La campaña electoral se inició con un pacto tácito entre ERC y JxCat, socios en el Ejecutivo catalán, de no agresión. El adversario a batir era Salvador Illa, candidato del PSC a la Generalitat, pero los reproches y acusaciones mutuas han ido en aumento a medida que iba avanzando la campaña. ¿El motivo? El 30% de indecisos que las encuestas estiman que hay en la cita con las urnas del próximo 14 de febrero, explican las fuentes consultadas. 

Según el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), el perfil de indeciso es el de un votante joven. La mitad de los jóvenes de entre 18 y 24 años no ha decidido el voto. Entre los mayores, uno de cada tres está en la misma situación. Se trata de una bolsa de votantes capaz de decantar la victoria hacia un lado u otro en un contexto de alta fragmentación. Y ERC y JxCat lo tienen presente.

Pese a que el último CIS sitúa al candidato socialista por delante de ERC (a cuatro puntos de diferencia) y de JxCat, ambos partidos rivalizan para atraer el voto independentista. En los días previos al inicio de campaña, los de Oriol Junqueras fueron taxativos en que no entrarían en las "provocaciones" de JxCat, pero la tregua ha durado poco. 

Los del expresidente huido a Waterloo presentaron un documento estratégico que, a su juicio, debe servir de ruta tras el 14-F y quieren que sus hasta ahora socios lo asuman. No obstante, en ERC ya han dicho por activa y por pasiva que alcanzar el 50% de los sufragios no avala volver a la senda de la unilateralidad. 

Estas diferencias de criterio se han acentuado hasta el punto de que Carles Puigdemont ha amagado con no dar su apoyo a un gobierno de ERC. Una insinuación que ha contado con la réplica del candidato de ERC, Pere Aragonès: "La alternativa es muy clara, Ciudadanos ya ha ofrecido sus votos al PSC, Vox ya dijo que escogería al PSC. Ante esta disyuntiva ningún independentista puede tener ninguna duda”, afirmó en una rueda de prensa convocada por la ACN.

Estas discrepancias ya se observaron respecto a la gestión de la pandemia en el Gobierno de coalición, pero desde ERC trataron de ponerle fin, ya que consideraron que de cara a los comicios les podría penalizar una posición demasiado crítica con sus hasta ahora socios. 

Cuenta atrás para el 14-F

La victoria de Laura Borràs en el proceso de primarias de JxCat, sin embargo, no contribuyó a restablecer las relaciones. La candidata efectiva de Puigdemont ha insinuado que ERC no es "un partido netamente independentista". Pero no se encontró con una respuesta contundente hasta este miércoles y ya en plena cuenta atrás para el 14-F. Fue Marta Rovira, desde Suiza, quien pidió una "rectificación" inmediata a Laura Borràs por equiparar su imputación en el Tribunal Supremo con los presos del 1-O.

Rovira le afeó la comparación y añadió que "no es responsabilidad" del movimiento independentista que deba someterse a preguntas incómodas de los medios por estar investigada por el alto tribunal por presunta corrupción durante su etapa al frente de la Institución de las Letras Catalanas.

Eje nacional

ERC ha basado su estrategia electoral en acentuar su proyecto de izquierdas para captar votos del área metropolitana de Barcelona. Pero la presión de los de Puigdemont le obliga a no olvidar el "eje nacional". En especial, en unos comicios autonómicos donde el voto menos movilizado es el constitucionalista.

El hecho de que Puigdemont usara el informe del Banco Central Europeo, que sitúa España a la cola de ayudas directas en empresas, ha dolido en las filas republicanas. Su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado se vendió como un hito en "gasto social". Pero el exmandatario catalán les señaló como corresponsables del paro juvenil y de la falta de ayudas por su apoyo al PSOE en Madrid: "Cuando presuman de ser hombres de Estado porque han ayudado a sacar adelante los Presupuestos, pedidles explicaciones".