A partir del 14 de marzo de 2020, España sufrió un parón a causa de la covid que se prolongó durante semanas y tanto el ocio como las actividades culturales quedaron reducidas a la lectura, la música y las películas y series. En aquel momento, los modelos de vídeo bajo demanda (VOD, en las siglas en inglés) se convirtieron en una vía imprescindible para llenar las horas libres con contenido interesante o simplemente entretenido y pasaron de suponer un complemento de los momentos de recreo a una alternativa necesaria.

La cultura se convirtió en bálsamo para las crisis del confinamiento y el audiovisual fue el antídoto más eficaz contra la claustrofobia. Pocos negocios han incrementado sus resultados económicos en esta situación de pandemia y las plataformas de contenidos han sido una de esas excepciones que vieron incrementarse sus cifras a medida que el encierro se prolongaba.

Este es el caso de Filmin, una compañía española de contenidos audiovisuales en línea creada en 2008 por Juan Carlos Tous, Jaume Ripoll y José Antonio de Luna, que busca la calidad y que mantiene intacto el espíritu con el que fue concebida: la diversidad, lo heterogéneo, el riesgo y la visibilidad del cine de grandes autores, tal y como ha señalado Ripoll en una entrevista concedida a Vozpópuli, en la que ha desvelado algunas de las claves del éxito de su negocio, que mira de frente a otras grandes compañías internacionales como Netflix, HBO, Amazon o Disney.

Somos una plataforma de proximidad que intenta establecer una conexión emocional y un diálogo con los espectadores del país en el que está", afirma Ripoll

El principal requisito para triunfar se basa en una premisa sencilla: el conocimiento del terreno en el que se trabaja. "Filmin funciona por un gran conocimiento de lo local. Somos una plataforma de proximidad que intenta establecer una conexión emocional y un diálogo con los espectadores del país en el que está, y eso significa tener un ojo en la actualidad, en los nuevos creadores que puedan surgir para trabajar con ellos, en las series que se puedan rodar, en las colecciones y en las colaboraciones con festivales. Solo se puede hacer teniendo un conocimiento profundo de lo local. De lo contrario, seríamos una plataforma genérica y el único futuro que tiene es la desaparición", asegura Ripoll.

Sin embargo, lo cierto es que las cifras de este último año y medio no solo se deben a su buen hacer tanto en España como en Portugal y México -donde también establecieron su negocio hace varios años-, sino también al momento de pandemia. Tal y como ha indicado, con el confinamiento la compañía dobló la facturación de 2019 en 2020, pasando de 6 a 15 millones de euros, y, en el caso de las suscripciones, la cifra estuvo también cerca de duplicarse.

"En lugar de subir un escalón hemos subido tres", reconoce Ripoll, quien no obstante hace mención al "reto tecnológico" y de adecuación de "equipo y sistemas, de contenido y de catálogo", así como al reto de mantener el volumen de novedades en un momento en el que "el sistema de producción mundial se había acabado". "Había momentos en los que no había novedades y eso implicaba pensar en cómo colmar los deseos de los suscriptores", ha señalado el socio de Filmin, que cuenta en la actualidad con 55 trabajadores.

En cuanto a los accionistas, Filmin dio entrada en noviembre de 2020 a Nazca Capital, que se convirtió en accionista mayoritario, así como Seaya Ventures. En cualquier caso, con este cambio no se pierde ni la "esencia" ni la "independencia" para distribuir "todo tipo de contenidos, sea cómodo o incómodo", en palabras del socio de Filmin.

Para que haya un ecosistema audiovisual más diverso todos tenemos que hacer un esfuerzo", señala el socio de Filmin

La actividad de Filmin no se limita a la exhibición en plataforma, sino que también son distribuidora de cine e impulsores del Atlantida Film Fest, que arranca a finales de este mes su 11º edición, tanto en versión física en su sede habitual -Mallorca- como en Filmin. Mientras que esta empresa luchó en sus inicios por dar prestigio a las plataformas, ahora apuesta por las salas en un momento de crisis. "El cine sin cines no es cine", afirma Ripoll, consciente de que su trabajo también es "ayudarlas y que la audiencia vuelva a ellas".

Por ello, "dada la situación de dificultad", cree que hay que tratar de dar "estrenos exclusivos" y apoyar desde la comunicación, una labor que la plataforma lleva a cabo desde noviembre del pasado año, a pesar de que "no siempre va a favor".

En este sentido, puntualiza que "no corren peligro las salas, sino la diversidad de lo que ofrecen las salas". "Las cifras demuestran que aún hay mucha gente que quiere ver películas con vocación de espectáculo o de evasión, pero para que haya un ecosistema más diverso y para que las películas que necesitan de recorrido cinematográfico para ser más rentables todos tenemos que hacer un esfuerzo, y está por ver cómo terminará siendo", apunta.

La fatiga de decisión: el reto de la plataforma

En los últimos meses, y desde que Netflix implantó su modo aleatorio para que el usuario pueda dejar de malgastar el tiempo en elegir qué ve, se ha hablado mucho de la fatiga de decisión, es decir, el cansancio que produce decidir los contenidos que se van a disfrutar en la plataforma, y que es la tarea de un programador en la televisión convencional. "A todos nos afecta. Tenemos tanto que ver que terminamos por no ver nada, es el discurso, la cantinela", reconoce este socio de Filmin, que admite haber luchado contra este asunto desde que Filmin echó a andar hace doce años.

En este sentido, indica que el objetivo de esta plataforma es doble: por un lado, hacer atractivo un título que en principio podría no serlo y, por otro, conseguir que un espectador pueda sentirse satisfecho con su decisión. Por ello, celebra el éxito de algunas soluciones, como la creación de colecciones o canales temáticos, que, según señala, han sido "imitados por otras plataformas", pero reconoce que tienen que "ir más allá". "Hay cuestiones que no hemos resuelto", confiesa.