¿Qué es la felicidad? Parece una pregunta extraña que todos nos hacemos en algún momento de nuestras vidas pero ¿cómo se define? ¿Es igual para mí que para los demás? ¿Y qué sentido da a lo que nos rodea? Existen infinitud de preguntas que dan vueltas a este sentimiento tan ansiado por los humanos, que tiene tanta importancia a lo largo de los años y que causa tanto impacto en la forma que vivimos día a día.

Lo cierto es que aunque todos tengamos claro que la felicidad es un estado fugaz y cambiante que se equipara a sentir placer y satisfacción, debemos saber que es un bienestar subjetivo y que dar con una definición como tal es casi imposible (si buscas en Google verás que hay más de dos millones de resultados).

Aunque en general todos estamos de acuerdo en cómo nos sentimos cuando creemos estar felices (satisfechos con la vida, de buen humor, sentir emociones positivas, placer, risas, haber conseguido un objetivo lejano...), la verdad es que nadie se pone de acuerdo, ni siquiera la propia ciencia.

Dado que todos tenemos el mismo objetivo de encontrar ese estado, es natural preguntarse cómo puede cambiar o no a medida que pasan los años. Y lo cierto es que todos envejecemos. Es una verdad a la que todos nos tenemos que enfrentar en algún momento. De hecho, debemos ocuparnos del único activo no renovable con el que todos nacemos: el tiempo.

A todos nos gustaría llegar a la madurez con la gran respuesta respondida, pero a veces nos encontramos en una encrucijada en la que no tenemos ni idea de cómo llegar hasta a ella. A eso se le suma que todos conocemos el término crisis de la mediana edad y las dudas que entran sobre si a ciertos años has cumplido todos los objetivos que te habías marcado. ¿Hay algunos trucos para conseguir esa felicidad?

¿Se puede aprender a ser feliz?

Aunque parezca algo increíble, lo cierto es que numerosos estudios a lo largo de los años aseguran que sí es posible aprender a ser feliz. El grado en que puedes aumentarla variará ampliamente según la teoría que elijas, pero para mejorarla en general, el método más eficaz es mirar la lista de objetivos anteriores y trabajarlos para perfeccionar la calidad de tus experiencias en cada una de ellos.

Por ejemplo, puedes trabajar para conseguir un sueldo más alto (aunque quizá no obtengas los resultados tan altos como realmente quisieras), mejorar tus condiciones de salud, hacer por desarrollar y mantener relaciones de alta calidad y, en general, encontrar formas de incorporar más sentimientos positivos en tu vida diaria, lo que conduce a la seguridad y la igualdad social.

La buena noticia es que todos estamos programados con la capacidad para hacernos felices, solo que muchos de nosotros hemos olvidado cómo y, gracias a nuestras experiencias diarias, vivimos en una neblina de desgracia cotidiana. Muchos tenemos creencias inútiles y comportamientos innecesarios y nos etiquetamos como ansiosos e infelices permaneciendo en un estado miserable. Pero una simple reprogramación es posible.

La mayoría solo se desafía a sí mismo para hacer un cambio cuando la pérdida es demasiado alta. Si estás luchando por hacer ese giro, observa qué incomodidades estás evitando y qué te detiene. Es hora de enfrentar el hecho de que tenemos poder sobre nuestros sentimientos y nuestras vidas. 

La soledad, un enemigo difícil

La soledad y el aislamiento social durante la madurez se ha convertido en uno de los mayores problemas en la actualidad. Además, sus riesgos son graves para la salud pública, ya que según datos de Grandes Amigos (antes Fundación Amigos de los Mayores), casi dos millones de personas mayores de 65 años viven solas en nuestro país (1.410.000 son mujeres: un 71,9% del total y 550.900 son hombres, un 28,9%).

Si bien es bastante difícil medir con precisión las consecuencias reales de la soledad, existen muchas evidencias científicas de que las personas mayores de 50 años que están socialmente aisladas o solas ponen en riesgo su salud.

Varias investigaciones explican que este sentimiento tan negativo que va en crecimiento eleva el riesgo de sufrir muerte prematura (que rivaliza con el tabaquismo, la obesidad y el sendentarismo), conduce a mayores tasas de depresión, ansiedad y suicidio, se asocia con la demencia e incluso en algunas ocasiones conduce a aumento de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.

Trucos para conseguir ser feliz

Efectivamente, como ya hemos estado hablando anteriormente, para cada persona la felicidad llega o se siente de una manera muy diferente, aunque cuando se alcanza la madurez existen algunos trucos para intentar conseguirla, como empezar a dar prioridad a tu familia y a tus amigos. Y es que con la edad, las conexiones sociales se convierten en uno de los pilares más importantes.

Propónte ir a ver o llamar por teléfono a algún conocido siempre que puedas porque mientras envejeces estar acompañado por quienes más quieres puede ayudar a que no sufras depresión. Además, si lo prefieres, puedes contratar también el servicio de un cuidador profesional que te eche una mano y te haga compañía durante esta etapa tan extraña.

Sonríe siempre que puedas y procura tener buen humor. Suena simple, pero a menudo es difícil hacerlo cuando llegan tantas cosas malas. Sin embargo, hacerlo activa unas hormonas en el cuerpo asociadas con la felicidad. Anima a tu ser querido a hacerlo frente el espejo cuando se despierta por la mañana. Comenzar así puede establecer un tono positivo durante todo el día.

Camina todos los días. Andar es bueno, pero con ritmo mucho mejor. Dar un paseo a paso ligero se ha relacionado con una mejor memoria, una mejor salud y una vida más larga, pero hacerlo más rápido hasta que estés un poco sin aliento o sudoroso durante 30 minutos al día es genial para también obtener los beneficios adicionales de la vitamina D. ¿Dónde? Mejor al aire libre: los árboles producen fitoncidas, unos compuestos orgánicos que ayudan a reducir la presión arterial, disminuir el estrés y aumentar el sistema inmune. Se ha descubierto que los microbios del suelo reducen la depresión y pueden contribuir a la salud de nuestro microbioma.

Quédate con las pequeñas cosas. No le des importancia a cosas que no la tienen y comienza a pensar en ti de una vez por todas. Además, hazlo con sentido del humor. Opta siempre por seguir riéndote de las cosas divertidas de la vida para que puedas olvidar las malas que suceden. Cuenta algunos chistes con amigos, bromea y huye de lo negativo para que tu estado de ánimo siempre sea positivo.