Neurociencia

El paciente que perdió el nombre de los colores

El estudio de una lesión cerebral muy particular ha servido para profundizar en uno de los debates más recurrentes en neurociencia: ¿hasta qué punto el lenguaje condiciona la percepción de la realidad?

El paciente que olvidó el nombre de los colores
El paciente que olvidó el nombre de los colores Wikimedia Commons

En febrero de 2014, el paciente RDS (del que, por motivos de privacidad, solo han trascendido sus iniciales) sufrió una isquemia en la arteria posterior izquierda de su cerebro que le produjo una serie de secuelas. El hombre, de 54 años, origen portugués y con residencia en Francia, perdió la capacidad de leer palabras y números, lo que le obligó a abandonar su trabajo, pero también presentaba una particularidad menos frecuente: cuando le ponían delante algo de color amarillo, azul o rojo, era incapaz de nombrar el color del objeto.

El equipo de Paolo Bartolomeo contó con la colaboración del paciente para realizar una serie de experimentos sobre la percepción del color y el lenguaje que se publican esta semana en la revista Cell Reports. La intención era determinar hasta qué punto la pérdida de la capacidad de nombrar los colores condicionaba su capacidad de categorizarlos o distinguirlos. Para ello, los autores realizaron una serie de pruebas de neuroimagen al paciente para comprobar qué zonas se activaban durante las tareas y le sometieron a una serie de tests en los cuales tenía que identificar los distintos tonos y cuyos resultados compararon después con los de un grupo de control. Además, le hicieron el test de Ishihara para comprobar que la lesión no había alterado su visión del color.

Los autores creen que nuestro cerebro procesa de manera diferente los tonos acromáticos

Lo que vieron está dentro de lo esperable, pero sigue dejando abiertas algunas cuestiones interesantes sobre el papel que tiene la verbalización de los conceptos en la propia apreciación de la realidad. El paciente RDS, por ejemplo, no sabía nombrar un color como rojo, pero sabía distinguirlo de uno marrón o apreciar cuáles eran más claros, más oscuros y cuáles una mezcla. “Nos sorprendió su capacidad de nombrar correctamente los llamados colores acromáticos, como el negro, el blanco o el gris, en oposición a su incapacidad de nombrar los cromáticos como el rojo, el azul o el verde”, asegura Katarzyna Siuda-Krzywicka, coautora de la investigación. En su opinión, esto sugiere que el área del lenguaje de nuestro cerebro procesa de manera diferente los tonos acromáticos de los colores.

En las pruebas pidieron a RDS que nombrara 34 parches de color, de los cuales 8 eran acromáticos y en los que tuvo un 84% de aciertos. En los que mostraban colores como rojo, azul o verde, su tasa de acierto fue de solo el 34%. Durante estas pruebas, además, el paciente dudaba y usaba técnicas de asociación como por ejemplo decir “este es el color de la sangre, por lo tanto debe ser rojo” o “este es el color del cielo, así que es azul”.

Respecto a las pruebas de categorización, los autores presentaron una serie de discos partidos por la mitad que contenían o bien dos tonos de la misma categoría de color (por ejemplo dos azules) o bien dos tonos de categorías diferentes (como marrón y rojo) y tanto los voluntarios como el paciente debían señalar cuál de ellos contenía colores de la misma categoría. En este caso, la actuación de RDS era solo ligeramente peor que la del grupo de control (un 80% frente a un 90% de aciertos), lo que - junto con el resto de pruebas - lleva a los autores a sacar un par de conclusiones: que la categorización del color y su verbalización actúan de manera separada en los circuitos cerebrales y que la categorización se produce en los dos hemisferios cerebrales y no solo en el izquierdo, como sugirieron minoritariamente algunos estudios.

Una de las figuras del estudio, donde se ven los discos dobles del test
Una de las figuras del estudio, donde se ven los discos dobles del test Bartolomeo et al.

Para el neurocientífico Xurxo Mariño, especialista en sistema visual, el resultado es interesante, dado el caso que estudia, pero no especialmente novedoso, puesto que existe desde hace tiempo consenso científico sobre que “la categorización de colores es una respuesta de nuestra organización neurobiológica”, como demuestra el hecho de todas las culturas hagan esa misma categorización general. Así, se ha observado que en todos los grupos humanos que tienen solo tres nombres para colores estos son siempre los mismos (el blanco, el negro y el rojo) y que sucede igual cuando son cuatro (blanco, negro, rojo y verde). “Además, cuando se les pide que señalen cuál es el tono más característico de alguno de esos colores, por ejemplo el rojo, todos coinciden en señalar el mismo tono como representativo del rojo, independientemente del número de colores dentro de su lenguaje”, asegura Mariño. “Lo que apunta a que hay sesgos neurobiológicos que nos ayudan a definir categorías muy similares”.

“La categorización de colores es una respuesta de nuestra organización neurobiológica”

Por otro lado, recuerda, por mucho que la variabilidad de nombres para designar colores haya mostrado en algunos casos que puede ayudar a distinguir tonos con más rapidez o precisión, no cabía esperar que un paciente que perdiera la capacidad de nombrar los colores dejara de distinguirlos o la variara sustancialmente la forma de verlos, como parece apuntar la hipótesis inicial de este grupo. Algunos lingüistas han señalado a la tribu de los pirahã, en el Amazonas, como la única en el mundo que carece de nombres específicos de los colores y se refiere a las cosas por comparación, exactamente como hacía el paciente RDS: “esto es del color del cielo” o “esto es del color de la sangre”. En ese sentido, su lesión le habría convertido metafóricamente en un pirahã, dado que no dispone de vocabulario para nombrar los colores pero sabe distinguirlos y correlacionarlos sin demasiados problemas.

Para el neurocientífico Luis Martínez Otero, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, este tipo de casos raros o únicos tienen el valor de “iluminar la periferia del conocimiento y hacer dudar de ciertas cosas” que predicen los modelos. En su opinión, el trabajo no dice nada esencialmente distinto a lo que mucha gente ha dicho ya, pero tiene el valor de que el resultado no termina de ajustarse al cien por cien con lo esperado. Si el paciente hubiera categorizado igual de bien que el grupo de control, habría quedado claro que el lenguaje no tiene ningún papel en la percepción, pero de esta forma - y junto con otras muchas pruebas sobre la influencia del contexto en la forma en la que vemos la realidad - deja una puerta abierta a cuestiones que sería interesante seguir explorando.

Referencia: Color categorization independent of color naming (Cell Reports)

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