La Comisión Nacional del Mercado de Valores va a llevar a cabo una labor más estrecha de supervisión de los productos de inversión más 'sofisticados', teniendo en cuenta el dictamen que ha realizado ESMA, la autoridad bursátil europea, sobre las prácticas de comercialización de instrumentos financieros complejos y de productos estructurados. 

De esta forma, se intenta evitar que los inversores minoristas no tengan toda la información relativa a estos instrumentos y productos, que en ocasiones se han vendido como si no incurrieran en ningún riesgo y no hubiera ninguna dificultad en alcanzar la rentabilidad que prometen. A partir de ahora, las entidades deberán proporcionar información sobre las consecuencias potenciales de cancelar o vencer anticipadamente el instrumento y cómo pueden afectar negativamente las comisiones que conllevan a la cantidad finalmente reembolsada.

Además, las entidades deberán de informar del valor de mercado del instrumento financiero o dar una estimación del valor razonable que tiene en la fecha de referencia que se utilice, normalmente trimestral.

Aunque no se menciona expresamente, los fondos que cuentan con una estructura en su configuración, como los garantizados o los más recientes superventas de objetivo de rentabilidad, podrían entrar en el punto de mira del regulador con mayor ahínco, y las gestoras estarían obligadas a ser más diligentes a la hora de comercializarlos para evitar que los inversores confundan el verdadero valor de estos fondos.