El inicio de la operación Cataluña de Pedro Sánchez no ha sido el soñado en el seno del PSOE. La respuesta de la Generalitat a los indultos de los líderes separatistas encarcelados ha sido poco conciliadora. Y las palabras del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, recordando al presidente que su negativa a aceptar un referéndum de autodeterminación en Cataluña puede cambiar -como ocurrió en el caso de los indultos- han castigado la fe de amplios sectores del socialismo, incluso de los más creyentes en Sánchez.

Fuentes del PSOE admiten a Vozpópuli que el plan del Gobierno no funcionará hasta que ERC rompa con Carles Puigdemont. “Para que la vía del deshielo funcione es indispensable la ruptura del independentismo”, dicen estas fuentes. “El problema es que ninguno de ellos quiere quedar como botifler (traidor en catalán)”.

Así ha quedado patente tras la reunión entre Sánchez y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, en la Moncloa. Aragonés no se ha bajado de la autodeterminación, el referéndum y la amnistía. Y para abrir boca ha declinado participar en la conferencia de presidentes autonómicos de julio en Salamanca.

El desaire de Rufián

Sánchez ha asumido las tesis del PSC en su política del “apaciguamiento” en Cataluña. Pero la lectura de los pasos que está dando el Gobierno, y en especial el de excarcelar a los líderes del procés del 2017, no está completa sin entender que esta salida es la única que tiene la coalición PSOE-Unidas Podemos para aguantar la legislatura. La debilidad parlamentaria del Ejecutivo ha envalentonado al separatismo, que, como hace Rufián, juega con esa dependencia del PSOE en el Congreso para presionar a Sánchez.

Sin embargo, el PSOE entiende que el motivo fundamental de los desaires de Rufián o Aragonés no es tanto los escaños, como el acuerdo con Puigdemont en la Generalitat. Y la lectura del PSC es que es imprescindible romper esa unidad “ficticia” para desinflamar el discurso separatista.

“Es imposible que los empresarios apuesten ahora por una vía enloquecida hacia la independencia”, explican. “Pero hasta que ERC y Puigdemont no se separen todo será más complicado”.

La ruptura con Puigdemont, de producirse, obligaría a ERC a pactar con el PSC o ir a elecciones. En ese momento, los socialistas catalanes podrían sostener a Aragonés sin necesidad de formar un nuevo tripartito, sino negociando apoyos parlamentarios, según explican estas fuentes. Esta situación daría un respiro enorme a Sánchez en Madrid, porque la dependencia sería bidireccional y no unidireccional como ahora.

Cataluña reclama competencias

A la espera de que el deshielo pueda modificar los bloques en Cataluña, Sánchez sigue a pies juntillas la estrategia que siempre ha defendido su ministro de Política Territorial, Miquel Iceta. En ese sentido, el Gobierno ha abierta una doble vía de negociación con Cataluña. La mesa de diálogo abordará el conflicto territorial, mientras que la comisión mixta Estado-Generalitat se encargará de abordar las inversiones y el traspaso de competencias a Cataluña.

“El problema es que otras comunidades pueden empezar a pedir que se activen sus respectivas comisiones bilaterales para que no se ahonde en la desigualdad entre comunidades”, reconocen fuentes del PSOE.

El Gobierno no ha ocultado su interés por reconducir el debate hacia el Estatut. La fórmula que busca Sánchez es recuperar esas partes de la norma autonómica que eliminó el Tribunal Constitucional en su sentencia del 2010. Fuentes del Ejecutivo aseguran que todavía no hay una propuesta concreta, pero según ha informado este diario la denominación de Cataluña como nación o un régimen fiscal propio a imagen del vasco están encima de la mesa. 

La Generalitat ha aceptado abrir esta negociación paralela sobre las transferencias, pero sin renunciar al referéndum de autodeterminación. Mientras que el Gobierno central defiende que una consulta, de haberla, sería sobre autogobierno y financiación.