El Buscón

Margallo: el ministro “traidor” que pidió perdón a Rajoy por querer sucederle

    

José Manuel García-Margallo
José Manuel García-Margallo EFE

En estos tiempos de incertidumbre, en los que la sensibilidad en el seno de los partidos se encuentra a flor de piel y cada cual trata de arrimar el ascua a su sardina, cualquier exceso verbal o movimiento en falso puede pagarse caro. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, decidió hace un mes asomar la cabeza y sugerir entre los populares que podría ser una buena alternativa a Mariano Rajoy. Un hombre de Estado capaz de poner fin a la actual situación de desgobierno y de captar voluntades entre propios y extraños. Como suele ocurrir en estos casos, la noticia corrió de boca en boca a una velocidad endiablada y llegó a oídos del presidente, que, sintiéndose agraviado, no dudó en tildar a su canciller de traidor.

Cuenta Luis Herrero en su último artículo que García-Margallo, al ser informado del enfado del pontevedrés, se presentó en su despacho con la intención de disculparse por la declaración de intenciones que había realizado y para convencerle de su propósito de enmienda. Pero el presidente se negó a recibirle, molesto por la actitud levantisca del titular de la cartera de Exteriores y, al menos hasta aquel entonces, persona de su máxima confianza.

Rajoy no quiso recibirle en su despacho, pero Margallo se presentó en Moncloa y "le esperó en un sofá hasta que tuvo la oportunidad de hincar la rodilla y merecer su clemencia"

Lejos de arrugarse tras ese latigazo de indiferencia, el ministro se desplazó hasta la zona del Palacio de La Moncloa donde habita el presidente “y le esperó en un sofá hasta que tuvo la oportunidad de hincar la rodilla y merecer su clemencia”. Desde entonces, el “travieso canciller” no ha vuelto a jugar con las cosas de comer y ha asumido que en el Partido Popular no se hablará sobre quién es el mejor preparado para suceder a Rajoy hasta que el propio líder del Ejecutivo no capitule. Que, en esa casa, la autoridad es indiscutible, por el momento.

El perdón al canciller díscolo

La duda que queda en Génova 13 tras este desencuentro es si García-Margallo pagará las consecuencias de su salida de tono o si obtendrá el perdón de alguien que le incluyó dentro de su camarilla al principio de la legislatura y le ha considerado como uno de los ministros de máxima confianza. Herrero cita en su artículo una reciente declaración de Rajoy al diario ABC en la que confesaba que no es alguien rencoroso. “Creo que se pueden restañar las heridas con todo el mundo, si hay voluntad de hacerlo”.

Ahora bien, no es ningún secreto que muchos de quienes han osado contradecirle o han planteado el debate sobre su idoneidad para liderar el partido conservador han recibido un castigo ejemplar. Desde Ángel Acebes hasta Eduardo Zaplana, pasando por Jaime Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Manuel Pizarro, María San Gil o Gabriel Elorriaga. Incluso las relaciones con la vicepresidenta se enfriaron tras las elecciones del pasado 24 de mayo por el amago de abrir las ventanas que realizó la ambiciosa vallisoletana, y que relataron varios medios de comunicación.

Lo cierto es que después de haber cosechado una amarga victoria el 20 de diciembre y de haber renunciado a someterse a la investidura ante la falta de apoyos entre otras fuerzas políticas, han sido varios los cronistas que han descrito los movimientos que se están sucediendo en el seno del partido para tratar de mover de la silla a Mariano Rajoy y buscar un candidato con la fuerza suficiente para mejorar sus resultados o una figura de consenso para encabezar una posible coalición reformista. Sea como fuere, el amago de García-Margallo ha sido visto por el todavía líder del partido como una traición a su confianza. Y, pese a su arrepentimiento, está por ver las consecuencias que tendrá.

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