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Cinco potentes minas que convierten RTVE en un campo intransitable

Desaparecido Leopoldo González-Echenique, el Ejecutivo debe colocar a otro peón al frente de la Corporación. Llegue quien llegue, se encontrará con una serie de problemas estructurales muy complejos…

En los últimos años ha habido tres presidentes de Radiotelevisión Española (RTVE). Y los tres, Luis Fernández, Alberto Oliart y Leopoldo González-Echenique, han acabado saliendo por la puerta de atrás, derrotados por la realidad, incapaces de soslayar los obstáculos que acarrea quien ostenta el cargo, con una herencia envenenada para quien llegue después. Los números cantan, con 716 millones de euros de pérdidas acumuladas desde 2007 (casi 300 en la etapa de Echenique). Así, la corporación está arruinada, sí, otra vez arruinada, y, en este momento, solo se puede salvar a base de más presupuesto insuflado por el Estado.

Es evidente que el presidente en funciones, José Manuel Peñalosa, llega como interino y no parece que vaya a seguir demasiado tiempo en el cargo. Una vez que el Gobierno haya decidido colocar a otro peón al frente de RTVE, el elegido tendrá que transitar por un campo donde destacan cinco potentes minas casi imposibles de sortear. Cinco problemas estructurales, permanentes, eternos, que solo con mucha dedicación y valentía podrá intentar desactivar. Si no lo consigue, acabará reventado por una de las minas, como sus predecesores.

Como han denunciado los empleados, lo más curioso es que muchos de los productores contratados son amigos de algunos directivos o, lo que es peor, esos directivos pasaron por esas productoras antes de llegar a RTVE

1. Producción interna vs. producción externa. Esta es la madre del cordero en RTVE. Pese a contar con miles de trabajadores, en la Corporación es costumbre, desde siempre pero más desde que se alzó como presidente Luis Fernández, allá por 2007, contratar a multitud de productoras para que ofrezcan productos propios que luego se emiten en la televisión pública. La plantilla no para de reclamar que se apueste por la producción propia y se deje la ajena solo para los casos imprescindibles. Pero la ciclópea estructura de directivos sigue erre que erre. Así, se dan casos de costes altísimos, con sueldos desorbitados, como ocurrió con Toñi Moreno y su Entre todos y como sucedió con Mariló Montero en el infumable El pueblo más divertido. Además, como han denunciado los empleados, lo más curioso es que muchos de los productores contratados son amigos de algunos directivos o, lo que es peor, esos directivos pasaron antes por esas productoras. Se trata, en suma, de un escándalo permanente y silenciado que alguien debería frenar cuanto antes.

2. Plantilla elevada y conflictividad laboral. En RTVE trabajan 6.300 personas. El Gobierno del PP apostaba y apuesta por reducir esa cifra para que la corporación pueda ser sostenible. En su día algunas fuentes apuntaban a 1.5000 despidos. Los sindicatos, por pura lógica, se niegan a que haya un tijeretazo de esta magnitud. Y más tras el desastroso ERE que se acometió en la época deZapatero. Como ya explicó Vozpópuli, precisamente este asunto es, en el fondo, el principal motivo de la salida de Echenique, que tras pactar un segundo convenio colectivo con los trabajadores, se negó siempre a reducir personal, como le reclamaban desde el Ejecutivo. Quien se haga cargo de la corporación tendrá que lidiar con este asunto, más peligroso, si cabe, ante el ciclo electoral que se avecina. De momento, los sindicatos han dejado claro que si hay recortes, habrá guerra.

Pese a sus errores, Echenique logró reducir un 20% los gastos, pero los ingresos no podían mejorar por los errores en ese modelo. En su etapa se ha reducido en un 40% la cantidad recibida por el cobro de tasas a las empresas de telecomunicaciones.

3. El modelo de financiación. En 2009 se aprobó la Ley de Financiación de RTVE. Llegaba un nuevo modelo que incluía la supresión de la publicidad en la tele pública, tan ansiada por las competidoras privadas. El Estado se había hecho cargo de la abultadísima deuda del ente. Y parecía que se dibujaba un horizonte de prosperidad. Nada más lejos de la realidad. Año tras año, las cuentas de RTVE han sido cada vez peores, hasta que en 2013 rozaban la causa de disolución, lo que ha provocado un rescate por parte del Gobierno y, de paso, la mencionada salida de Echenique. Este último ha reclamado con insistencia un "ajuste" en el modelo de financiación, la última vez antes de abandonar el cargo. Su argumento siempre fue que él logró reducir un 20% los gastos, pero los ingresos no podían mejorar por los errores en ese modelo. Es cierto que en su etapa se ha reducido en un 40% la cantidad recibida por el cobro de tasas a las empresas de telecomunicaciones. El Ejecutivo ha tenido sobre la mesa un plan al respecto que incluía ajustes del modelo, pero no lo ha puesto en marcha. 

4. Las audiencias, la programación y la publicidad. En íntima relación con la mina anterior, el nuevo presidente de RTVE tendrá que enfrentarse al problema de las audiencias y a las decisiones sobre la programación a emitir, dos asuntos condicionados por la comentada ausencia de publicidad. Dado que la Corporación ingresa menos dinero por la falta de anuncios y por los recortes en los Presupuestos Generales del Estado, sus dirigentes tienen mucha menos capacidad de maniobra para contratar derechos deportivos, series, películas, etcétera... Por ello, la programación se ve resentida. Y la caída de audiencia es la consecuencia final de este embrollo. El número de espectadores que ven TVE se reduce progresivamente desde hace años y ahora mismo está en sus mínimos históricos (en torno al 9% mensual). El nuevo director de la tele pública, José Ramón Díez, llegado tras el sonoro fracaso de Ignacio Corrales, trabaja denodadamente para conseguir revertir esta complicada situación. Pero necesita tiempo. 

¿Es RTVE un servicio público al servicio de los ciudadanos, como debería ser, o es solo una máquina de propaganda al servicio del partido de turno? Se multiplican las polémicas en torno a los Telediarios de Julio Somoano 

5. Servicio público o servicio al partido de turno. Y, para concluir, no puede olvidarse la mina más polémica, esa que llena páginas y páginas de periódicos siempre. ¿Es RTVE un servicio público al servicio de los ciudadanos, como debería ser, o es solo una máquina de propaganda al servicio del partido de turno? Este es un asunto repetido con todos los Gobiernos, de PSOE o PP, siempre acusados de manipular a la opinión pública desde la Corporación. Ahora mismo, se multiplican las polémicas en torno a los Servicios Informativos que dirige Julio Somoano. El Consejo de Informativos no para de publicar dictámenes muy críticos con Somoano y con su número dos, José Gilgado, ambos llegados en 2012 provenientes de Telemadrid. El penúltimo ejemplo se produjo el pasado jueves, cuando los empleados decidieron amotinarse ante la forma en que los responsables de los Telediarios pretendían dar a conocer la noticia sobre la dimisión de Echenique. Esta mina, made in Spain, es, de todas las mencionadas, la única que parece imposible de inutilizar.


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