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La muerte de Lola Churruca y la "guerra de las esquelas" de la familia Ybarra

El pasado 8 de abril falleció María de los Dolores de Churruca y Zubiría. La fallecida era toda una institución entre la alta sociedad de la zona, aunque el deceso ha sacado a luz una curiosa querella interna que divide a las familias de los dos vástagos de Doña Lola

Santiago de Ybarra
Santiago de Ybarra Gtres-Archivo VP

El pasado 8 de abril fallecía en Las Arenas, uno de los barrios, con Neguri, tradicionalmente habitados por la gente elegante y con posibles de Bilbao y alrededores, María de los Dolores de Churruca y Zubiría, más conocida por el común de la zona como “Lola Churruca” o también “doña Lola”, viuda de Santiago Ybarra y Zapata de Calatayud y madre de Santiago Ybarra Churruca, presidente de honor del grupo Vocento –editor de ABC- y ex presidente de El Correo, y de Emilio Ybarra Churruca, durante años vicepresidente del Banco Bilbao y más tarde número uno del BBVA, hasta que Francisco González le descabalgó con no muy buenas artes.

Hasta aquí, la noticia no hubiera pasado de ser una necrológica más, relevante en tanto en cuanto la fallecida, de 104 años de edad nada menos, era toda una institución entre la alta sociedad de la zona, de no haber sido porque el deceso ha sacado a luz una curiosa querella interna que divide a las familias de los dos vástagos de Doña Lola, querella que está acaparando todas las conversaciones entre la noble gente que habita las viejas mansiones industriales y bancarias de Guecho y alrededores.

La pista la ha proporcionado la aparición el pasado domingo 15 de abril, en el diario ABC, de dos generosas esquelas, una encima de la otra, puestas por separado por cada uno de los hijos de la finada. La primera, encargada por Emilio Ybarra (casado con María Aznar Ybarra), incluye una detallada relación de los deudos de doña Lola, incluyendo hijos, nueras, nietos, nietos políticos, biznietos e incluso al personal del servicio, en el que únicamente falta el confesor, pues los curas en la familia Ybarra siempre han formado parte del servicio doméstico. La nota anuncia la celebración del correspondiente funeral para el lunes 7 de mayo, en la capilla de un colegio madrileño.

La otra esquela, encargada por Santiago de Ybarra y Churruca (conde de El Abra) y por su esposa, Mercedes Baptista Guerra (condesa de El Abra), no cita por su nombre a ni uno solo del resto de los “familiares y allegados” de la fallecida, a quienes convoca para un funeral “que se celebrará en Madrid mañana lunes, día 16 de abril, en la iglesia de San Fermín de los Navarros”, es decir, que se celebró ayer mismo. Dos hijos, dos esquelas, dos funerales por separado, dos viejas querellas, y mucha inquina en la recámara, con el testamento de la fallecida por testigo.

Un final polémico, triste incluso, para una mujer todo carácter, una “gran señora” que por nacimiento y matrimonio perteneció a dos de las sagas más importantes de la historia industrial y bancaria vasca

Las malas lenguas atribuyen la ruptura del velo de este conflicto familiar a la citada Mercedes, condesa consorte de El Abra (un título nobiliario otorgado por Franco el 18 de julio de 1969, a favor de Alfonso de Churruca y Calbetón), una venezolana de armas tomar a quien algunos apodan “sargento Caracas”, mientras otros se inclinaron desde el principio por apodarle “doña Cristal” en razón a las pocas esperanzas depositadas por la familia respecto a la duración de su matrimonio con Santiago Ybarra, pero que al final ha resultado ser “doña Duralex” porque la pareja se ha mantenido unida no obstante la estricta disciplina impuesta por la sargento, a la que al parecer se ha plegado siempre con mansedumbre el bueno de Santiago.

El protagonismo de “doña Sargento”

Está confirmado que Emilio Ybarra, que acaba de superar una situación muy delicada tras ser sometido a una grave operación a corazón abierto y que en estos momentos se halla en pleno proceso de recuperación, había solicitado a su cuñada –para ser exactos, a la “sargento Caracas”- posponer la fecha de ese apresurado funeral celebrado ayer en Madrid, para llevar a cabo uno conjunto de toda la familia en fecha posterior, de forma que le diera tiempo a esa ansiada recuperación. Y dicen las malas lenguas que la señora condesa consorte, cuyas ansias de notoriedad son conocidas por todos, se negó en redondo, que nadie le va a robar un ápice de protagonismo, y de ahí esos dos funerales que tanto están dando que hablar en Las Arenas y Neguri.

Un final polémico, triste incluso, para una mujer todo carácter, una “gran señora” que por nacimiento y matrimonio perteneció a dos de las sagas más importantes de la historia industrial y bancaria vasca –los Churruca y los Ybarra- y fue testigo de excepción de algunos de los episodios más importantes ocurridos en el País Vasco y España durante el pasado siglo. Una mujer llena de coraje, que en 1937, con apenas 24 años, quedó viuda como consecuencia de la muerte de su marido en la Batalla de Brunete. Una guerra en la que también perdió a su único hermano, Alfonso, con solo 23 años, y a su cuñado Emilio, asesinados ambos en el barco-prisión “Cabo Quilates” fondeado en El Abra, Erandio. Doña Lola, “la más inteligente de toda la familia”, se entregó con determinación a la educación de sus dos hijos hasta convertirlos en lo que andando el tiempo llegarían a ser. Descanse en paz esta notable mujer representante de una época que ya no volverá.



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