Independencia de Cataluña Puigdemont busca a la desesperada una salida entre la traición y la prisión

Carles Puigdemont se encuentra entre la espada de los independentistas y la pared del Estado. Su futuro, y el de Cataluña, se decidirá este martes. El 'president' busca desesperadamente una salida.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. ANDREU DALMAU

A las seis de la tarde subirá el presidente de la Generalitat a la tribuna de oradores del Parlament. El denominado 'procés' ha llegado a la hora de la verdad, al punto culminante de una loca carrera emprendida hace cinco años por Artur Mas y que ha desembocado en la mayor crisis que ha vivido España desde la restauración democrática. Carles Puigdemont ha de proclamar solemnemente la independencia de la República catalana, tal y como estipulan las leyes del referéndum y de la transitoriedad, aprobadas los días 6 y 7 del pasado mes.

Puigdemont se enfrenta a un escenario erizado de incógnitas. Si cumple con lo prometido a sus fieles, proclamaría la independencia sin anestesia. Podría ser detenido tras un movimiento de la Fiscalía ante el TSJC. Si no lo hace, sería considerado un traidor a la causa, un pusilánime que se ha arrugado a la hora de la verdad. El anti-Companys. Todo parece indicar que se inclinará por una tercera opción. Una declaración de independencia 'en diferido', rebosante de solemnidad pero sin efecto jurídico alguno. Un discurso al vacío. Una proclama sin consecuencias prácticas. Una patada hacia adelante para ganar tiempo, sin riesgos penales ni el fantasma de un 155 tras la puerta.

Miles de activistas habrán tomado el parque de la Ciudadela en un despliegue de 'milicias ciudadanas' de apoyo a la DUI (declaración unilateral de independencia). No se trata de un pleno extraordinario para aprobar los resultados del referéndum y declarar solemnemente la secesión. Se ha evitado esta fórmula para sortear la respuesta del Tribunal Constitucional.

El presidente de la Generalitat tomará la palabra para, oficialmente, disertar sobre 'la realidad política de Cataluña'. Un enunciado vaporoso y algo irónico que a nada compromete. Pocos saben el contenido del decisivo anuncio. Durante el fin de semana, Puigdemont ha conversado con mucha gente, recibiendo consejos, sugerencias y hasta admoniciones. "Está arrinconado, pero tiene claro que ha de tirar para adelante, convencido de que la independencia es el único camino y deseoso de no echar por tierra su imagen de libertador", comenta un político de su entorno más próximo. "Convocó un referéndum para proclamar la independencia y eso es lo que hará. Veremos el cómo".

Está arrinconado, pero tiene claro que ha de tirar para adelante, convencido de que la independencia es el único camino y deseoso de no echar por tierra su imagen de libertador", comenta un político de su entorno más próximo

En la tarde del lunes, el 'president' mantuvo reuniones privadas en su despacho con miembros del Govern, de ERC, de la ANC y de Ómnium Cultural. También había asesores varios presentes en la sala. Se trataba de pulir el discurso y prever las consecuencias. La ANC hará mucho ruido, pero son meros agitadores al servicio del régimen. Òmnium pinta menos y también están domesticados. El riesgo es la CUP, el ogro de todo este montaje. Funciona incluso alguna constante interlocución con Moncloa, según diversas fuentes. 

Crisis en el secesionismo

La sociedad catalana vive estos días con miedo, vértigo e inquietud. Puigdemont no puede salirse por la tangente después de semanas de movilizaciones de masas en pro de la secesión. "No hay marcha atrás, ni puede echarse a un lado. La salida más razonable es modular los pasos para el futuro", comentan. La familia secesionista está severamente dividida ante el paso decisivo.

Una de las opciones que se manejan a estas horas es declarar una independencia que sería, más adelante, ratificada por unas elecciones 'constituyentes', tal y como han sugerido algunos miembros del PDeCat. Una especie de referéndum del referéndum. Sería la DUI 'en diferido', o 'simbólico', que le permitiría a Puigdemont ganar tiempo a la espera de que cuaje alguna fórmula de mediación internacional. Europa le ha dado la espalda a los golpistas. Ni siquiera la tormenta sobre los supuestos excesos policiales del 1-O han servido como argumento de solidaridad europea. Nadie ha picado ese anzuelo.

Los sectores más radicales del golpe rechazan este formato. La CUP, fundamentalmente, que sigue guiando los designios del 'president', quiere una proclamación sin atributos, 'pura y dura', tal y como se expresaron los participantes la consulta ilegal del 1-O. Caso de que no sea así, amenazan con todo tipo de reacciones radicales, en línea con su trayectoria agresiva hasta la violencia. También entre los activistas de la ANC y Òmnium se empuja con fuerza en dirección hacia la 'independencia ya'. Sus respectivos líderes, 'los dos Jordis', están más sensatos desde que le vieron las orejas al lobo de la Justicia, tras declarar la semana pasada ante la Audiencia Nacional. "Han cogido miedo", señalan estas fuentes.

Una de las opciones que se manejan a estas horas es declarar una independencia que sería ratificada por unas elecciones 'constituyentes'. Una especie de referéndum del referéndum

La solución intermedia, esto es, proclamar una independencia 'de boquilla', aparece ahora como la decisión más plausible. La deserción de las filas secesionistas empieza a calar hondo. Los editoriales de los dos diarios más potentes de Cataluña insisten en pisar el freno e insisten en la mediaciónnacional o internacional. Medio centenar de ofertas de voluntariosos intermediarios han llegado ya a Moncloa en esta línea. Todas han sido amablemente rechazadas. En especial las de Pablo Iglesias y la de organismos foráneos, mercenarios de la especialidad.

La manifestación de Vargas Llosa

Desde Moncloa se advierten síntomas de fatiga y miedo entre los golpistas. Se insiste en una respuesta firme y contundente sin descartar el 155. que ya está pactado entre bambalinas con el PSOE y Ciudadanos. Nada hay previsto sobre el cómo y cuándo se adoptarán las medidas coercitivas contra la rebelión. Sáenz de Santamaría habló del Senado en una entrevista radiofónica ese lunes. El 155 debe pasar por la Cámara alta para su aprobación. Nadie en el Gobierno habla ya de diálogo o negociación. Pablo Casado, portavoz del PP, perfiló sin ambages el futuro político de Puigdemont si consuma su reto: "Puede acabar como Companys, en prisión".

La fuga de empresas hace temblar a buena parte de los miembros de la Generalitat. En especial a esos espíritus 'sensatos', a los que se refirió la vicepresidenta, que se mantienen en silencio, deseosos de quitarse de en medio cuanto antes. La manifestación del domingo, con cientos de miles de personas desfilando por las calles de Barcelona, ha sembrado la inquietud en las filas golpistas. El empeño de los dirigentes de Podemos en adjudicarla a los falangistas no ha logrado éxito aluno. Si acaso, algunas carcajadas de desprecio. Hasta Ada Colau emergió ayer de su zigzagueante silencio y se situó en contra de la DUI.

No hay datos sobre la respuesta oficial del Gobierno a la proclama de Puigdemont. Algunas versiones dan por hecho que Rajoy comparecerá en la misma noche del martes. El Ejecutivo no ha alterado su agenda. Santamaría presidirá por la tarde la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios en tanto que el titular de Interior presenta un libro de Lorenzo Silva. El presidente asistirá a la sesión de Control del Senado y miembros del Ejecutivo harán lo propio en el pleno del Congreso.


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