El Liberal

Del ‘frikismo’ a las barricadas

Varios miembros de los CDR montando una barricada.
Varios miembros de los CDR montando una barricada.

Son muchos los que aún no aprecian que el proceso independentista catalán sea realmente violento. Y ello a pesar de las algaradas que han protagonizado la actualidad en Cataluña y en España desde la publicación de la sentencia del 1-O. Lo cierto es que, echando la vista atrás y consultando las hemerotecas o las redes sociales, cuesta pensar en un independentismo vinculado a la violencia, a las barricadas o a las calles en llamas. Y es que, hasta ahora, los separatistas catalanes han procurado ofrecer una imagen festiva que, en demasiadas ocasiones, ha rozado lo esperpéntico. Todo ello bajo la etiqueta de #ElMonEnsMira porque, tal y como han declarado en numerosas ocasiones, lo importante es que su separación de España sea reconocida y apoyada por la comunidad internacional.

De este modo, no han dudado en convocar acciones como la de desnudarse en una playa de Palamós en agosto de 2013. El acto fue convocado por la delegación local de la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC).  En el mismo participaron unas 70 personas.

Fue también en 2013 cuando, convocados por la ANC, los independentistas decidieron que una buena forma de reivindicar su utópico país pasaba por plantarse en macetas. Y así pudimos a ver a algunos de los líderes del procés hacerse la foto dentro de grandes macetas en diferentes puntos de la geografía catalana. Todo ello después de intentar que el mismo Barack Obama supiera de su existencia logrando que los satélites de la NASA les fotografiaran desde el espacio con pancartas amarillas.

Más repercusión tuvo el lanzamiento de Otger a la estratosfera en 2014. Se trataba de un muñeco de Playmobil que fue presentado como “el primer catalán en el espacio”. La idea partió de un joven de Cardona, Pol Rosset, que logró, a través del micromecenazgo, el dinero necesario para ponerla en marcha. Otger partió hacia el exterior con una estelada en la mano pero la verdad es que cayó al suelo durante el ascenso, ante la sorpresa de los centenares de independentistas que habían acudido a despedir al muñeco con globos rojos, amarillos, blancos y azules.

Cualquier lugar es bueno para el independentista medio a la hora de dar a conocer sus ideas. Por este motivo, no es raro encontrárselos en los vagones del Metro de Barcelona o de los trenes de cercanías, compitiendo por la atención de los viajeros con quienes piden dinero o aporrean la guitarra en busca de ayuda.

Las plazas de los pueblos catalanes son uno de los escenarios preferidos por los grupos de independentistas para actuar. Es allí donde es fácil encontrárselos cantando el himno de 'Els Segadors' mientras reivindican la libertad de los líderes condenados por el 1-O. El campo tampoco les parece mal lugar. Cualquier escenario vale a la hora de hacerse notar.

Cualquier cosa relacionada con la independencia y sus momentos “históricos” es motivo también de homenajes varios. Es en este punto donde los independentistas han alcanzado cotas difíciles de superar. Homenajear a un bolardo o promover desde la Generalitat una exposición de urnas vinculadas al referéndum ilegal del 1-O son tan solo dos ejemplos.

Los líderes del movimiento son también objeto de adoración para el independentista medio. De este modo, personas como Carme Forcadell (ex presidenta de la ANC y del Parlament condenada a 11 años y medio de prisión por sedición) han sido equiparadas a Jesucristo, mientras que otros como Raül Romeva (ex conseller de ERC condenado a 12 años de cárcel por sedición) ha sido presentado como si de un judío encerrado en Mathausen se tratara.

Sacarse lazos amarillos de la boca en una plaza, desfilar por las calles del pueblo con las bocas tapadas o encerrarse en cárceles de cartón han sido algunas de las gestas independentistas en los últimos tiempos. Acompañadas de otras como plantar cruces amarillas o disfrazarse de fregonas. Resulta difícil saber qué repercusión pueden tener para el independentismo semejantes imágenes.

Lo cierto es que el trabajo realizado por la cúpula independentista a la hora de dar una imagen festiva del movimiento es impecable. Porque, ¿quién va a pensar mal de un diputado independentista en el Congreso que lamenta que en Madrid no le entiendan cuando pide un ristretto?



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