Cultura

Jorge Carrión y el movimiento del caballo

Así se mueve el escritor y crítico en su más reciente libro Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg), un volumen que retoma su vocación analítica e historicista

Jorge Carrión y el movimiento del caballo
Jorge Carrión y el movimiento del caballo

Hay cosas imposibles. Un caballo con gabardina suelto por Barcelona, por ejemplo. Aunque todo es cuestión de proponérselo. Así ha decidido moverse Jorge Carrión por la metrópolis cultural: con el efecto sorpresa de la caballería en el ajedrez y la elegancia de los fláneurs -con gabardina y bombín, de hecho-, por no decir la circularidad del paseante. Así lo ha hecho en su más reciente libro Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg), un volumen que retoma su vocación analítica e historicista y levanta una cartografía de los pasajes, ese tipo de ordenamiento urbano que caracterizó a la Barcelona moderna y de la que se vale para acometer una reflexión tan literaria o estética como ciudadana.

Así ha decidido moverse Jorge Carrión por la metrópolis cultural: con el efecto sorpresa de la caballería en el ajedrez y la elegancia de los fláneurs

Durante años, Jorge Carrión se ha dedicado a recorrer, estudiar e incluso biografiar 226 pasajes de la ciudad. El resultado forma parte de este compendio, que aporta tres niveles de lectura sobre le hecho urbano: uno que traza una historia de Barcelona y la vocación moderna de los cambios en su urbanismo; las reflexiones de un ciudadano que al mudarse a Poblenou, pasa a observar la periferia del centro histórico y una tercera visión que busca la biografía de los lugares por donde pasa. Así, Carrión se adentra en los pasajes barceloneses: los rastrea en las hemerotecas, los recorre y olfatea, entrevista a los habitantes de esos lugares pequeños,  algunos tan significativos como el pasaje de Maluquer, donde nació Eduardo Mendoza o el del Crédito, donde nació Joan Miró. Pero como esos, muchos más.

No hay género literario que no conozca ni tema que no haya tratado. Si existe algo como la post verdad, en Jorge Carrión existe el post humanismo

No hay género literario  que no conozca ni  tema que no haya tratado. Si existe algo como la post verdad, en Jorge Carrión existe el post humanismo. En un tiempo como éste, en el que el saber se compartimenta y atomiza, su actitud abarcadora luce tan afirmativa como anacrónica. Ha de ser por eso que Jorge Carrión consigue lo que consigue: trazar mapas inesperados, de tan olvidados como estaban. Se mueve, así, como los caballos en las cuadrículas de ajedrez, con efecto sorpresa. O al menos así lo dice él.

Como si le llevara la contraria a Marc Augé y su brote desolador de ‘no lugares’, Carrión se empeña en dotar de sentido todo: las librerías

Como si le llevara la contraria a Marc Augé y su brote desolador de ‘no lugares’, Carrión se empeña en dotar de sentido todo: las librerías, lo hizo en su ensayo dedicado al tema con el que se alzó como Finalista del Premio Anagrama de Ensayo; las series, a las que casi levanta una fenomenología con Teleshakespeare (2011); ahora, estos pasajes que pueblan su libro sobre Barcelona.  Compilador de muchos volúmenes de no ficción, Jorge Carrión ha ecsrito también trilogía conformada por las novelas Los muertos (2010), Los huérfanos y Los turistas (2015)

-Lleva ya ocho años trabajando este tema. ¿Qué fue a buscar en los pasajes de Barcelona? ¿A quién o qué desea encontrar con esta especie de cartografía moderna?

-Supongo que fui a buscar la confirmación de que todos tus viajes están ahí, resumidos, condensados, en el paisaje cotidiano de tu propio barrio. En el Manufacturas encontré lo mismo que había encontrado en los pasajes del París de Breton y Aragon, o en los del Buenos Aires de Piglia, o en los de Londres o Melbourne: una máquina del tiempo. ¿Para qué la he utilizado? Para acceder a un momento en que Barcelona tuvo que decidir entre varios proyectos de ciudad. Un momento fascinante, en que la metrópolis tanteaba vías de futuro. En los pasajes, de algún modo, puedes observar el pasado. Despiertan al detective arqueólogo que hay en ti.

"El libro va cambiando de piel. A veces es cuaderno de viaje, a veces es entrevista o periodismo, también ensaya, incluso apuesta por el lirismo o el humor"

-¿Cuál es, según usted, la naturaleza de este libro: una biografía de la ciudad, un libro de viajes? ¿Un ensayo sobre la modernidad? ¿Un dietario?

-Su naturaleza es híbrida. El libro va cambiando de piel. A veces es cuaderno de viaje, a veces es entrevista o periodismo, también ensaya, incluso apuesta por el lirismo o el humor, de pronto se vuelve autobiografía, porque los paseos por esta ciudad donde yo no nací me hacen pensar en mis hijos, que sí han nacido aquí. Pero, tal vez sobre todo, es un ritmo: entre los textos que yo escribo para contar cómo leo Barcelona y los textos que cito, de hemeroteca, de grafitis, de publicidad, de autores que también se han obsesionado con ciudades, como Italo Calvino o Susan Sontag. Me interesa ese ritmo: alternar la voz propia y las voces de otros. Es importante que el libro fluya como un paseo.

-¿Le puede a usted el paseante a lo Walser o lo Baudelaire, el que  hace pensamiento en tanto que recorre, que se mueve?

-Es el modo como actúa tu cerebro cuando caminas: vagar, divagar, discurrir. También es el modo natural de "navegar" o "surfear" en internet: de un vínculo a otro. Hay una analogía clara entre lo que Baudelaire llamó el "bosque de símbolos" y cualquier red, con sus nodos y sus links. Pasear es crear redes. Y Barcelona. Libro de los pasajes tiene forma de red, sin centro, polifónica: es un libro-red.

"Las ciudades son realidades y ficciones complejas. Tal vez el gran invento del ser humano: su máquina más sofisticada"

 -Pensada como mapa… ¿Es Barcelona una ficción? ¿Son las ciudades una ficción?

-Las ciudades son realidades y ficciones complejas. Tal vez el gran invento del ser humano: su máquina más sofisticada. Intento que el libro esté siempre anclado al suelo de los datos y de los hechos, pero por momentos dudo. ¿Se puede escribir una novela sin ni un gramo de ficción? Ése es el reto. No sé si lo consigo. Pero es importante intentarlo: te mantiene atento, es tan fácil sucumbir a la tentación de inventar un detalle para que todo resulte más atractivo, más redondo...

 -Pensando en la Barcelona invisible, la del medio cultural y en la ciudad letrada, ¿es Jordi Carrión un periférico que ha pasado al centro? ¿un desclasado hacia arriba?

-Intento cambiar constantemente de sitio, que sea difícil prever mi próximo movimiento. Cuando camino por Barcelona siempre me desvío en los pasajes: me muevo como un caballo de ajedrez por esta metrópolis cuadriculada. Intento hacer lo mismo con mis colaboraciones en medios y con mis libros: que sean inesperadas, laterales, diagonales. No siempre lo consigo. Pero esa conciencia me permite estar alerta.

"Cuando camino por Barcelona siempre me desvío en los pasajes: me muevo como un caballo de ajedrez por esta metrópolis cuadriculada"

-Siente usted una fascinación por diseccionar sociológicamente los grandes pasillos de encuentro:  las series, en Teleshakespeare o los libros y sus templos en, Librerías, ahora los pasajes. ¿Cuál es el proyecto intelectual de Carrión?

-Yo siempre hablo de viajes y de migraciones: no creo en ningún tipo de frontera. No tengo un proyecto único, pero sí intento ser coherente, por eso entre la forma y el fondo de mis textos siempre busco una sintonía. El texto también viaja y migra e ignora fronteras, como lo hacen sus historias y sus personajes.

"Todos mis libros responden a diseños similares y todos han sido escritos porque en ese momento yo necesitaba escribirlos"

-¿Qué es lo que realmente interpela a Jorge Carrión, el análisis de sus proyectos de ensayo y no ficción o la creación ‘pura’ de la ficción?

-Todos mis libros, tanto las novelas (pienso sobre todo en Los muertos y Los huérfanos) como las crónicas que ensayan o los ensayos narrativos (Australia, Librerías, Barcelona. Libro de los pasajes...) responden a diseños similares y todos han sido escritos porque en ese momento yo necesitaba escribirlos. Todos me interpelaron en su momento por igual. Pero sí es cierto que en la novela disfrutas de una libertad que no encuentras en la no ficción. La libertad de la locura, del despropósito, de la salida de tono. En la no ficción se impone la coherencia. Sin embargo, me encantó escribir la escena del taxista enamorado de su loro, en mi último libro, o el perfil de Miguel Noguera, porque encontré el modo de que las piezas encajaran en el conjunto, aunque algo tengan de capricho personal.



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