Cultura

Moisés Naím: “En todas las democracias se ha hecho difícil formar gobierno y sostenerlo”

El analista y escritor responde a Vozpópuli los interrogantes sobre la fragilidad de las democracias occidentales y desvela un posible efecto combinado de conspiración y contagio 

El columnista y analista Moisés Naim fue director ejecutivo  del Banco Mundial. En 2011 fue reconocido con el Premio Ortega y Gasset de periodismo.
El columnista y analista Moisés Naim fue director ejecutivo del Banco Mundial. En 2011 fue reconocido con el Premio Ortega y Gasset de periodismo.

Ya en 2013, el analista y escritor Moisés Naím diagnosticó el fin del poder tal y como lo conocíamos. Entonces, el mundo veía saltar las primeras astillas de un hueso a punto de romperse: presidentes acorralados por sus parlamentos, Papas que renunciaban, compañías que se hundían, gobiernos incapaces y el desencanto de los ciudadanos en la calle. El poder, escribió entonces en un ensayo publicado por Debate, se había hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder.

Seis años después, Moisés Naím observa cómo aquel diagnóstico se agrava, una situación que ocurre con la misma lógica en Cataluña, Francia, Chile o Bolivia. Una mezcla entre contagio y conspiración. Los tropiezos de las democracias occidentales así lo demuestran. “En todas las democracias se está haciendo más difícil gobernar, formar un gobierno de coalición o sostenerlo”, asegura el premio Ortega y Gasset de Periodismo 2011, durante 14 años director de la prestigiosa revista Foreign Policyy actual analista con su Observatorio Global.

Venezolano, ex ministro de Comercio e Industria durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, director ejecutivo del Banco Mundial desde 1990 hasta 1992 y también asesor del departamento de economía internacional del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, una organización privada, sin fines de lucro, que desde 1910 se dedica a fomentar la cooperación entre las naciones y la implicación de los Estados Unidos en la política internacional.

Además de científico y estudioso de la realidad económica, política y social global, Naím ha presentado hace poco una historia casi ficticia de amor y espionaje en tiempos de Hugo Chávez. Se trata de la novela Dos espías en Caracas, que Ediciones B publicó en enero de este año y en cuyas páginas desgrana la relación entre una agente de la CIA y otro de la inteligencia cubana en la Venezuela dela Revolución Bolivariana. No le bastó a Naím aquella incursión en el género novelístico, porque ahora prepara otra, además de un libro de ensayo que retoma y profundiza sus ideas ya planteadas en El fin del poder (Debate).

A las cuestiones sobre la debilidad de la imposibilidad global para formar y mantener gobiernos, así como la eclosión de los populismos, nacionalismos y el concierto de una oscura trastienda de desestabilización de las instituciones en todo el mundo, responde a VozpopuliMoisés Naím, una de las voces más autorizadas para explicar la realidad global y autor de más de diez libros sobre economía y política internacional.

Chile, Bolivia o Venezuela ponen de manifiesto la crisis de las democracias en América Latina. ¿Hay alguien detrás de eso o es un efecto contagio?

—¿Coincidencia, contagio o conspiración? Esa es la conversación que en estos tiempos está ocurriendo en América Latina y otros partes (Líbano, Irán, Francia, Iraq, Hong Kong, etc). ¿Son los disturbios producto de la combustión espontánea de una sociedad harta de quienes detentan el poder? ¿Son producto del “efecto demostración” de ver a la gente en las calles en otras ciudades? ¿Es una conspiración internacional con cómplices locales? En mi opinión son las tres cosas.

—¿Qué alimenta esa hipótesis?

—Las protestas suelen ser desencadenadas por disparadores muy concretos, por ejemplo: el aumento del precio del combustible, de la tarifa del metro o de algún accidente. Pero rápidamente escalan y sorprenden al gobierno por su tenacidad, ferocidad e impacto. Y también sorprenden a quienes protestan por el inesperado éxito. Esto los estimula a ampliar sus demandas y pasan de exigencias muy específicas y puntuales a demandas como el cambio de la Constitución o del gobierno.

Es evidente que los gobiernos de Cuba, Venezuela y Rusia están tratando de aprovecharse de estas convulsiones políticas

—De lo cual se deduce… ¿qué, exactamente?

—Es obvio que quienes están en las calles protestando están muy pendientes de lo que sucede con quiénes hacen lo mismo en otros países. De allí el contagio. Y, por supuesto, que quienes están interesados en desestabilizar a gobiernos adversarios, se montan en esa ola y envían (o activan) a sus agentes para promover y agravar los disturbios callejeros. Es evidente que los gobiernos de Cuba, Venezuela y Rusia (cada quien a su manera y utilizando diferentes recursos y estrategias) están tratando de aprovecharse de estas convulsiones políticas.

¿Son las democracias occidentales más débiles hoy que en los años 90?

—Todos los actores políticos y económicos, nacionales e internacionales, públicos y privados son hoy más débiles de lo que solían ser. Naturalmente, siguen existiendo instituciones y personas que concentran muchísimo poder. Pero los poderosos, todos ellos, también enfrentan restricciones que no tenían antes.

Los nacionalismos y populismos basados en el agravio campan. Cataluña es uno de ellos. ¿Es un rebrote general?

—Por supuesto que sí. Es un fenómeno global. La característica fundamental es la globalización de la polarización y las profundas divisiones en la sociedad. En todas las democracias se está haciendo más difícil gobernar, formar un gobierno de coalición o sostenerlo. El desempeño de las democracias se ve muy comprometido por estos “trancones de gobernabilidad” que paralizan o limitan fuertemente la capacidad de actuar de los gobiernos, bajan el desempeño y frustran aun mas a la población, crispándola y polarizándola

¿Identifica un rasgo e incluso un motivo común entre la aparición, por ejemplo, de Trump de EEUU o el independentismo catalán?

—Sí, la manifestación del uso de la polarización y la exacerbación de conflictos sociales preexistentes como instrumento de poder.

“Hoy, el poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder", escribió en 2013. ¿Ha mutado ese proceso o se profundiza?

Se profundiza. Como autor de El fin de poder es gratificante ver que los pronósticos que están en las páginas de un libro que salió en el 2013 explican perfectamente los titulares de los periódicos a en todo el mundo durante 2019, antes y seguramente después. Pero esa es una manera muy miope de ver las cosas. Mi complacencia como analista es ampliamente superada por mi preocupación como ciudadano profundamente comprometido con la democracia. Ver como un gobierno tras otro está siendo cada vez más incapaz de actuar y responder a las necesidades y demandas de sus votantes. Eso es sumamente preocupante. Por no mencionar que esta debilidad gubernamental siempre termina generando un inmenso sufrimiento humano. La evidencia de esto está a la vista todos los días en los titulares de las noticias.

Usted, que ha publicado ficción este mismo año, y que tiene una dilatada obra de ensayo, conoce las posibilidades de ambas para explicar la realidad. ¿Escogería una sobre la otra?

—Sí,no tengo dudas que la ficción combinada con teorías, conclusiones, hechos y realidades verificables es una potente combinación para explicar la realidad. Es necesario disponer de lo mejor de las ciencias sociales modernas para realmente entender los fenómenos que moldean nuestro tiempo. A mí en particular me divierte mucho ser un científico social que ahora también escribe novelas.

¿En qué está trabajando actualmente?

En una novela y en un libro de no ficción. En el ensayo actualizo las ideas planteadas en El fin del poder.

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