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La TV-3 independentista se queda vacía: la audiencia huye en tromba

Esta televisión, que llegó a rozar el 30% de cuota de pantalla, ni siquiera superó la barrera psicológica del 10% en agosto. La audiencia de este canal se ha esfumado debido a la cada vez mayor fortaleza de su competencia y a la manipulación de sus contenidos en pos de los intereses de la Generalitat.

El expresidente catalán, Artur Mas
El expresidente catalán, Artur Mas EFE

El equilibrio que imperó en la televisión pública catalana durante sus primeros años de vida se rompió el día que Pasqual Maragall llegó al despacho principal del Palacio de la Generalitat. Hasta entonces, CiU se encargaba de designar al director general y a los responsables de área de esta televisión autonómica, mientras que ERC ejercía el dominio en la redacción y en las corresponsalías más importantes. Era un status quo cómodo, pero muy difícil de sostener en el tiempo. Con la formación del Tripartito y el paso de la derecha nacionalista a la oposición, Esquerra Republicana se empoderó y se hizo con el dominio casi absoluto de TV-3. La cadena emprendió entonces una deriva ideológica que pronto le llevó a unas posiciones independentistas que no ha abandonado y que han contribuido a agravar su preocupante crisis de audiencia. A finales de 2003, este medio de comunicación contaba con un 21,1% de la cuota de pantalla. El mes pasado, registró un 9,4%, su mínimo histórico. Y lo peor es que esta tendencia no parece que se puerda revertir a corto plazo.

A la hora de analizar la audiencia de este medio de comunicación, conviene tener en cuenta que la empresa encargada de medirla, Kantar Media, ha colocado históricamente un mayor número de audímetros en los hogares en los que el catalán es la lengua principal de lo que correspondería en virtud de los datos del censo. A finales de 2013, el 87% de los 580 audímetros estaban situados en viviendas con miembros catalanoparlantes, mientras que las estadísticas del INE indicaban que este idioma sólo se hablaba en el 74,3%.

A finales de 2003, este medio de comunicación contaba con un 21,1% de la cuota de pantalla. El mes pasado, registró un 9,4%

Eso ha inflado el share de TV-3 desde que en 2001 comenzara a medirse la audiencia con el método de Kantar Media, en perjuicio de las cadenas generalistas en español, como La 1, Antena 3 o Telecinco. A principios de 2014, los agentes del sector audiovisual se comprometieron a rebajar esta estadística en 10 puntos, lo que ha afectado a a la cuota de pantalla de la televisión pública catalana.

En el declive de este canal han influido otros dos factores que también sirven para explicar las penurias de TVE y de varias televisiones autonómicas: por un lado, la cada vez mayor competencia que existe en la TDT (con el surgimiento de 8TV, la televisión del conde de Godó). Por otro, el recorte que sufrió la asignación presupuestaria de estos servicios públicos cuando arreció la crisis económica, lo que ha empeorado la calidad de su parrilla de programación y ha provocado un éxodo de espectadores.

El 'procés' aburre a la audiencia

Dicho esto, no hay más que mirar los números para percatarse de que la audiencia de TV-3 ha descendido más de 5 puntos desde que, a principios de la actual década, CiU y ERC aparcaron la tan manida palabra "encaje" y comenzaron a hablar de "soberanía". Desde entonces, esta cadena se ha convertido en el gran vector del independentismo. No hay día en el que en sus informativos o tertulias no traten este tema en profundidad.

El periodista catalán Xavier Rius escribió hace unas semanas un contundente artículo en el que aseguraba que la ciudadanía ha huido de este medio de comunicación como consecuencia de su hastío por escuchar hablar día y noche del 'procés' en sus programas. "¿Cómo no quieren que caiga la audiencia de TV3 en picado si todos los programas informativos hablan del proceso? Con la excusa de la pluralidad inventaron toda clase de programas, pero, en realidad, todos venden lo mismo", destacó.

Sobre el sesgo de sus informativos y programas hablan las diversas denuncias que han recibido ante el Consejo Audiovisual Cataluña (CAC), cautivo, por otra parte, del Gobierno de Cataluña. Unas veces, por referirse a los votantes o a los miembros de los partidos unionistas como "enfermos mentales" o "fascistas". Otras veces, por quemar la Constitución en directo, por comparar a Albert Rivera con Franco o por emitir un documental (¡Hola, Europa!) en el que los 31 entrevistados se mostraban favorables a la independencia. Artillería pesada para rebatir o ridiculizar los argumentos de los contrarios a la secesión, empleada desde un servicio público sufragado por todos los contribuyentes.

Una diana que rodea las siglas del Partido Popular

En otros casos, la manipulación es más sibilina. No hay más que recordar la polémica que se desató hace unos años cuando, en uno de los capítulos de la serie Ventdelplà, aparecieron dibujadas en una pared las siglas del Partido Popular rodeadas de una diana. "En ese programa, todos los actores hablaban en catalán, salvo uno, que lo hacía en español. Interpretaba a un macarra, maleducado y sin estudios", denuncian fuentes de la cadena, que aseguran que estos hechos fueron un perfecto reflejo del "adoctrinamiento cultural" que han ejercido los independentistas durante los últimos años.

El jefe de Informativos de TV-3 firmó el documental 'Terra Lliure: Punt Final', afeado en 2007 por el CAC por denominar a los atentados de este grupo terrorista como "acciones armadas"

Al frente de los informativos de TV-3 se encuentra desde hace unos meses David Bassa, un enfervorizado defensor del soberanismo que en sus artículos de opinión ha atacado en reiteradas ocasiones a las principales instituciones españolas; y en cuyo currículum figuran obras como el documental Terra Lliure: Punt Final, afeado en 2007 por el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) por denominar a los atentados de este grupo como "acciones armadas" y por silenciar a sus víctimas.

En los artículos que hasta hace poco firmaba en el portal Nació Digital, este periodista deja clara su enconada defensa del procés y su posición favorable a una independencia que considera necesaria para poner fin a la "lucha" que han librado durante siglos Cataluña y el resto de España. "El conflicto real que hace de hilo conductor de toda la historia peninsular ha sido entre Castilla y los Países Catalanes. Siempre que la nación catalana se ha motivo, el status quo castellano se ha inquietado y se han activado todos sus resortes", destacó en uno de sus textos.

Sabedora de la capacidad de influencia que históricamente ha tenido sobre la sociedad catalana esta televisión pública, la Generalitat siempre ha sido generosa a la hora de definir su presupuesto anual. En 2016, le ha garantizado 337 millones de euros, que servirán para elaborar su parrilla de programación y para sostener a su enorme plantilla, de 2.300 trabajadores, la mayor de entre las cadenas autonómicas.

El problema es que, con una audiencia a la baja, esta inversión cada vez resulta menos rentable para el Ejecutivo catalán en términos políticos. Y eso amenaza con dejar moribundo a este medio de comunicación. O con matarlo, como ocurrió con Canal Nou.


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