Anoten esta reflexión, común a la media docena de encuestadores y politólogos consultados por Vozpópuli para este reportaje: “Sería raro con la polarización y la crispación social que estamos viviendo, pero la izquierda aún tiene una posibilidad de gobernar tras las elecciones del 4 de mayo en Madrid: que la participación caiga al 63% o menos -en las elecciones de 2019 fue del 68,01%-, explicable solo si parte del electorado potencial de Isabel Díaz Ayuso se desmoviliza a última hora por exceso de confianza”.

No obstante, lo normal, dado el grado de “hipermovilización” del centro-derecha y el despertar de una izquierda hasta la convocatoria electoral “muy desmovilizada”, es que el rango de participación se sitúe entre ese 63% y el 73% y que el PP necesite a Vox para gobernar. “Todo lo que pase de un 73% es, posiblemente, mayoría absoluta de Ayuso”, aclaran estas fuentes.

La candidata a la reelección conoce los tres escenarios; sabe que las posibilidades del primero, un tripartito formado por Ángel Gabilondo, Mónica García (con Íñigo Errejón en la sombra) y Pablo Iglesias, pasan porque el 4-M se quede en ese escuálido 63% de participación.

Por eso, dos son las máximas preocupaciones tanto en el cuartel general de los populares en la calle Génova como en la Puerta del Sol, con su jefe de gabinete Miguel Ángel Rodríguez a la cabeza: que el tirón del voto útil a Ayuso no sea tan fuerte como para dejar también a Vox fuera de la Asamblea; y recuperar para el PP cuantos más exvotantes de Ciudadanos mejor porque ese 4% que le siguen otorgando los sondeos irá a la papelera si Edmundo Bal no llega al necesario 5% que da representación parlamentaria.

Ayuso y Gabilondo pelean ferozmente por los barrios ricos del norte de la capital que votaban a Cs. La candidata del PP lleva clara ventaja en Sanchinarro, Las Tablas y Montecarmelo, pero el socialista no los da por perdidos y por eso ha prometido no subir los impuestos

No en vano, uno de los primeros actos en los que se ha visto juntos a la presidenta de la comunidad y a su fichaje estrella en estas elecciones, el exdiputado naranja Toni Cantó, fue este miércoles en el PAU de Sanchinarro, al norte de la capital. Junto a Montecarmelo y Las Tablas, Sanchinarro fue uno de los feudos del ya retirado Albert Rivera.

Cientos de miles de profesionales liberales y familias con alto poder adquisitivo que allí viven dieron a Cs 57 escaños en las elecciones generales del 28 de abril de 2019, y 26 diputados autonómicos a Ignacio Aguado en las autonómicas celebradas un mes más tarde... pero en la repetición de las generales del 10 de noviembre, la última vez que tuvieron que decantarse, se quedaron en casa; algo que Ayuso, y Gabilondo intentan evitar ahora a toda costa.

El socialista se ha lanzado in extremis a rectificar la propuesta fiscal que ha mantenido en la oposición, garantizando a esos profesionales exvotantes Cs que no subirá impuestos -para disgusto de Podemos y Más Madrid-, pero ella parte con la ventaja de que 26 de cada 79 de esos votantes ya habrían decidido apoyar a Ayuso, según José Pablo Ferrándiz, de Metroscopia. El resto son, de momento, potenciales abstencionistas que no acaban de decidirse.

Sin embargo, el miedo a una baja participación en esos territorios clave del norte de la capital “no está justificado dada la extrema polarización de la precampaña”, por mucho que no se haya logrado controlar todavía la pandemia en una Comunidad de Madrid con tasas de contagio todavía altas, explica César Calderón, de la consultora Redlines.

Se trata de un electorado mucho más joven que el tradicional del PSOE en los distritos del sur de la capital y en ciudades dormitorio como Parla, Fuenlabrada, Alcorcón, Getafe o Móstoles, más masificadas y con índices de contagio superiores al norte rico. En este sentido, el PSM va a tener un problema añadido: convencer a ese electorado envejecido de que vaya al colegio electoral el 4-M a votar Gabilondo o, por lo menos, que lo haga por correo.

Además, coincide Calderón con el director general de GAD3, Narciso Michavila, en que tanto el sorprendente salto de Pablo Iglesias de la Vicepresidencia del Gobierno a la candidatura de Unidas Podemos, como las irrupciones en precampaña del propio Pedro Sánchez, y de Santiago Abascal, eclipsando a Gabilondo y a Rocío Monasterio, auguran una movilización importante; y eso aunque estas vayan a ser unas elecciones autonómicas en solitario y sin el atractivo de la urna adjunta para elegir alcalde. “Desde luego, la participación estará más cerca del 68,01% de hace dos años que de ese 63%”, sostienen ambos.

Iglesias ha logrado conjurar el ‘fantasma’ de que Podemos se quedara fuera de la Asamblea pero ha reforzado a Ayuso “y Gabilondo empieza a bajar peligrosamente del 27% de voto de hace dos años al 23% en los últimos sondeos”

”En el fondo, estamos asistiendo a un ensayo de las elecciones generales próximas”, sostiene Michavila. Y se detecta en los sondeos. Un ejemplo: Pablo Iglesias ha logrado conjurar el fantasma de quedarse fuera de la Asamblea que pesaba sobre Podemos antes de conocerse su salto, pero, al mismo tiempo, ha incrementado la estimación de voto para Ayuso “por miedo a que gobierne Gabilondo con el inevitable apoyo de los morados”.

Un Gabilondo que, además, está empezando a sufrir el efecto sándwich entre tanta polarización -el eslogan inicial de Ayuso Comunismo o Libertad le ninguneaba deliberadamente- y según los últimos tracking diarios que se manejan en los partidos “empieza a bajar peligrosamente del 27,5% que tuvo hace dos años al 23% que le dan ahora”, señala el responsable de un gabinete de estudios demoscópicos que prefiere mantener el anonimato.

Vox vuelve a ‘meterse’ en la campaña

Todos los especialistas consultados son hipercríticos con el resultado que arroja el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), dirigido por José Félix Tezanos, porque creen que su finalidad no es puramente demoscópica sino arrojar un empate “ficticio” entre los bloques de izquierda y derecha “y dejar en el alero la presencia de Vox en la Asamblea”, complicando así la reelección de Ayuso.

Un escenario, la desaparición de Vox, que también se ha temido hasta esta semana en la sede nacional de los populares en la calle Génova. Sin embargo, tras los incidentes del pasado miércoles en Vallecas, cuando sectores de ultraizquierda apedrearon a los de Abascal en un mitin, se ha empezado a frenar ese temor. “Ellos obtuvieron el 8,8% en las elecciones de 2019 y caerán por el voto útil a Ayuso, pero no tanto como para bajar del 5% necesario para tener representación”, pronostica Calderón.

Michavila avisa a Abascal: “Madrid no es el País Vasco o Cataluña, aquí gobiernan en cierto modo, y parte de su electorado puede acabar no entendiendo tanta estrategia de choque”

No obstante, Narciso Michavila cree que Vox puede equivocarse si insiste en Madrid con la misma estrategia “de choque” aplicada en territorios nacionalistas, hostiles a Abascal, que le llevó a obtener representación parlamentaria por primera vez en el País Vasco, y un éxito incuestionable en Cataluña en las elecciones del 14 de febrero con su sorpasso al PP.

“Madrid es distinto -explica el responsable de GAD3 a este periódico-. Aquí son una formación institucionalizada tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. En cierto modo gobiernan, y una parte de su electorado puede acabar no entendiendo esa estrategia de conflicto permanente en Vallecas o en otros sitios donde se den enfrentamientos como el de Vallecas”.