La primavera llama con fuerza a la puerta y el verano está a la vuelta de la esquina. En la maleta no faltan bañadores o toallas, pero tampoco debe quedarse atrás la protección solar. No hablamos ya solo de evitar las incomodísimas quemaduras, sino que nuestra amplitud de miras debe velar por nuestra salud a largo plazo, donde si no tratamos bien a nuestra piel podemos encontrar a terroríficos enemigos, incluso en primavera.

El primero de ellos es la oxidación, acrecentada por la insolación, pero no es el más temible, ya que los melanomas y otros cánceres de piel acechan (el cáncer más común en poblaciones de piel blanca), sobre todo en países con tantas horas de sol como España, bien cargados de rayos UV, enemigos naturales de la exposición prolongada al sol, aunque la fotorprotección no está solo en las cremas.

Da igual que busquemos la excusa de asimilar mejor la vitamina D (que es cierto que se favorece con tomar el sol), pero para ello no necesitamos pasarnos cuatro horas vuelta y vuelta en la piscina, y es que nos sobrarán unos 15 minutos diarios para fomentar esa absorción.

Hoy el foco, casi nunca mejor dicho, lo situamos en una correcta aplicación de la crema solar para que nuestra tacañería no se choque de bruces con hipotéticas quemaduras y acabemos pensando que la crema no ha surtido efecto.

Protección solar al alcance de tus dedos

En la protección solar hay que tener clara una cosa: más vale que sobre a que falte. Quizá no sea lo más económico porque las cremas solares, independientemente de su factor de protección, son relativamente caras, pero debemos asumir que pecar de generosos siempre va a hacer que nuestra piel lo reciba mejor que ser unos supertacañones ante la exposición solar.

Sin embargo, pasarse con la cantidad no significa que vayamos a aumentar el tiempo de protección, según indica la AEDV, además deberíamos estar reaplicando crema con protección solar cada dos horas.

Huelga decir que la crema no hace milagros, partiendo de que debemos tener claro que la nomenclatura de las cremas con protección solar nos advierte muy claramente con su numeración: a más alto, más protección. Esto lo obtenemos de un sencillo ejemplo matemático, ya que el índice de protección solar 25 significa que solo 1/25 dede los rayos ultravioleta llegarán a la piel.

Esto sale, sin querer ahondar en ello, en un cálculo que se hace sobre personas con fototipos claros (I, II y III), donde el resultado FPS será el de dividir la DEM (dosis eritematógena mínima o lo que es lo mismo, la dosis de radiación UV efectiva que causa un enrojecimiento perceptible) sin protección por la DEM con protección.

También, aunque quizá resulte obvio, pero la insistencia nunca está de más, cabe recordar que al sol, además de tenerle respeto, hay que evitarlo en la medida de lo posible en las horas centrales del día, aquellas en las que más perpendicular cae sobre la superficie terrestre y donde la incidencia de los UV es mayor.

Partiendo de que hay que tener la crema a mano (no solo en playas o piscinas, aunque más aún cuando estamos frente a superficies reflectantes) y que no deberíamos exponernos al sol en esa franja horaria, hay otras cuestiones que debemos saber para conocer si estamos protegidos o no. Aquí topamos con el universo de las cantidades: Realmente, ¿cuánta crema solar necesitamos para estar bien preparados ante el ataque de los rayos del sol?

Matemáticamente hay una cifra, extrapolada de los estudios de medición del FPS (factor de protección solar), como la que indica este ejemplo de la AEDV (Academia Española de Dermatología y
Venereología): es necesario aplicar 2mg/cm².

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Además de reponerla cada dos horas, no hay que ser tacaños con la crema solar. ©Pexels.

No pretendemos que te pongas a jugar al Quimicefa, ni a echar cuentas de cuánto mides y cuánta crema necesitas, aunque desde la AEDV dan una cifra estimada para una persona: entre 30 y 36 ml de crema para proteger toda la superficie corporal.

Entonces, ¿cuánto es 2 mg/cm²? Pues no hay que estar con la cuchara porque estaremos hablando de dos dedos (índice y corazón) cubiertos de crema. Dicho esto, ¿cuántos dedos de crema deberíamos estar aplicándonos para limitar al máximo esta interacción nociva con los rayos solares?

Pues obviamente depende de cómo de vestidos estemos, pero suponiendo que estuviéramos en camiseta de manga corta y con la cara al descubierto necesitaríamos la cantidad de un vaso de chupito (unos 5 ml), según la AAD (Academia Americana de Dermatología).

Pero, ¿y si estamos en la piscina o en la playa? Pues en ese caso debemos acudir a la denominada regla del nueve, que no es una tabla matemática, sino la división de nuestro cuerpo en 11 partes, cada una de las cuales ocupa aproximadamente un 9% de la superficie total del cuerpo.

  • Cabeza, cuello y cara
  • Brazo izquierdo
  • Brazo derecho
  • Parte alta de la espalda
  • Parte baja de la espalda
  • Tórax
  • Abdomen
  • Muslo izquierdo
  • Muslo derecho
  • Pierna y pie izquierdo
  • Pierna y pie derecho

Aquí, de nuevo para no complicarnos con las matemáticas, podemos sintetizar las cantidades recurriendo a la medida de los dedos: dos para la cara, el cuello y la cabeza; dos para cada brazo; dos para cada pierna (muslo, pantorrilla y pie); cuatro para la espalda y cuatro para el torso.

Ahora que ya sabes cómo aplicarte bien la protección solar de tu crema, ¿sabes dónde vas a poner tu próxima sombrilla de vacaciones?