Pedro Sánchez encabezará el primer Gobierno de la democracia sin una vicepresidencia política. Sánchez asumirá las funciones de presidente y vicepresidente tras dejar vacante la responsabilidad que ostentaba Carmen Calvo en la remodelación del Ejecutivo que ha anunciado este sábado.

La responsabilidad de coordinar la comisión de secretarios de Estado y subsecretarios, que organiza el Consejo de Ministros, y las comisiones delegadas que asesoran a Sánchez recaerá ahora sobre el nuevo ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. Pero Bolaños no tiene el rango de vicepresidente y Nadia Calviño se ocupará exclusivamente del área económica.

“Pedro Sánchez demuestra que solo quiere a Pedro Sánchez y que esta muy convencido del proyecto de Pedro Sánchez”, dicen fuentes del PSOE.

La salida de Carmen Calvo

La salida de Calvo del Gobierno se daba por descontada, pero la sorpresa es que Sánchez ha prescindido de la figura del vicepresidente político para el que había muchas novias en las últimas semanas. Es un caso inédito desde la llegada de la democracia. El papel de número dos del presidente ha sido clave en cualquier ejecutivo: desde Alfonso Guerra, pasando por Francisco Álvarez Cascos, María Teresa Fernández de la Vega o Soraya Sáenz de Santamaría.

Sánchez refuerza así el perfil presidencialista de La Moncloa. Bolaños se ocupará de la coordinación del Gobierno, pero en la sombra y sin el peso político que da una vicepresidencia. “Bolaños es un gestor”, recuerdan estas fuentes. “Y Calviño tampoco puede jugar ese papel”.

Sánchez ha barrido del Gobierno a los principales cargos del PSOE que resistieron a su lado con todo en contra en las primarias del 2017

Sánchez ha barrido del Gobierno a los principales cargos del PSOE que resistieron a su lado con todo en contra en las primarias del 2017. La remodelación del área socialista del Consejo de Ministros solo puede entenderse en clave interna. La salida de Iván Redondo, Calvo o José Luis Ábalos, la rehabilitación de viejos enemigos orgánicos, la inesperada degradación de Miquel Iceta y el aviso a los barones críticos han convertido el congreso del PSOE en octubre en un “paseo militar para Sánchez”.

El jefe del Ejecutivo ha sorprendido con un cambio de Gobierno que es una revolución. Sánchez ha vuelto a demostrar, por un lado, el poco apego que tiene por nada y por nadie cuando se trata de “resistir” en La Moncloa. Y, por otro, esa especie de necesidad por cambiar equipos en menos de dos años que ha demostrado desde que asumió el Gobierno en 2018.

Sánchez mantiene la estructura

Otra de las sorpresas es que Sánchez no ha alterado el organigrama del Gobierno. Uno de los objetivos que se marcó el presidente, tal y como se trasladó en algunas reuniones privadas, era reducir el número de carteras y reorganizar algunas competencias.

Nada de eso ha sucedido. El número de ministerios se ha mantenido inalterable, a pesar de que dentro del propio Ejecutivo se ha admitido que había ineficiencia y duplicidades. Y que adelgazar el Gobierno era imprescindible para gestionar la llegada de los 140.000 millones de los fondos europeos.

“Que no cambies estructura no vale para nada. Se convierte solo en un cambio de nombres, que por supuesto tiene su lectura política pero no es lo más importante”, dicen estas fuentes. “Lo importante sería por ejemplo englobar todas las competencias dispersas sobre pymes en una sola dirección política. Y así con todo, pero no ha ocurrido".