La economía creció en 2019 en tasa anualizada un 2% por los pelos, ya que en realidad está por debajo (en el 1,95%), es decir, cuatro décimas menos que el año anterior, gracias a un inesperado repunte del sector exterior en el cuarto trimestre pero con la desagradable sorpresa del grave pinchazo de la demanda interna en el último tramo del año. Ha sucedido en un año sin Gobierno, con la clase política de vacaciones y pese a que las subidas salariales (más del 3% en el sector público y la mitad en el privado) permitían esperar una mayor estabilidad del consumo y de la inversión.

En tasa interanual (evolución del cuarto trimestre sobre el mismo periodo del año anterior) el crecimiento fue del 1,8% (1,2 puntos gracias a la demanda interna y 0,6 por la externa), una décima menos que el año anterior. Y respecto al trimestre anterior, el alza fue de 0,5 puntos, una décimas más que el trimestre precedente pero al mismo tiempo una décima menos que en el mismo periodo de 2018 y dos menos que en 2017. Caben todas las lecturas, las políticas también, incluso las de que el empleo aguanta ya que entre octubre y diciembre creció a un ritmo anual de 358.000 a tiempo completo frente a, por ejemplo, los 332.000 en el trimestre precedente. Fue gracias a una nueva vuelta de tuerca al alza de la precariedad y a la estacionalidad.

Sin embargo, en la foto fija del cuarto trimestre, que permite saber qué está ocurriendo en la realidad económica como consecuencia también de la situación política y de la falta de decisiones reformadoras y liberalizadoras, se puede comprobar que se han encendido llamativas luces de alerta. Es decir, se ha parado el motor más importante del PIB, ya que la demanda interna registró en este cuarto trimestre un decrecimiento de cuatro décimas frente a, por ejemplo, el alza de un punto en el trimestre anterior y de dos décimas de hace un año o del 0,7% en 2017.

Por tanto, este componente, que representa nada menos que el 96% de PIB, registró una primera tasa negativa intertrimestral que, de reproducirse en el primer trimestre de 2020, podría decirse que técnicamente la demanda nacional entraría en recesión. Es el peor registro desde el segundo trimestre de 2013, en plena segunda recesión, y el más bajo obtenido en un cuarto trimestre desde 2012.

Se debe al miedo que le ha empezado a entrar en el cuerpo al consumidor y al inversor, con la retina puesta en situaciones anteriores, que han puesto freno a su gasto corriente y financiero precisamente en un trimestre consumista por naturaleza (con campaña navideña, adelanto de las rebajas y operaciones black friday) porque no ve clara la coyuntura laboral o empresarial. Así, el gasto en consumo final, que representa nada menos que el 76% del PIB, sólo ha registrado un crecimiento de una décima en este trimestre frente a las siete de los tres meses anteriores.

Desde 2016 no se producía un consumo tan bajo en este periodo. Esa exigua tasa positiva se debe al repunte, una vez más, del consumo público en seis décimas (el más elevado desde hace tres años), al que contribuye el alza salarial de los empleados público y el aumento de las plantillas así como el de las Administraciones en estos meses electorales. El que se estrella es el consumo de los hogares (57% del PIB). Si entre julio y agosto crecía a un ritmo del 0,8%, entre octubre y diciembre ha sido nulo (0%), y es negativo si se incluye el gasto en consumo de las denominadas instituciones sin ánimo de lucro. Se trata del peor registro en este trimestre desde hace siete años.

En cuanto a la inversión, que representa casi el 21% del PIB de 2019, vuelve a tasas negativas desconocidas desde la primera y segunda recesión. La formación bruta de capital registró en este último trimestre de 2019 una tasa negativa del -2,5% frente al 1,9% positivo de tres meses antes. Es el peor registro en este trimestre desde 2011. Por su parte, la formación bruta de capital fijo (activos materiales e inmateriales) registró una evolución trimestral negativa del -3,2% cuando tres meses antes subió 1,7 puntos. Se trata del dato más bajo en este periodo desde 2008.

Por su parte, la tasa negativa en activos materiales se situó en el -4,3% frente a un alza del 1,8% en el anterior trimestre (no sucedía algo similar desde hace 11 años) mientras que la tasa negativa en la construcción de vivienda se situó en el -3.4% frente a, por ejemplo, el alza en casi un punto en el mismo trimestre de hace un año. Es la estadística más baja en este segmento desde 2011. En cuanto a la inversión en maquinaria y bienes de equipo, es decir, en los bienes de reposición que acometen las empresas para ejercer su actividad y que está relacionado con su confianza en la situación política y las perspectivas económicas, el desplome ha sido importante. Se desmoronó hasta el -5,7% cuando en el trimestre precedente se produjo un alza de 4,9 puntos. No se registraba una tasa tan negativa desde 2008.

La demanda externa se salva de la quema

Sólo se salva de esta quema la demanda externa, que es la que está sometida a mayores vaivenes por la inestabilidad internacional y de los mercados. Es el único motor de la economía que funcionó en ese trimestre, pero no hay que olvidar que sólo representa poco más del 3% del PIB. En todo caso, para que la economía creciera en tasa intertrimestral en cinco décimas con una demanda interna negativa del -0,4%, la demanda externa supuso unas nueve décimas, algo casi inaudito. Se debe en parte al aumento de las exportaciones, ante una reducción de la inestabilidad de los mercados exteriores y la mejora de la economía de las principales economías europeas, y en gran medida también al descenso de las importaciones.

La caída de las importaciones son la consecuencia precisamente del descalabro de la demanda interna, es decir, bajan las compras de productos y servicios del exterior por la reducción del consumo y la inversión interior. De esta forma, las exportaciones de bienes y servicios subieron un 1,5% frente al crecimiento nulo del trimestre anterior y del 0,9% de hace un año. La mayor parte se debió a ventas de bienes porque sus exportaciones crecieron en este periodo un 2,3% frente a un descenso de una décima en los tres meses antes y de dos décimas hace un año. En cuanto a las importaciones, sobre todo de servicios (-5,3%) registraron una tasa del -1,2% frente al 0,8% de subida del trimestre anterior. No se producía un descenso similar desde 2012 cuando la demanda interna estaba en mínimos.

¿Cómo devolver la confianza al consumir y a las empresas? De momento, el Gobierno sigue ocupado con los asuntos de Torra y ERC mientras que los parlamentarios continúan de vacaciones.