Marzo de 2016. Podemos se encontraba en el medio de una negociación con Pedro Sánchez para sellar un gobierno de coalición. En esa delicada etapa en la que el partido crecía en cada encuesta, se celebraban en el País Vasco unas importantes primarias para decantar el liderazgo regional y de ahí las listas para las autonómicas de ese año.

Por aquel entonces, todas las votaciones internas de Podemos, desde las primarias hasta los congresos, pasaban por el doble control de la auditoría externa de Agora Voting. Sin embargo, en ese mes de marzo de 2016, Podemos recibió un mensaje que lo cambió todo.

La cúpula morada esta preocupada porque había detectado que Íñigo Errejón estaba intentando hacerse con el control de los territorios para dar el asalto al poder interno. Sergio Pascual, mano derecha de Errejón y que había organizado primarias en muchos territorios clave, acababa de ser fulminado como secretario de Organización. En el País Vasco había resultado ganadora la corriente de Nagua Alba, dirigente errejonista que se había impuesto por pocas decenas de votos a Pilar Garrido, política respaldada por Pablo Iglesias.

Juanma Del Olmo, que había entrado en el sanedrín pablista, pidió a la empresa externa Agora Voting que hiciera un segundo recuento de las primarias vascas para anular el resultado porque "sospechaba que se habían inscritos miembros del partido de otros territorios", revelan fuentes conocedoras de la operación. “Pretendía eliminar algunos inscritos y contar de nuevo los votos”, añaden.

"Agujero" del sistema

El partido planteó a Agora Voting volver a contar los votos excluyendo a los que se habían inscritos en los últimos días antes de las primarias. Sin embargo, la empresa auditora se negó, porque consideraba que así se eliminaba la confidencialidad.

Para argumentar su rechazo, transmitió a Podemos una respuesta oficial a la que ha accedido Vozpópuli, en la que además de “negarse a realizar un segundo recuento en Euskadi”, detalló una técnica para desvelar el sentido del voto de cualquier afiliado (desde un militante hasta un cargo orgánico) con tan solo hacer un segundo recuento quitando los votos que se querían descubrir.

Era uno de los "agujeros" del sistema, señalan estas fuentes, porque "podía servir para saber cómo averiguar el voto" quitando algunas preferencias en la segunda lectura, y, después de analizar la diferencia entre el primero y el segundo resultado, conocer el sentido del voto de las personas señaladas.

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Europa Press

Peligro por la privacidad del voto

En su mensaje, Agora Voting rechazó la petición de Del Olmo porque comportaría dar “un mal servicio” e “incumplimiento del compromiso con los votantes si nos saltáramos uno de los pilares del protocolo de actuación realizando un segundo recuento”. La empresa auditora subrayó el peligro de repetir la cuenta de los votos internos: “Las autoridades [en aquel momento, la auditoría independiente y la asociación OpenKratio] están implicados porque deben evitar la realización de un segundo proceso de anonimización y descifrado si quieren garantizar que se mantiene la privacidad del voto”.

La consecuencia de hacer un segundo “descifrado" permitiría conocer el sentido de voto de las personas que se quiere investigar, aunque sea por un supuesto fraude. De hecho, Agora Voting consideró que en caso de sospechas de fraude solo quedaba asumirlo y repetir la votación. “En caso de detectar fraude una vez hecho el recuento, no hay muchas opciones que planteadas, y por tanto es labor de la Comisión Electoral plantear cual es la decisión a tomar, respetando la protección que ofrecen las autoridades al secreto del voto, incluso a votos potencialmente fraudulentos, dado que puede haber falsos positivos”.

“El protocolo de actuación [al que también ha tenido acceso este diario], es un acuerdo político, que tenemos con los votantes, que nosotros nos tomamos muy en serio, y por tanto no lo podemos incumplir ni comprometer la inviolabilidad del secreto del voto”, zanjaba el documento de Agora Voting.

Descubrir a "traidores"

El elemento más importante de esta operación es que con el mensaje de Agora Voting el partido supo que con segundo descifrado podía saber qué votaba cada uno de sus afiliados o dirigentes. Como ocurre a menudo en esas situaciones, la casualidad ofreció a personas de la cúpula de Podemos un instrumento inesperado que podía servir para desvelar el sentido de voto de corrientes y personas con la que aclarar su posición en la guerra interna con el errejonismo. "Si hacemos nosotros todos los recuentos, sabremos el sentido del voto", concluyeron en la cúpula del partido según desvelan las fuentes consultadas, que también afirman que el sistema podía servir para ver "si había traidores".

El informe de Agora Voting llega en marzo de 2016, y pocos meses después, tras la celebración de Vistalegre II en la que la corriente errejonista pierde la votación, el partido decide prescindir de la audotiría independiente. A partir de ese momento, Podemos apostó para las consultas y congresos únicamente por el control de su personal interno.

La primera votación que contó sin auditoría independiente fue la del pacto de coalición con los comunes de Ada Colau. A partir de entonces, desde el referéndum sobre el chalet de Iglesias y Montero hasta el congreso de Vistalegre III que se celebró por vía telemática el año pasado, y en el que se modificaron elementos como el código ético del partido, no pasaron por ningún control externo. Y lo mismo ocurrirá el próximo 13 de junio, con el congreso exprés de Vistalegre IV en el que, según todos los pronósticos, resultará ganadora Ione Belarra como nueva secretaria general del partido.