ya había estallado el escándalo, y que igualmente queda muy lejos de su etapa previa a casarse con la infanta Cristina, cuando era jugador de balonmano del FC Barcelona.

En este tiempo extraño Urdangarin puede verse beneficiado por la pandemia. Tal y como han publicado varios medios vascos, debido al protocolo anticovid en la cárcel de Zaballa ha aumentado sobremanera el número de presos que ya no acuden a dormir allí porque son controlados por vía telemática o telefónica. Algo que pronto quizás también consiga el yerno del Rey.