Cultura

El robo al amante español de Francis Bacon: una historia de sado, herencias y 30 millones

Las cinco obras robadas en verano pertenecían a uno de los últimos amantes del pintor británico, quien murió en Madrid hace ya más de 20 años.

El artista Francis Bacon, en un retrato. El pintor murió en Madrid en 1992, poco después de la ruptura con su joven amante español.
El artista Francis Bacon, en un retrato. El pintor murió en Madrid en 1992, poco después de la ruptura con su joven amante español.

John Richardson, biógrafo canónico de Picasso y respetado académico, documentó en 2009 las dos relaciones afectivas más largas que tuvo Francis Bacon: Peter Lacy y George Dyer. El primero torturó durante años al pintor. El segundo se suicidó. No era el artista británico una pareja sencilla, tampoco elegía sus afectos con especial frialdad. A juzgar por su historial, a sus amantes los agasajó con el exceso: el de su carácter expansivo y el de su genio artístico.

Se sabe poco: del robo y del dueño. José Blanco Capelo –J.B.C como ha sido identificado- fue una de las últimas relaciones del pintor y su único amante español

José Blanco Capelo, el empresario español pareció disfrutar la segunda de las plétoras de su amante. La prueba son 5 obras de arte que Bacon le dejó en herencia y que se encuentran desaparecidas desde meses tras uno de los robos de guante blanco más sorprendentes y efectivos perpetrados en España. De hecho, es el mayor que se ha llevado a cabo con piezas de arte contemporáneo en nuestro país.

Hasta el momento se sabe poco: del robo y del dueño. José Blanco Capelo –J.B.C como ha sido identificado- fue una de las últimas relaciones del pintor y su único amante español. Bacon solía venir a menudo a Madrid, ciudad en la que murió en 1992 y en cuyos museos más de uno se lo encontró dando largos paseos. Invertía largas horas en estudiar a Velázquez, una figura que marcó su forma de retratar y de la que hizo algunas interpretaciones, como es el caso del óleo dedicado a Inocencio X del sevillano que sirvió de punto de partida para una reinterpretación de la obra hecha por Bacon.

El único amante español, una herencia de 30 millones …

Tal y como ha escrito John Richardson, Bacon y Capelo se conocieron en 1988. El pintor tenía 79 años y Capelo apenas 30 –hoy tiene 59-. Coincidieron en una fiesta dedicada al coreógrafo Sir Frederick Asthon. Bacon no dio tiempo a más encuentros: sintió una atracción inmediata por aquel joven ingeniero, que ya en ese entonces trabaja en el sector de las inversiones bancarias. Juntos viajaron a París, Sicilia, Centroeuropa, Cataluña, Andalucía... Apenas tres años después, Bacon retrató a Capelo en un tríptico de 1991 que hoy se exhibe en el MOMA de Nueva York.

Según Richardson, Bacon adoraba a Capelo aunque le causaba genuina irritación que su amante no quisiera hacer pública su homosexualidad

Según las versiones del biógrafo Richardson, Bacon adoraba a Capelo aunque le causaba genuina irritación que su amante no quisiera hacer pública su homosexualidad, un elemento que ha condicionado la extrema discreción de Capelo no sólo en el tema de su relación personal con el pintor, sino incluso en el robo perpetrado en su céntrica residencia madrileña, a unos pasos del Senado. Valoradas al menos en 30 millones, el robo de las cinco obras ha permanecido en la sombra. No se supo nada hasta hace apenas unos días… y eso que había ocurrido en junio. Sin duda, la discreción es un atributo de Capelo.

No fue hasta hace cuatro años, en 2014, cuando se supo que Bacon había dejado las piezas en herencia a Blanco Capelo. La información saltó a la opinión pública en una conversación grabada del pintor con su amigo Barry Joule y que fue publicada en The Sunday Times. A su 'affaire' español le había dejado cinco, dos más que las que dejó a su hermana. Si se considera que la obra de Bacon es de las más apreciadas –en 2013 batió récords cuando el tríptico Tres estudios de Lucien Freud se subastó por 127,2 millones de euros-. Aparentemente, las obras robadas en Madrid serían piezas de pequeño formato.

Las pulsiones sadomasoquistas y su influencia en la ruptura

Hay algo desconcertante en la relación que desarrollaron ambos: fue de las menos destructiva, acaso por su fugacidad y arrebato en la forma en que ocurrieron. Es conocida la pulsión autodestructiva de las relaciones de Bacon. Una de sus parejas, Peter Lacy, propinaba unas palizas memorables al pintor, a quien llegó a arrojar por una ventana de vidrio laminado. Milagrosamente, sobrevivió. "Después del incidente, Bacon amaba a Lacy aún más", escribió Richardson en The New York Review of Books. En cuanto a George Dyer, Richardson recuerda la relación tortuosa que mantuvo con Bacon y que desembocó en su suicidio en el lavabo de un hotel parisino en la víspera de la inauguración de la retrospectiva del artista en el Grand Palais de París.

Hay algo desconcertante  en la relación que desarrollaron ambos: fue de las menos destructiva, acaso por su fugacidad y arrebato

La vida, la muerte, la violencia, la ansiedad y el arrebato son algunas de las piezas que forman parte del motor de la obra de Bacon. Los académicos y estudiosos de su obra aseguran que los instintos sadomasoquistas del pintor explican en buena medida la ansiedad y desasosiego de sus pinturas.

Lo que pudo precipitar la ruptura entre este expansivo Bacon y su amante español era la renuencia de este a ventilar su homosexualidad. Hasta tal punto que a día de hoy, no se ha pronunciado jamás sobre su affaire con Bacon. Al parecer, la relación entre José y él estaba rota cuando Bacon hizo su último viaje a Madrid, desaconsejado por sus propios médicos. El 22 de abril de 1992 ingresó en la clínica Ruber de Madrid, y seis días más tarde falleció de una insuficiencia renal y respiratoria.

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